Arte

Publicado el sábado, 2 de agosto del 2025 a las 04:15
Saltillo, Coah.- La cultura latinoamericana perdió este viernes a una de sus voces más comprometidas y entrañables. Daniel Divinsky, editor argentino, abogado de formación y alma de Ediciones de la Flor, falleció a los 83 años en Buenos Aires, a causa de una enfermedad renal crónica que lo acompañó desde la infancia. Con él se va una parte vital del corazón editorial del continente, pero queda una estela luminosa de libros, autores, luchas, humor e ideas.
“
Editar es una enfermedad incurable”, decía con ironía y lucidez. Durante casi seis décadas, Divinsky hizo de esa “enfermedad” una trinchera y una vocación. En 1966, junto a Jorge Álvarez y Oscar Finkelberg, fundó Ediciones de la Flor, una apuesta contracultural nacida de la imposibilidad económica de abrir una librería. El nombre surgió de la espontánea ocurrencia de Pirí Lugones: “¡Ah, pero lo que ustedes quieren poner es una flor de editorial!” Y así fue.
Según dan cuenta medios internacionales como El País, EFE y Reforma, en 1970, la publicación en formato libro de Mafalda, la tira de Joaquín Lavado “Quino”, marcó un antes y un después. El fenómeno fue inmediato: tiradas iniciales de 200 mil ejemplares y generaciones completas marcadas por una niña que odiaba la sopa y amaba pensar. El vínculo entre Quino y Divinsky nació en los años 60, cuando el dibujante llegó a su estudio jurídico con un reclamo editorial. Lo que siguió fue una sociedad de medio siglo, símbolo indiscutido de la cultura argentina.
Pero Divinsky no fue solo el editor de Mafalda. Fue, sobre todo, un lector intuitivo, un constructor de catálogos y un descubridor de voces. En el repertorio de De la Flor figuran nombres como Rodolfo Walsh, Roberto Fontanarrosa, Maitena, Liniers, Caloi, Rep, Sendra, Salvador Benesdra, Fogwill o Pablo de Santis, entre otros. También publicó traducciones audaces –con voseo y lunfardo incluidos– de autores como Vinicius de Moraes, Dalton Trumbo y Ray Bradbury.
Durante la dictadura militar, Divinsky y su compañera Ana María “Kuki” Miller fueron arrestados tras la publicación del libro infantil Cinco dedos. Pasaron cuatro meses detenidos y luego partieron al exilio en Venezuela, donde continuaron al frente de la editorial. Allí también dirigió el departamento de difusión de la Biblioteca Ayacucho, la colección Libros de Hoy de El Diario de Caracas y la sección cultural del mismo medio.
De regreso a Argentina tras la recuperación democrática, retomó el impulso editorial y también se vinculó al periodismo y la gestión cultural. Fue interventor de Radio Belgrano, dirigió la revista Plural, integró el Consejo Directivo de la Cámara Argentina del Libro (llegando a su vicepresidencia) y participó activamente en congresos y ferias del libro en todo el continente.
En 2015, se retiró formalmente de Ediciones de la Flor, que quedó bajo la dirección de Miller. Hace apenas unas semanas, los herederos de Quino pusieron fin a 55 años de relación entre la editorial y Mafalda, trasladando los derechos a Penguin Random House. La coincidencia con la partida de Divinsky es dolorosamente simbólica.
No habrá velorio público. Sus cenizas serán esparcidas en el Río de la Plata, según su voluntad. Se va un editor que vivió entre libros, pero también un hombre que entendió que editar es una forma de pensar el mundo. Y, en su caso, de transformarlo.
Divinsky ‘en corto’:
Nació en Buenos Aires en abril de 1942.
Ingresó a la Facultad de Derecho a los 15 años; se graduó con honores a los 20.
Fundó Ediciones de la Flor en 1966, junto a Jorge Álvarez y Oscar Finkelberg.
Publicó a Quino, Fontanarrosa, Rodolfo Walsh, Maitena, Liniers, Caloi, Sendra y muchos más.
Introdujo el voseo y el lunfardo en traducciones literarias.
Llevó por primera vez a libro la historieta Mafalda en 1970.
Fue arrestado por la dictadura en 1977 y se exilió en Venezuela, donde continuó su labor editorial.
Colaboró con la Biblioteca Ayacucho y dirigió medios culturales como Plural y El Diario de Caracas.
Recibió premios como el Arnaldo Orfila (1977), Premio Clarín (2011) y reconocimientos del Senado argentino y la Feria del Libro de Guadalajara.
Su legado editorial abarca más de 600 títulos.
Su despedida fue íntima, como había solicitado.
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