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AMLO sabía todo

Por Carlos Loret de Mola

Hace 5 meses

Andrés Manuel López Obrador sabía de los canales de comunicación entre el cártel de Sinaloa y el Gobierno de Rubén Rocha Moya. Se los contó el propio Gobernador, según me revelan fuentes de primer nivel.

No implicaba una contradicción con la instrucción del entonces Presidente de México para combatir la violencia: “abrazos, no balazos”. Rocha siguió las instrucciones y las aterrizó.

Según las mismas fuentes, AMLO estuvo enterado de la reunión que tuvieron Rocha Moya y el cártel de Sinaloa antes de la elección para Gobernador.

Se trata de la reunión que menciona el Departamento de Justicia de Estados Unidos en la que sellaron el pacto: el cártel lo ayudaría en las elecciones y a cambio él los dejaría operar a sus anchas. ¿Cómo se enteró AMLO? Igualito: se lo contó Rocha Moya.

La comunicación, según las mismas fuentes, quedó establecida entre el secretario de Administración y Finanzas de Sinaloa, Enrique Díaz Vega, y los “Chapitos”.

Circulaba el diálogo y circulaban también los contratos. Es más, me refieren que incluso desde el Gobierno le llegaron a mandar apoyo médico a “El Mayo” Zambada para ayudarlo con sus padecimientos crónicos.

Las autoridades sabían dónde estaban los capos del cártel y a dónde se movían. Había comunicación, coordinación y negocio.

Durante los primeros años, aquello funcionó como relojito. El control de Sinaloa lo tenía el cártel y López Obrador podía presumir que había paz en la entidad.

El promedio de asesinatos era de 1.4 al día. Cuando se pelearon en el CDS y empezó la guerra entre “Chapitos” y “Mayiza”, el Gobierno nunca pudo recuperar el control que había cedido. Los asesinatos escalaron a 6.9 al día; ahorita van en 2.5.

La lección es clara: si como Estado entregas el control de la gobernabilidad, no lo puedes exigir de vuelta.

Con el visto bueno de López Obrador, Rocha Moya entregó el control del Gobierno al cártel. Cuando secuestraron a “El Mayo” Zambada y se lo llevaron a Estados Unidos, y se desató la guerra, ya nunca pudieron recuperar esecontrol.

Menos aún si el Gobernador mintió descaradamente y decidió participar del encubrimiento para esconder el asesinato –ese mismo día, en ese mismo lugar– de su principal rival político, Héctor Melesio Cuén, tratando de hacerlo pasar por un robo de vehículo. Si le quedaba alguna legitimidad al Gobernador, la perdió cuando su montaje quedó expuesto.

Lo demás fue una larga agonía: los 19 meses que pasaron con un Gobernador inoperante, que todo mundo sabía que estaba coludido con el narco y que representaba una bomba de tiempo… que finalmente estalló.

¿Pudieron desactivarla desde Palacio Nacional? A lo mejor no. Porque había compromisos comunes, complicidades.

 

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