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La Jornada
Publicado el viernes, 10 de abril del 2026 a las 18:20
Los Ángeles, EU.– Tras una pausa de cuatro años marcada por tragedias reales y el ascenso meteórico de sus protagonistas, Euphoria regresa a HBO Max para su tercera y última temporada. Pero no es el regreso que muchos esperaban. Sam Levinson ha abandonado los pasillos de la preparatoria East Highland para adentrarse en un terreno más árido y peligroso: el western.
La serie ahora se presenta como un retrato lúcido y poco halagador del Estados Unidos moderno. “Son vaqueros e indios, el hombre civilizado contra el salvaje”, sentencia un capo en los nuevos episodios, estableciendo el tono de una temporada donde la economía de la atención es la nueva “fiebre del oro”.
Las vidas de los personajes han dado saltos drásticos pero lógicamente devastadores:
– Rue (Zendaya): Ha pasado de la adicción escolar a ser una mula de drogas en trayectos mortales por la frontera mexicana.
– Jules (Hunter Schafer): Tras abandonar el arte, sobrevive como sugar baby en un ático de Los Ángeles.
– Nate y Cassie (Jacob Elordi y Sydney Sweeney): Viven un aislamiento doméstico asfixiante, lejos de su pasado, pero atrapados en sus propias carencias.
El regreso de la serie no era inevitable. El fallecimiento de Angus Cloud (Fez) y Eric Dane (Cal), sumado a la salida de Barbie Ferreira, dejó cicatrices profundas en la producción. Sin embargo, Levinson demuestra que el universo de Euphoria es lo suficientemente sólido para resistir.
Zendaya reafirma por qué es la estrella de su generación, cargando con un peso dramático absoluto, mientras que Sydney Sweeney desmitifica su imagen de “chica de calendario” con una interpretación técnica y feroz. Destaca también Alexa Demie (Maddy), quien ahora navega el mundo del talento corporativo con una frase que define la nueva era de la serie:
” “No soy una víctima… y creo en el capitalismo”.
Fiel a su estilo, Levinson no escatima en lo grotesco ni en lo visualmente impactante. La serie sigue siendo una visión estéticamente maximalista de una sociedad “iracunda, ebria y solitaria”. A través de escenas que rozan lo escatológico y lo obsceno, Euphoria critica la mercantilización de la atención y la sexualización sin filtros de la era digital.
En esta entrega final, la serie se asume como lo que siempre fue: una obra superficial sobre la superficialidad y materialista sobre el materialismo. Al dominar sus propias contradicciones, Euphoria se despide no solo como un programa para la Generación Z, sino como la Piedra Rosetta para comprender el colapso del sueño americano en la década de 2020.
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