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Coahuila

Liderazgos opuestos

Por Gerardo Hernández

Hace 1 semana

Mientras las potencias miran al cielo para conquistar nuestro satélite, en tierra guerrean, cada cual a su manera, también por la supremacía. Una lo hace, en Washington, con un líder “psicológicamente inestable y peligroso”, según académicos y especialistas estadunidenses; y otra, en Pekín, con un estratega mesurado. Édgar London describe en Espacio 4 la competencia que libran los gigantes en el espacio exterior.

“La Luna vuelve a ser un campo de disputa. Más de medio siglo después de que Apollo 11 sellara la victoria estadunidense en la carrera espacial de la Guerra Fría, dos potencias se preparan para un nuevo pulso. Estados Unidos quiere regresar astronautas a la superficie lunar antes de que termine la década; China busca hacer lo mismo poco después. Ya no se trata sólo de plantar una bandera. Esta vez, lo que está en juego es la permanencia, el control tecnológico y la proyección de poder más allá de la Tierra.

“El programa Artemis, encabezado por la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), representa el intento más ambicioso de Washington por recuperar liderazgo en el espacio profundo. La misión Artemis II ha llevado a cuatro astronautas alrededor de la Luna en un viaje de aproximadamente 10 días, alcanzando distancias superiores a los 370 mil kilómetros de la Tierra. Es el primer vuelo tripulado más allá de la órbita baja desde 1972. Si el calendario se mantiene, el alunizaje llegaría con Artemis IV en 2028. “¡Que Dios bendiga a nuestros increíbles astronautas”, escribió el presidente Donald Trump en su plataforma, Truth Social, para felicitar a los tripulantes.

“Del otro lado, el programa espacial chino avanza con una estrategia más discreta, pero sostenida. La Administración Espacial Nacional China (CNSA) ha delineado un plan para enviar taikonautas a la superficie lunar antes de 2030, apoyado por una serie de misiones robóticas previas y por el desarrollo de un nuevo cohete de gran capacidad, el Long March 10. Pekín no sólo busca llegar, sino que aspira a establecer una base científica internacional en el satélite hacia la década de 2030, en coordinación con Rusia y otros socios.

“La exploración lunar no tiene fin. Los logros de este proyecto representan la sabiduría y el esfuerzo de generaciones de trabajadores aeroespaciales chinos, y muestran los notables avances en autosuficiencia científica y tecnológica que hemos alcanzado. Debemos promover el espíritu de perseguir sueños, atreverse a explorar y cooperar para superar desafíos”, dijo el Presidente Xi Jinping durante un encuentro con científicos y técnicos que participaron en la misión Chang’e6, en 2024. El contraste entre ambos programas también se refleja en cifras. El presupuesto anual de la NASA ronda los 25 mil millones de dólares, de los cuales una porción significativa se destina a Artemis. China no publica cifras detalladas, pero estimaciones independientes sitúan su gasto espacial en más de 14 mil millones de dólares anuales, con un crecimiento sostenido en la última década.

“En términos de lanzamientos, ambos países compiten ya de forma directa. El año pasado realizaron más de 60 misiones orbitales combinadas. “Estamos en una carrera hacia la Luna no solo para plantar banderas y dejar huellas, sino para asegurar una presencia a largo plazo que definirá el futuro de la exploración espacial y el desarrollo económico más allá de la Tierra”, afirmó el administrador de la NASA, Bill Nelson, durante una audiencia en el Congreso estadounidense en 2025. A diferencia de los años 60, el enfrentamiento ya no se limita a dos bandos claramente definidos. Estados Unidos ha tejido una red de alianzas a través de los Acuerdos Artemis, que incluyen a más de 30 países, entre ellos Japón, Canadá y miembros de la Agencia Espacial Europea.

“China, por su parte, impulsa su propia coalición con Rusia y naciones emergentes interesadas en participar en la exploración lunar. Esta dimensión internacional introduce un nuevo elemento: la definición de reglas. ¿Quién establece los estándares para la explotación de recursos? ¿Qué normas regirán la instalación de bases? El Tratado del Espacio Exterior de 1967 prohíbe la apropiación nacional de cuerpos celestes, pero no regula de manera clara la extracción de recursos, lo que deja un vacío jurídico que ambas potencias buscan llenar con sus propios marcos. “Si un país o un grupo de países logra establecer primero una presencia sostenida en la Luna, tendrá una ventaja significativa a la hora de fijar las normas, los estándares y las reglas de comportamiento”, advierte la analista Joan Johnson-Freese, especialista en política espacial, en un informe del U.S. Naval War College”.

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