Arte

Publicado el lunes, 22 de junio del 2026 a las 03:45
Madrid, Esp.- Los dragones que ahora pueblan sagas enteras en libros, series y películas no son nada nuevo en el mundo del arte; una mirada curiosa puede descubrirlos en una selección de obras del Museo del Prado que cuentan magníficas historias y leyendas bíblicas, mitológicas y del Medievo.
En la cultura occidental, los dragones son seres aterradores que representan al demonio y los males del infierno, salvo cuando aparecen en escudos, blasones y firmas, entonces son benignos y prueba de fiereza y valentía, como el dragón rojo de la bandera de Gales. Los dragones orientales también son buenos y, a diferencia de sus contrapartes occidentales, simbolizan sabiduría, buena fortuna y poder.
El experto en pintura europea hasta mil 500, José Juan Pérez Preciado, acompaña a EFE en un paseo por el Museo del Prado para descubrir dragones, cuyo imaginario inspirado en serpientes, grifos y otros seres de los bestiarios medievales evolucionó hasta la fantasía contemporánea.
Es decir, son los precursores de los seres mágicos de Calabozos y Dragones; de Smaug, el último de la Tierra Media en El Hobbit; de Fújur, el tierno dragón de la suerte de La Historia Interminable; de Drogon, Rhaegal y Viserion de Juego de Tronos, y de los poderosos Vhagar, Caraxes y los que quedan por llegar con la inminente nueva entrega de La Casa del Dragón.
De todos los dragones y fieras en el Prado, el más aterrador es el de Lucha de San Jorge y el Dragón (1606-1608), de Pedro Pablo Rubens. Una fiera con ojos desorbitados y fauces abiertas y ensangrentadas está siendo alanceada por un feroz san Jorge a caballo.
La leyenda dice que el militar romano llegó a Silca, en Libia, donde había un gran lago habitado por un dragón. El pueblo, para aplacar la ira del monstruo, le lanzaba dos ovejas diarias como alimento.
“
Quizás sea este uno de los dragones que más se parece a los que vemos en la cultura posmoderna, las series de televisión actuales o en las películas, que todos hemos conocido o conocemos”, señala Pérez.
Los dragones también están muy presentes en heráldica, si bien cuando aparecen en escudos no suelen ser malignos, sino símbolo de fuerza y fiereza, explica el experto, y señala un maravilloso alfarje (techo artesonado plano), datado sobre el año mil 400.
Las esquinas de sus vigas muestran amenazadoras cabezas de dragón, pero su fiereza no debe ser tanta cuando “¡por la boca echan flores!”, exclama al apuntar a unos lirios que asoman en sus fauces.
También recuerda que el pintor Lucas Cranach el Viejo (1472-1553) firma sus cuadros con una minúscula serpiente con alas. Pero en mil 537, cuando muere su hijo Hans a los 24 años y “en un momento de depresión, Cranach corta las alas de su firma y la deja en una sinuosa serpiente a la que le han robado la fuerza”.
Otro ejemplo son los objetos del Tesoro del Delfín, que pertenecieron al hijo de Luis XIV de Francia, en especial el Gran Vaso en forma de dragón, una delicada pieza en cristal de roca.
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