Por: Roberto Gómez Junco
La Selección Mexicana contó con dos buenos partidos de preparación en esta Fecha FIFA.
Dos duelos que resultaron mucho más positivos por el aprendizaje adquirido que por el espectáculo ofrecido.
Dos encuentros amistosos que sirvieron para despejar algunas dudas, pero también para acrecentar otras.
Primero, el sábado, contra el máximo representativo del futbol de Japón los tricolores de Javier Aguirre encontraron a un magnífico sinodal, que sobre todo durante la primera media hora puso a prueba al aparato defensivo de la escuadra mexicana, lo que más ha evolucionado en el actual proceso mundialista.
Tras el inicial desconcierto, y algunos balones entregados en la salida que propiciaron las mejores llegadas del adversario, el equipo mexicano fue asentándose mejor en la cancha para más o menos equilibrar las cosas, entendiendo que ante un rival que corría más lo primordial era lograr que fuera el balón el que corriera.
Con eso como principal argumento consiguió aligerar el trabajo defensivo, aunque siguió quedando lejos de alcanzar al frente un nivel de juego siquiera aceptable.
Muy distinto, y menos confiable como parámetro, resultó lo sucedido ayer ante el conjunto de Corea. Porque el cuadro mexicano ya no fue el supuesto titular, y tampoco el de los coreanos. Si los mexicanos iniciaron solamente con tres jugadores que habían iniciado ante los japoneses, los coreanos sólo repitieron a dos de sus titulares ante los estadounidenses.
Un partido menos complicado en el arranque, pero mucho más al final, adornado con los golazos de Jiménez y de Giménez.
Como dudas despejadas y resueltas, después de estos dos partidos queda sobre todo la consolidación de Johan Vázquez y César Montes como la mejor dupla de centrales posible, las de Raúl Alonso y Santiago como los mejores centro-delanteros, y las de Jorge Sánchez y Rodrigo Huescas como muy confiables laterales derechos.
Pero entre las dudas fortalecidas aparece otra vez la pobre producción ofensiva, que evidentemente tiene su origen en un medio campo inconsistente y poco creativo, mucho más eficiente para colaborar en tareas defensivas que para enriquecer las ofensivas.
A nueve meses del inicio de la Copa del Mundo 2026 ahí está, en la zona del medio campo, donde más le falta mejorar a esta Selección Mexicana si pretende llegar con buenas probabilidades de éxito al magno certamen futbolístico.
Más le vale mejorar lo más temprano posible, porque se le está haciendo tarde.
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