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Embrujos y lamentos en panteones de Monclova

  Por Zócalo

Publicado el jueves, 28 de octubre del 2010 a las 14:00


Hay quienes afirman que la muerte empieza con el nacimiento y que el fallecimiento implica el descanso eterno

Otras historias de terror:
La casona al final de la calle de Piedras Negras
La espeluznante historia de un alma en pena; El niño fantasma y la mujer policía

Monclova Coah.- Hay quienes afirman que la muerte empieza con el nacimiento y que el fallecimiento implica el descanso eterno, pero los panteones están llenos de leyendas macabras, narraciones de terror, ánimas que se pasean entre las tumbas, historias de aparecidos arrastrando cadenas, mujeres vestidas de blanco flotando en el aire con un ramillete de rosas entre sus brazos, y todo un catálogo de crónicas de ultratumba.

El cementerio de Monclova no es la excepción, y los sepultureros al igual que el administrador del camposanto afirman que han sido testigos de espeluznantes acontecimientos sobrenaturales que de día y de noche les han puesto la carne de gallina y con un grito que se atora en la garganta.

Los embalsamadores y médicos forenses también trabajan en las funerarias casi a diario con difuntos, pero a diferencia de los enterradores que laboran en cementerios, aseguran que ningún acontecimiento paranormal han vivido porque los cadáveres ahí están en el ataúd o la plancha “quietecitos”.

El trabajo de sepulturero

El trabajo de los sepultureros, veladores, e intendentes de panteones transcurre entre tumbas, sepelios, lágrimas, gritos desgarradores de dolientes, y cuadros patéticos de deudos desmayados por la pérdida del ser querido, más aún cuando fue un hecho inesperado.

Mario Alberto Sánchez, trabaja apenas desde hace tres años en el panteón Guadalupe realizando labores de limpieza, pero afirma que ha visto siluetas merodeando por algunas tumbas, por lo que inmediatamente siente escalofrío o “acalambramiento” que le recorre todo el cuerpo.

“También escucho lamentos, inclusive hasta en el día, pero ya me he acostumbrado porque tengo que trabajar y no hay de otra, y todo eso nos acontece principalmente cuando los trabajadores del panteón andamos solos esparcidos por los rincones realizando limpieza”, añade en tono serio.

Magia negra y trabajo de brujería

Entrevistado mientras recortaba maleza en el camposanto, agrega que no solamente hay historias de terror, sino que también han descubierto en el panteón lo que parecen ser actos de brujería o magia negra con muñecos enterrados de color negros, además de yerba toloache que supuestamente sirve para atraer el ser amado.

“Gatos, cuervos, gallinas negras vivas y amarradas también he visto por los corredores del panteón a un lado de las tumbas, además frascos cerrados con especies en el interior y recados”, expresa Mario Alberto.

Considera que las personas que realizan esas prácticas, introducen los frascos al interior de las lápidas aprovechando algunas grietas.

Luego, se pregunta, aunque hay personas que no creen en los sucesos sobrenaturales, ¿entonces de dónde provienen los ruidos extraños, sollozos y lamentos a plena luz del día, peor aún en la noche?

El sepulturero Manuel Hernández Zaragoza a diario acude al panteón Guadalupe en busca del sustento diario donde percibe alrededor de 200 pesos por “chamba” y aunque él no trabaja para el municipio, se gana la vida enterrando cadáveres al lado de otros de sus compañeros de labores.

Sentado sobre una lápida y mientras trata de “matar” el hambre de media mañana con una bolsita de comida chatarra y un refresco, dice que lloviendo, tronando, nevando o relampagueando está obligado a laborar.

Confiesa que aunque tiene 13 años sepultando cuerpos, aún no puede acostumbrarse a las desgarradoras escenas de familiares de difuntos las cuales se complican mientras van cayendo las paladas de polvo sobre el féretro ya colocado a tres metros bajo tierra.

“Uno tiene sentimientos y claro que nos duele el corazón al ver el llanto y el pesar de los familiares de la persona que falleció por accidente, crimen o enfermedad”, agrega Manuel Hernández.

Los aparecidos: la pareja de viejitos

Jesús Delgado Flores, administrador de los panteones municipales Guadalupe, y Sagrado Corazón de Jesús, relató que el año pasado una pareja de ancianos de aproximadamente 80 años de edad le pidió autorización para ingresar al cementerio, ya después de las 9 de la noche.

Narra que la pareja de ancianitos llevaba entre sus brazos un ramo de flores y que le dijeron que no demorarían mucho porque iban a visitar una tumba que estaba a solamente a algunos metros de distancia.

“Aquí a la vueltecita está la tumba y no nos tardamos nada ya que solamente venimos a dejar estas flores”, sostiene don Jesús Delgado que le dijo la pareja de viejecitos encorvados y de lento andar.

Delgado Flores relata que por tratarse de una pareja de adultos de edad avanzada y por ser horario inadecuado para visitar un panteón, acompañado de los trabajadores del panteón no se les despegaron mucho, sino que los siguieron a corta distancia.

De pronto, dice el funcionario municipal, “inexplicablemente la pareja de viejecitos desapareció y no los encontramos por ningún lado, y tan así fue que hasta pedimos por radio a la Policía Preventiva Municipal que patrullara la zona para localizarlos, pero todo fue en vano”.

“Ni adentro, ni afuera del panteón por calles aledañas los ubicamos”, el profesor Jesús Delgado, un hombre serio que además ha sido regidor, instructor de educación física, y líder sindical de la burocracia federal.

El fantasma de las veracruzanas y la muchacha vestida de novia

Aún más, dice que hace aproximadamente cinco meses, es decir allá por el mes de junio, ingresaron al panteón dos mujeres extrañas con vestimenta típica de Veracruz y que parecían ser madre e hija.

“Venimos a ver nuestra tumba”, exclamaron con raro acento, y al igual que el caso anterior jamás volvimos a saber nada de ellas, pese a la búsqueda.

El encargado de los panteones públicos de Monclova, asegura que vecinos del sector y trabajadores del cementerio Guadalupe han visto a una mujer vestida de novia deambular por el camposanto, y a otra muchacha brincar las bardas.

En una ocasión, afirma, “hasta los policías vieron eso, pero luego huyeron al comprobar que en realidad no se trataba de nadie, sino de un acontecimiento sobrenatural que a todos ocasionó pavor”.

La aparición de ‘Don Sebas’

Sin embargo, agrega, “el episodio más tétrico lo viví una noche cuando en el interior del panteón Guadalupe vi a un hombre de sombrero y con gabardina negra, entonces le hablé para preguntarle si acaso se le ofrecía algo y qué andaba haciendo a esas horas, pero no me contestaba”.

Jesús Delgado, dice que entonces le siguió insistiendo, pero que entonces ese hombre de pronto desapareció entre lápidas y capilla”.

Relata que entonces desconcertado por la súbita desaparición de esa persona se dirigió con el velador y le preguntó; ¿Oye, no has visto salir a alguien?.

Entonces el velador le preguntó cómo era esa persona, por lo cual al describirlo físicamente y la ropa que usaba, le respondió; ¡Ahh, era don Sabas, se te acaba de aparecer, él murió en 1900! La tumba de don Sabas es en forma de iglú y está hecha de piedra y los restos yacen efectivamente desde el año 1900 porque así lo consigna el epitafio, y se dice a través de generaciones que era un hombre muy rico, de las clases pudientes de la época.

Panteones, lugar de reunión de vivos y muertos

Mario Martínez y Óscar Francisco Zamora son dos empleados de una funeraria local, pero dicen que temen más a los vivos que a los muertos.

“Los muertos ya están en paz y en cambio algunos vivos nomás andan haciendo maldades”, dice la dupla, los cuales están acostumbrados a ver, cargar, preparar y transportar cadáveres desde la agencia mortuoria hasta el cementerio, no sin antes observar que algunos cuerpos fueron enviados a la funeraria mutilados por accidente carretero, o ensangrentados cuando son asesinados.

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