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Coahuila

Jorge Marrón Erostarbe, “el doctor IQ” en Saltillo

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 8 meses

¡Toda una institución de la locución mexicana!

Se llenaba a toda su capacidad el antiguo Teatro Obrero, de la calle Aldama en el Centro Histórico de la ciudad, cuando llegaba el hombre culto e ingenioso de la radio mexicana, Jorge Marrón Erostarbe, el famoso “doctor IQ”, quien fue el primer locutor del país en salir al aire en la estación Radio Divulgación, de la Ciudad de México, con la publicidad de una pastelería, quien instituyó además el nombre y la palabra “locutor”.

Textualmente, repito sus palabras:

“En una ocasión en que estaba solo y entregado a mis pensamientos, comprendí que la palabra anunciador que entonces se usaba era incorrecta, pues si bien es verdad que anunciábamos ante el micrófono, pensé que lo más correcto sería decir ‘locutor’. En ningún diccionario de la época aparece el vocablo ‘locutor’. Si hacen las investigaciones todos llegarán al mismo resultado: no existe la palabra locutor”.

Jorge Marrón fue muy famoso con su programa cultural El doctor IQ (el cociente intelectual o coeficiente intelectual del alemán Intelligenz-Quotient, es una puntuación resultado de alguno de los test estandarizados diseñados para valorar la inteligencia de cada individuo).

Regularmente asistían a sus programas personas de amplios conocimientos o con un alto consciente intelectual, sabiendo que el hombre era duro con sus preguntas. O de plano gente que sólo iba a pasar el rato o a pasar vergüenza al no conocer la respuesta.

Les planteaba preguntas de cultura general de todo tipo, proporcionaba datos biográficos, obligaba a repetir difíciles trabalenguas, construidos con base a adagios populares, frases célebres para identificar al autor y a quienes acertaban les proporcionaba dinero en efectivo. En 1971 había repartido 3 millones de pesos, cifra muy elevada en aquel tiempo.

Vino a Saltillo varias veces “el doctor IQ”; siempre hacia su programa en el Cine Saltillo de las calles de Aldama ahora convertido en un centro comercial.

Solicita locutores locales para que le ayudarán a controlar a los participantes, con dos frases identificatorios del sexo de cada uno de ellos: “¡Arriba mi derecha!”, clamaba Marrón y el anunciador local decía: “Aquí tenemos un caballero doctor”, y arriba mi izquierda, “aquí tenemos a una dama doctor”.

Un famoso carnicero del mercado Juárez, terminando la jornada, se introdujo al Cine Saltillo y ocupó su butaca respectiva cuando, repentinamente, escuchó al locutor que dijo: “Aquí tenemos un caballero doctor”.

— ¡Ahí sin levantarse de su asiento, le voy a regalar 100 pesos, si usted me dice la diferencia entre un pelícano y un pelicano!”.

El carnicero supo la definición de la primera palabra, pero de la segunda no.

Jorge Marrón, que era canoso, tomó su cabello para ayudar al concursante, pero este no supo interpretar la señal y dijo:

— Un pelicano, doctor, es un piojo —señaló el tablajero, ante el alarido del respetable (público)

Aquí tenemos a una dama doctor”. Por la fabulosa cantidad de 150 pesos, responda usted; si tengo 150 sillas y 150 monos, ¿cuántas sillas quedan vacías?”.

— ¿Ninguna, Doctor?

—No. Fíjese bien en la pregunta. Repito: Tengo 150 sillas y 150 monos. ¿Cuántas sillas quedan vacías?

— ¿Cincuenta, doctor?

— No. Le voy a dar otra oportunidad. Tengo ciento 50 sillas y siento 50 monos. A la una, a las dos…

— ¿Cien, Doctor?

— ¡Peeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerfectamente bien contestado! Porque si siento 50 monos me quedan cien sillas sin monos sentados en ellas.

Algunos de los trabalenguas que el doctor IQ pedía a su público repetir, eran cosas como la siguiente:

El rey de Constantinopla

se quiere desconstantinopolizar,

aquel que lo desenconstantinopolizare

un buen desconstantinopolizador será.

Los repetía rapidito, sin equívocos, y era capaz de hacerlo una y otra vez sin tropezón alguno, cosa que maravillaba a la gente.

Para los anuncios comerciales era genial y los decía de memoria. Uno de sus patrocinadores era la fábrica de peines Pirámide: “Pepe Pérez, peluquero, peina personas pudientes, personajes poderosos, por procedimientos particulares; políticos, policías, prepara porciones para pelo, pone patillas parejas, puede parecer petulancia, pero Pepe Pérez, peluquero, ¡prefiere peines Pirámide!”.

Se presentaba y se despedía de cada programa como Jorge servidor… Marrón de usted.

 

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