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Coahuila

El Oro y el Arte de Contar Historias

Por Aida Sifuentes

Hace 8 meses

Las grandes leyendas no existen sólo por las proezas que logran conquistar, sino también por la manera en que se narra su historia. Faustino Oro es el niño prodigio de la Argentina que con sólo 12 años ha logrado reclamar los escaparates del ajedrez mundial al medirse con los grandes del tablero, como en su más reciente participación en el torneo “Tata Steel Challengers” que se jugó en los Países Bajos.

El ‘pibe de Oro’ como suelen llamarlo en twitter es la promesa del ajedrez hispanohablante. Mientras otros países como India, Rusia o Uzbekistán cosechan Grandes Maestros por docenas, en Hispanoamérica la historia no es tan generosa así que encontrar alguien tan talentoso de este lado del mundo es suficiente para mantenernos a todos expectantes en cada torneo de élite donde el argentino hace presencia.

Su historia me llama la atención por la peculiaridad de la nueva normalidad. Mientras en la cuarentena del covid-19 el mundo estaba patas arriba y atravesábamos una de las peores crisis sanitarias de la época moderna, Oro se encerraba en su casa a jugar ajedrez online a través del portal chess kids. Fue ahí durante los juegos en directo que los administradores de la página notaron el peculiar talento para alguien tan joven y sin instrucción profesional.

Se dice que Capablanca aprendió a jugar ajedrez sólo mirando partidas de su papá y luego sorprendió a todos con su portentoso talento y, que él nunca estudiaba, simplemente iba ideando la mejor jugada durante cada partida, aunque también vale señalar que eso era hace 100 años, cuando todo esto era aún monte. Ahora no son pocos los aficionados que suelen replicar la historia: “a mí nadie me enseñó”, “nunca he entrenado”, etc., etc., no que yo ponga en tela de juicio sus anécdotas, pero sí es verdad que en la naturaleza del ser humano está la de replicar historias una y otra vez.

Los estudiosos de la narrativa suelen resumir en sólo seis tipos de historias toda la literatura conocida. Una y otra vez nos leemos el camino del héroe con diferentes matices y giros de tuerca, pero en el fondo suele ser lo mismo. Será dentro de no muchos años que empecemos a escuchar la historia de Oro una y otra vez: “nunca asistí a un club, ni tuve maestro, sólo jugando por Internet es que me hice tan bueno”. La forma de contar historia siempre cambia, aunque sea la misma.

El futuro de Faustino será tan brillante como el Oro. De eso no hay duda, la cuestión que nos preocupa es saber qué tan lejos podrá llegar. Estaremos al pendiente.

 

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