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El campo mexicano paga la factura de la inestabilidad climática y la inacción estructural

Por JC Mena Suárez

Hace 3 meses

Mientras el consenso atribuye las pérdidas agrícolas a la fatalidad inevitable de las anomalías meteorológicas, la evidencia indica que el verdadero regulador de la crisis es el subejercicio en infraestructura hídrica, cuya consecuencia será la pérdida de viabilidad en cultivos de alto valor y la migración de capitales hacia la informalidad.

El valor de la producción de cultivos clave y frutales de exportación en el sector primario nacional acumuló una contracción real durante el último ciclo evaluado por el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), coincidiendo con la persistencia del fenómeno de El Niño. Este repliegue no es un hecho fortuito: la volatilidad de las precipitaciones y las oscilaciones térmicas extremas pasaron de ser anomalías estacionales a convertirse en el nuevo costo fijo de la actividad agropecuaria en todo el país.

El debate público comete un error de diagnóstico al responsabilizar únicamente al clima por el estancamiento de la producción; el verdadero factor de erosión en los balances financieros del campo es la parálisis en la inversión de infraestructura hídrica interna y la debilidad en el estado de derecho logístico.

El costo de la oscilación térmica y la parálisis fiscal

La narrativa institucional suele ampararse en las fluctuaciones de la temperatura global para justificar la pérdida de dinamismo en el sector primario. Sin embargo, los datos de ejecución presupuestal revelan que la Federación reporta un avance anual acumulado que históricamente muestra significativos rezagos en el gasto de aportaciones clave para infraestructura rural al cierre de la primera mitad del año.

Este rezago presupuestal implica que los fondos destinados a obras de canalización, modernización de pozos e infraestructura hidroagrícola se encuentran detenidos, forzando a los productores a depender de mantos acuíferos cuya trazabilidad técnica no está garantizada ante la falta de aplicación de normativas de eficiencia hídrica como la NMX 184.

El ciclo biológico de diversos cultivos de alto valor requiere condiciones térmicas y de humedad sumamente específicas que se han vuelto erráticas en la primera mitad del año. Para las medianas empresas agrícolas del país, este escenario de incertidumbre anula la posibilidad de una planeación financiera mínima a cinco años. Al contraerse la rentabilidad del suelo, el eslabón más afectado es el empleo formalizado. Cuando las parcelas pierden viabilidad por estrés hídrico, las plazas de trabajo agrícola formal adscritas al IMSS desaparecen, presionando la migración laboral hacia los centros urbanos o hacia el comercio informal, un sector que sigue absorbiendo a más de la mitad de la fuerza laboral disponible en el país.

La viabilidad del campo mexicano durante el próximo ciclo productivo dependerá directamente de la velocidad con la que la Administración federal y las cámaras del sector primario articulen un fondo de contingencia hidroagrícola nacional que promueva auditorías de uso eficiente bajo el estánda r internacional ISO 46001.

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