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Coahuila

¡¡La ultima y nos vamos!!: El Kraus, una cantina con historia y tradición

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 2 semanas

Poco a poco han ido desapareciendo las cantinas tradicionales del Saltillo de no hace muchos ayeres, que no eran simples establecimientos de bebidas, sino pilares de la cultura social y de historia donde se ha fraguado buena parte de la identidad popular.

Las cantinas emergieron en el siglo 19 en el país y son la continuidad de las pulquerías, o las famosas “piqueras”, pequeños establecimientos donde se vendía principalmente bebidas alcohólicas, lugares que evolucionaron con el devenir de los años para dar cabida no sólo a hombres, también a mujeres; en algunos casos como meseras que conviven y sirven a la clientela.

Una de esas cantinas fue y sigue siendo el Kraus, pequeño recinto, refugio de la cotidianidad y la bohemia, el lugar para “ahogar las penas” o celebrar los triunfos, donde el tiempo parece detenerse. Un respiro de la rutina, un espacio de “desparpajo” donde las apariencias y las clases sociales se diluyen.

Su propietario fue Eliseo “La Perica” García Tovar, simpático personaje que presumiblemente truncó una carrera sacerdotal para dedicarse al comercio de las cantinas, quien inicialmente se desempeñó como obrero de Cifunsa, fundidora de Grupo Industrial Saltillo. Una vez liquidado de dicha empresa, comenzó el negocio de la venta y alquiler de radiolas, fue así que logró involucrase en las cantinas; se dice que fue propietario, de entre otras, de una en la zona de tolerancia, con salón de baile y bar, así como los bares Caguama, España, Lagos y finalmente el Kraus, ubicado en la lateral norte de Valdés Sánchez, casi esquina con Abasolo.

El lugar se distinguía, no sé ahora, por la tradición de la botana, una práctica que surgió para acompañar la bebida con comida, permitiendo que la estancia fuera una experiencia culinaria y social. En verdad era lo que más atraía a los parroquianos del Kraus, la botana y en torno del negocio, siempre aparecía “La Perica” García para animar el cotarro, (conjunto de personas). Daba la impresión Eliseo que a todo mundo conocía y convivía con la gente amenamente.

Y aunque usted no lo crea, en la cantina se tejía todo un organismo de positividad, que, aunque pareciera inverosímil, era cierto. Eliseo García Tovar, patrocinaba todo “un trabuco” en el béisbol de la ciudad, donde incluso paga a peloteros profesionales para que reforzaran a su equipo. Testigo de la historia fue don Ricardo Malacara Almanza, quien afirma que Eliseo contrataba a jugadores de la talla de Juan Navarrete, Miguel Solís, Marcelo Juárez, y otros, para reforzar al team de “La Perica”, bajo la dirección de don Ricardo como manager del equipo.

El Kraus fue encuentro de intelectuales, políticos, artistas y trabajadores, conservando un ambiente de auténtica camaradería donde todos juntos brindaban y se convierten en un gran igualador social.

Hoy las cantinas atraviesan un renacimiento, donde la tradición de la “última y nos vamos” sigue vigente, uniendo a nuevas generaciones con el pasado de México, como es el caso del Cerdo de Babel, entre otras, donde concurren hombres y mujeres para pasar “bien el rato”.

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