Acuña

Publicado el domingo, 28 de junio del 2026 a las 04:09
Acuña, Coahuila.- Escenas dramáticas son las que han logrado perdurar a pesar del paso del tiempo en las fotografías y en la memoria de los descendientes de la gran inundación del 28 de junio de 1954, fecha que quedó grabada para siempre en la historia del municipio de Acuña y que dio lugar a la fundación de uno de los sectores más añejos de la ciudad, que es la colonia del mismo nombre.
Los relatos que se han logrado transmitir de generación tras generación indican que pese a las advertencias que en su momento se dieron a conocer por parte del gobierno de los Estados Unidos que alertó sobre la creciente y el caudal que llevaban los ríos Bravo y el Diablo a causa de las torrenciales lluvias, las familias se negaban a abandonar sus viviendas por temor a perder su patrimonio.
El pánico se hizo presente cuando las turbulentas aguas del río Bravo desbordaron, este fue el último llamado para intentar ponerse a salvo, de evitar ser arrastrados por la furia del caudal del agua, es así como las familias tomaron la determinación de refugiarse en la parte más alta de la ciudad, las lomas de la 28 de Junio, punto desde el cual observaron cómo en cuestión de segundos la naturaleza cobró factura, dejando atrás de sí un panorama desolador, calles llenas de lodo, viviendas bajo el agua, sectores que desaparecieron ante la mirada atónita y el asombro de las familias.
La noticia de la inundación de los municipios de Acuña y Piedras Negras llegó a las más altas esferas del poder, fue entonces cuando las autoridades declararon a la frontera como zona de desastre.
La situación se tornó caótica para los refugiados ante la escasez de agua y alimentos. La ayuda llegó a los damnificados por aire en helicópteros provenientes de la Unión Americana y del lado mexicano que hicieron llegar alimentos, ropa, cobertores, catres, calzado, agua, entre otros insumos que fueron de gran utilidad para las familias.
De acuerdo a la información del cronista de la ciudad, José Juan Medina Zapata, se estima que fueron entre 8 y 12 personas las que perdieron la vida en aquella inundación que fue el parteaguas para la firma del tratado para la construcción de la Presa de La Amistad, siendo entonces presidente de México Adolfo López Mateos y de los Estados Unidos, Dwight Eisenhower, obra considerada como esencial para frenar los caudales de los ríos Bravo y Diablo.
Hoy se cumplen 72 años de aquella tragedia que marcó para siempre la historia de los municipios de Acuña y Piedras Negras, misma que hace recordar lo frágil que son las personas ante los embates de la naturaleza.
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