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| -Hideko Nakano, que vivió los bombardeos, muestra una imagen de los cuerpos de los supervivientes de la bomba atómica, los llamados 'hibakusha'. Foto: Toñi Guerrero.

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Los últimos supervivientes de las bombas atómicas

  Por EFE

Publicado el sábado, 9 de agosto del 2025 a las 01:14


Los testimonios de las víctimas y supervivientes dan voz a los que sufrieron el impacto de aquel trágico acontecimiento que marcó el siglo XX.

Ciudad de México.- “En el ochenta aniversario de la bomba atómica, el acontecimiento que marcó el siglo XX, hay un grupo de personas a quienes jamás deberíamos olvidar, los ‘hibakusha’ japoneses, quienes con sus vidas, angustias y experiencias, testimonian la capacidad de humana superación”, señala Rivera.

Contexto actual y voz a las víctimas
En un contexto en el que los conflictos internacionales han reabierto el debate sobre las armas nucleares, y Hollywood ha renovado el imaginario sobre el tema con el filme Oppenheimer, Rivera da voz, antes de que fallezcan, “a unas víctimas que siguen esperando que se les pida perdón”.

Testimonio de Masayo Mori, superviviente de Hiroshima

Masayo Mori, superviviente de Hiroshima, vive con un peso en el corazón desde 1945, cuando tenía 19 años y se produjo la primera explosión atómica. Su tormento interior proviene de no haberse detenido a ayudar a una niña que necesitaba agua, cuando “la temperatura era cien veces mayor que la de ahora”.

Bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki

“ La primera bomba atómica dirigida contra una zona poblada fue lanzada por Estados Unidos desde un avión sobre Hiroshima (Japón) el 6 de agosto de 1945, durante la Segunda Guerra Mundial. La segunda bomba de este tipo tuvo como objetivo Nagasaki dos días después”, señala el informe “El segundo en que el mundo cambió” de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Aunque sobrevivieron a los efectos inmediatos de las explosiones, los ‘hibakusha’ (las víctimas supervivientes de las bombas atómicas que cayeron sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki) han sufrido las consecuencias de la enfermedad por radiación, la pérdida de familiares y amigos, y la discriminación, según la ONU.

A pesar de sus dificultades, muchos ‘hibakusha’ han sido ejemplos brillantes de cómo convertir sus tragedias personales en una lucha para promover la paz y crear un mundo libre de armas nucleares, de acuerdo a esta organización.

Historia de Sadako Sasaki y la leyenda de las mil grullas

La ONU, por ejemplo, recuerda la historia de Sadako Sasaki, una joven que, viviendo cerca del epicentro de la explosión de Hiroshima, desarrolló leucemia por envenenamiento por radiación y murió dos meses antes de cumplir 13 años de edad.

Durante su hospitalización, su mejor amiga le recordó la leyenda japonesa que decía que si doblaba mil grullas de papel, los dioses podrían concederle su deseo de recuperar la salud. Con esperanza y determinación, Sadako comenzó a doblar papeles. Desde entonces, la grulla de papel, bellamente doblada, se ha convertido en un símbolo mundial de paz, según la ONU.

Para garantizar que los testimonios de los sobrevivientes de la bomba atómica se conviertan en un legado para las generaciones futuras, Japón ha publicado testimonios de ‘hibakusha’ en el japonés original junto con traducciones a otros idiomas (https://www.mofa.go.jp/policy/un/disarmament/arms/testimony_of_hibakusha/index.html).

Agustín Rivera y el legado testimonial

El periodista de investigación Agustín Rivera (Málaga, España 1972), doctor en periodismo y profesor en la Universidad de Málaga, también aspira a mantener vivo el legado testimonial de los supervivientes de las dos explosiones atómicas, reflejando “la angustia de las víctimas de una tragedia que marcó su existencia para siempre y su capacidad de superación”.

Desde hace décadas, Rivera (www.agustinrivera.com) investiga y da a conocer las múltiples facetas de los hechos que ocurrieron en esos lugares asociados a la memoria colectiva mundial, Hiroshima y Nagasaki, enfocándose especialmente en sus consecuencias, reflejadas en las experiencias y testimonios de los supervivientes de las explosiones atómicas.

El periodista de investigación Agustín Rivera, da voz quienes sufrieron las explosiones atómicas y a sus descendientes. Foto: Toñi Guerrero.

Los testimonios de los últimos supervivientes

“
En el ochenta aniversario de la bomba atómica, el acontecimiento que marcó el siglo XX, hay un grupo de personas a quienes jamás deberíamos olvidar, los ‘hibakusha’”, destaca.

Para este heredero y continuador de los grandes cronistas del periodismo, “llega el momento de comprender al otro, descubrir el ruido eterno de los muertos y la capacidad de superación de los supervivientes, sin olvidar que somos memoria”.

Rivera es autor de ‘Hiroshima. Testimonios de los últimos supervivientes’, libro donde recoge —a través de entrevistas— las voces, en primera persona, de las víctimas de una tragedia que marcó su existencia para siempre, y que incluye fotografías de los ‘hibakusha’ realizadas por Toñi Guerrero (https://www.instagram.com/toniguerrerophotography/).

Este investigador señala en una entrevista con EFE, que en este libro que intercala historias de varias generaciones de ‘hibakusha’ “no solo le da voz a los que sufrieron el impacto de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, sino que también hablan los hijos y nietos de quienes sufrieron el ataque nuclear”.

“
No me recreo en la tragedia o en el 6 y 9 de agosto de 1945 sino que pregunto, repregunto e indago sobre las vidas de las víctimas, antes y después del bombardeo”, explica.

Rivera aplica las herramientas del periodismo narrativo y su amplio conocimiento de la cultura y el idioma japonés para reivindicar a los ‘hibakusha’ y, de un modo especial, a las numerosas mujeres que perdieron su juventud a causa de los bombardeos estadounidenses sobre estas ciudades japonesas.

-El libro ‘Hiroshima’, de Agustín Rivera, expone los testimonios de los últimos supervivientes del bombardeo atómico. Foto: Editorial Kailas.

Masayo Mori: con un peso en el corazón desde 1945

En ese sentido, uno de los testimonios clave es el de Masayo Mori, superviviente que “tenía 19 años cuando Hiroshima se convirtió en un infierno”, según explica este investigador.

Una de las experiencias que Mori relató a Rivera y que el autor reproduce en primera persona, es la siguiente: “La niña no tenía agua y no sentí la necesidad de detenerme en mi camino. Es el tormento de mi vida. ¿Por qué no la ayudé? Siempre ha sido un peso en mi corazón”.

“
La temperatura era cien veces mayor que la de ahora. Algunos caían al río y se ahogaban. En el agua flotaban muchos cadáveres. Olían a muerto, como si fueran pescado podrido. Todavía veo el color negro de los cuerpos descompuestos”, según relató Mori.

-Una mujer japonesa exhibe una grulla de papel, bellamente doblada, que se ha convertido en un símbolo mundial de paz. Foto: Toñi Guerrero.

Otros testimonios de supervivientes

Shinichi Tetsutani: el niño agarrado a su triciclo

“
La imagen te impacta y ya no podrás olvidarla. El pequeño Shinichi. Su juguete favorito. Un triciclo y la inocencia. Y una vida rota, sepultada en la edad más tierna. Tenía tres años y once meses”, explica Rivera.

“
Era una mañana tranquila y soleada. El aire estaba lleno de los sonidos rasposos de las cigarras, que tallaban sus patas en los árboles cercanos”, relataba Nobuno Tetsutani, el padre del pequeño.

“La noche entró en su vida y esa vida se convertiría en muerte. Cuando encontraron el cuerpo del niño, estaba agarrado a su querido triciclo”, explica el investigador.

Emiko Okada: la mujer que odia los atardeceres rojos

“
Mi hija tiene la misma enfermedad que yo. Se la detectaron cuando tenía treinta y dos años y cada dos debe ingresar en el hospital para tratarse. Lamentablemente, no se ha reconocido como una causa genética, como una enfermedad de ‘hibakusha’”, testimonia Emiko Okada.

“
Yo tengo el carné de superviviente de la bomba atómica, pero más allá de eso no he recibido ningún tipo de ayuda. Odio cuando el atardecer se torna rojo, porque me recuerda a los incendios en los que no pude ayudar a nadie. Veo ese color rojo, tan bonito para muchos, y solo puedo pensar en una palabra: perdón”, relata esta superviviente.

Yasuhiro Tanaka: el desprestigio de ser un ‘hibakusha’

“
Para mí, ser ‘hibakusha’ era como si tuvieras una espina de pescado que siempre llevabas dentro y no podías quitártela. No me atrevía a decirlo. Tan solo lo sabían los muy íntimos. Tengo setenta y siete años y solo llevo catorce confesando que soy ´hibakusha´”, relata Yasuhiro Tanaka.

Yasujiro Tanaka, superviviente de la explosión de Nagasaki, enseña la barbarie provocada por la bomba atómica. Foto: Toñi Guerrero.

“Cuando conocí a mi mujer, le conté que era un superviviente. Ella no lo es, pero no le importó que yo lo fuera. Me trataban como a un oso panda. Somos seres humanos, pero nos veían de manera diferente. Y yo quería que se me considerara uno más”, añade.

“
Había un cierto desprestigio en admitir que uno era ‘hibakusha’. «Ah, ¿tú también lo eres?», me preguntan en el trabajo. Y yo me resistí hasta que un día conocí a un joven que…, luego lo cuento”, relata Tanaka.

Rivera estuvo por primera vez en la antigua Zipango (nombre que daban los europeos y chinos a Japón hace siglos) en agosto de 1995, cuando era un joven aspirante a reportero internacional de 22 años, y se conmemoraba el 50 aniversario de la bomba atómica, sobre lo cual escribió dos crónicas en Hiroshima.

 

Es importante que las generaciones posteriores a Hiroshima tomen consciencia de la necesidad de paz en el mundo. Foto: Toñi Guerrero.

A partir de allí, estuvo en ese país en reiteradas ocasiones, en viajes como reportero y también destinado como corresponsal, para visitar las ciudades bombardeadas, cubrir periodísticamente sucesivos aniversarios de los ataques atómicos, y profundizar sus propias investigaciones sobre los ‘hibakusha’, recogiendo y registrando los testimonios de los supervivientes.

Para Rivera, los testimonios de los ‘hibakusha’, son “las voces del recuerdo. Los silencios. Los gritos de aquella mañana. Una verdad tan incontestable, tan dura. Incendio, calor, muerte”. Este investigador prosigue recopilándolos y actualizándolos continuamente, porque “quien rememora no olvida”, concluye Ricardo Segura.
EFE – Reportajes

 

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