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Coahuila

El barrio que dio nombre y vida a la ciudad

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 1 año

Los juegos sanos e infantiles de ayer

Nuestro barrio, para quienes no lo vivieron como nosotros, traza estampas y viñetas de hombres y mujeres y donde transcurrieron los momentos más felices de nuestra niñez, el callejón del Ojo de Agua 107.

Cazar mariposas de maravillosos colores, atar un hilillo a una las patas del mallate para hacerlo volar, enfrascar luciérnagas para iluminar nuestras fantasías o buscar grillos para estar más cerca de su canto, escuchar el croar de la rana en época de lluvia, jugar a los encantados, “hablar por teléfono” con dos botes de cartón de Rexal unidos con un hilo; a las escondidas, al “se va la bala”, al burro, y cuántos juegos inocentes infantiles de ayer. O bien, rodar por el barrio el arillo de hierro encontrado en el basurero con un gancho de alambre. ¡Ja! Un juego que denotaba nuestra ignorancia de niños, “¡41 al último!”, sin saber el significado de la palabra que vine a conocer ya de adulto.

Resulta que uno de los yernos del presidente Porfirio Díaz fue capturado junto a otros individuos en una casa donde daban rienda suelta a su homosexualidad. Eran 41 y, al llegar a la Comandancia de Policía de la ciudad de México, alguien “dio el pitazo” al presidente Díaz, quien ordenó la libertad de su yerno que, en el listado de los detenidos, ocupaba el lugar número 41. El número se utilizó por muchos años para referirse a alguien, de forma despectiva, como homosexual. Nosotros, niños ignorantes, jugábamos carreras en las calles polvorientas del barrio y gritábamos: “¡¡¡41 al último!!!”.

Las calles desbordándose en época de lluvias y darte un chapuzón en las límpidas aguas del arroyo de La Tórtola, que cruza el barrio… ¡Esos fueron los días más felices!

La gente vivía sin aparentes preocupaciones, venida de las rancherías cercanas, ¿tal vez agobiada por la miseria, la ignorancia, o la opresión?

Son historias disparas sin ninguna conexión aparente, que se insertan en un todo con un mismo propósito o un ámbito, un callejón, o una callejuela situada en un barrio popular, muy popular, que le dio nombre y vida al Saltillo actual.

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