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| Yannick Lahens es una de las plumas más consolidadas de Haití.

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Yanick Lahens, autora de la catarsis ante el desastre; publica su novela híbrida Fallas

  Por Agencia Reforma

Publicado el miércoles, 3 de junio del 2026 a las 04:45


Recibió la autora en lengua francesa el prestigioso Premio de la Academia Francesa

Ciudad de México.- La escritora haitiana Yanick Lahens (Puerto Príncipe, 1953) trabajaba en una novela sobre el primer encuentro de una pareja cuando el terremoto de 2010 sacudió a su país.

De una necesidad urgente de dejar testimonio de la catástrofe surgió Fallas (Canta Mares), un “híbrido complejo” de crónica, ensayo y ficción.

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Escribir es lo único que podemos hacer ante la catástrofe: dejar rastro de lo que ocurrió, reflexionar sobre lo sucedido e imaginarlo.“Y así entender mejor la historia y la sociedad, y acercarse, mediante la imaginación, a la experiencia humana”, expresa vía telefónica desde Puerto Príncipe, donde vive.

Durante el terremoto, en menos de 40 segundos desaparecieron 300 mil personas; dejó 250 mil heridos y un millón de desplazados, según el recuento de la autora, galardonada el año pasado con el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y en 2014 con el Femina.

Vivir desde dentro la catástrofe le dio una posición privilegiada como testigo directo. De ahí la naturaleza híbrida del libro.

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Escribo lo que veo, como periodista. Pienso en lo que ocurrió y cómo ocurrió en la historia haitiana, como ensayista. Y como estaba a punto de escribir una novela, también es el inicio de una”, expresa la autora.

Fallas es una palabra que antes del 12 de enero de 2010, escribe, los haitianos no habían escuchado de tal forma: “Una palabra hoyo negro. Una palabra sangre. Una palabra muerte”.

El título opera en distintos niveles, como el nivel geológico, con la fractura de la corteza terrestre: Puerto Príncipe había sido destruido dos veces durante el siglo 18; la falla que se activó no fue la de Enriquillo sino otra desconocida hasta entonces, llamada Falla de Léogâne. Otro nivel sería climático: la isla, que comparte con República Dominicana, está en la ruta de los huracanes. Y uno más, geográfica: está justo al sur de Estados Unidos, en el camino entre América Latina y el Caribe, y por tanto, es una posición política e histórica.

Pero el más profundo de todas es histórico e interno: La Revolución Haitiana de 1804 fue la tercera revolución del mundo moderno después de la estadunidense y la francesa.

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¿Cómo puedes hablar de libertad y seguir teniendo esclavitud? Haití mostró que había una contradicción ahí, que había un límite al proyecto moderno”, argumenta Lahens, y añade que “ninguno de los que proclamaban la igualdad habló realmente de la esclavitud”.

Demostró así otra contradicción del proyecto moderno respecto a la universalidad del Siglo de las Luces que en realidad significa: “Tienes que parecerte a mí, ser como yo, para ser universal”.

Cuando haces una revolución así, cuando derrotas al ejército más poderoso de la época, el de Napoleón, “no te lo van a perdonar”. Un episodio de la historia de Francia silenciado por la narrativa oficial, que no se enseña en las escuelas francesas, como la autora lo descubrió cuando se marchó a la nación europea, a los 15 años, para estudiar.

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Pero hay que hablarlo. Es un desafío de la modernidad. Haití siempre ha sido un desafío”, asienta la escritora.

Su país contribuyó a que cinco naciones de América Latina lograran su independencia. Simón Bolívar, que llegó ahí sin recursos y exiliado, partió con armas y barcos.

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Pero cuando (en 1826) organizaron su primer Congreso (Anfictiónico) en Panamá, excluyeron a Haití”, refiere.

Dicho congreso es considerado como el primer intento de unión latinoamericana.

Lahens refiere también el bloqueo impuesto a Haití a partir de 1804. En 1825, Francia ofreció levantarlo a cambio de una indemnización a los antiguos propietarios de plantaciones y esclavos.

Un país castigado desde su independencia y obligado a pagarla hasta bien entrado el siglo 20.

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Haití, la primera república negra, fue aislada por todas las potencias esclavistas y colonialistas. Castigada durante décadas y obligada a pagar una deuda con Francia por haberse atrevido a hacer lo impensable para la época: la conquista de la libertad por un pueblo negro”, plantea en el libro.

Ese fue el modelo original de la deuda del Sur al Norte, y que Haití terminó de saldar a mediados del siglo 20. Eso es lo que Lahens llama “el estado de emergencia permanente” en el que nació su patria.

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Parte de ese dinero construyó la Torre Eiffel y el Palacio del Elíseo (en París). Y tuvimos que cortar todos los árboles preciosos que teníamos para enviarlos a Francia. Fue también una crisis ecológica”, denuncia.

Lahens señala que la experiencia haitiana es una matriz: presagia desde inicios del siglo 19 la naturaleza de lo que se llamaría más tarde las relaciones norte-sur.

La falla o fractura interna, entre la élite que tomó el poder tras 1804 y la mayoría que había combatido, son, para la autora, lo que Haití sigue pagando hoy.

El créole no fue reconocido como lengua hasta 1987. Lahens participó en la reforma que introdujo la enseñanza de la lengua y en su reconocimiento como idioma oficial en el país junto al francés.

El sistema de plantaciones nunca funcionó porque la población la rechazó y prefirió las pequeñas parcelas de cultivos diversos.

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Hoy quienes piensan en ecología dicen que ésa es la solución. Es fantástico ver cómo lo pensaron antes”, asegura la ensayista.

Lahens critica también el papel de los medios internacionales. Su cobertura del terremoto, se redujo a dos estereotipos de Haití.

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La narrativa del centro dice: o eres una pesadilla o una postal. No tienes historia, no tienes gente que lucha, que vive, que ríe. No eres realmente un país”, argumenta. “Todos los países del mundo son centros de algo, de su propia historia. No hay centro y periferia”, agregó.

Tampoco Haití está en llamas como se reporta en la prensa internacional.

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Hay una parte de Haití en llamas porque la mafia internacional la usa como ruta de tráfico (de drogas). Pero en el norte y en el sur la gente vive, diría yo, una vida normal”, ataja.

Acerca de su decisión de no irse de la isla, Lahens antepone un compromiso personal: “Quienes pueden quedarse, deben quedarse”.

Pero también pesan las relaciones internacionales que hacen que algunos países sean inhabitables para que los suyos sean habitables.

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Es una lógica completa. Mira lo que pasa en Congo, tantas guerras y violencia por lo que tiene: el litio y todos esos preciosos recursos”, ejemplifica.

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