Saltillo
Por
Paola Casas
Publicado el jueves, 29 de enero del 2026 a las 04:05
Saltillo, Coah.- El día apenas comenzaba cuando el olor a humo espeso, caliente, mezclado con plástico quemado, rompió la quietud de la calle Maclovio Herrera y cerca estuvo de cobrar dos vidas, las de Teresa Morales, de 76 años, y Rosario Vázquez, de 77.
En ese espacio, donde nadie dormía, se almacenaba la mercancía con la que Yuliana “Coco” Hernández se sostiene: ropa de paca americana, materiales para piñatas, un microondas, televisiones y objetos que en minutos quedaron reducidos a cenizas, dejando un olor penetrante a humo y plástico derretido.
“Coco” acababa de despedir a su esposo rumbo al trabajo cuando notó movimientos extraños: personas ajenas intentando ingresar al domicilio. Minutos después, al volver al interior, el fuego ya había tomado fuerza desde la puerta del cuarto. Intentaron sofocarlo con agua, mangueras y cobijas empapadas, pero el calor golpeaba de frente y el humo se venía encima como un muro. Cada vez que abrían la puerta, el flamazo respondía.
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Cuando abrí para echarle agua, se venía el flamazo muy feo… ahí entendí que ya no se podía hacer nada”, relató. La prioridad cambió de inmediato: ya no eran las cosas, era salir con vida.
Dentro de los cuartos aledaños dormían dos mujeres de la tercera edad. Las oficiales Karen Alejandra Ruiz Mendoza y Beatriz Alejandra García Ruiz, de la Policía Municipal de Saltillo, llegaron al sitio y no dudaron en ingresar.
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En ese momento solo pensamos en entrar y sacarlas. No pensamos en otra cosa”, recordó una de ellas. El humo era denso, la luz ya había caído y el fuego comenzaba a avanzar. “Mi compañera se fue por una persona y yo me fui por la otra. Así le ganamos al tiempo”, explicaron.
Una de las mujeres fue despertada y guiada hacia la salida; la otra estaba al fondo, con la puerta asegurada con un candado por seguridad. Además, tenía discapacidad visual y problemas en un pie.
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Estaba completamente oscuro. Yo le decía: ‘por acá, por acá’, y le pedía que me tocara la mano. Le dije: ‘agárrame, agárrame’”, narró la oficial. Con paciencia, tacto y urgencia, lograron abrir el candado. “Le tapamos la boca, le pusimos un suéter y la sacamos como pudimos. Cuando íbamos pasando, salió la flama. Un momento después ya no hubiéramos podido salir”.
Para poder controlar el incendio, los bomberos tuvieron que improvisar el acceso: ingresaron por un cuarto contiguo, rompieron el vidrio de una ventana y abrieron un boquete en la pared para ventilar, ya que el cuarto donde iniciaron las llamas no tenía salida de aire.
Sólo así lograron entrar por la puerta y sofocar el fuego. No hubo personas lesionadas, pero la bodega quedó consumida. La vecindad volvió al silencio, uno pesado, impregnado de humo, plástico y pérdida, con la certeza de que esa mañana lo único verdaderamente irremplazable, la vida, pudo salvarse.
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