Coahuila
Hace 3 meses
Saltillo todavía conserva en muchos de sus rumbos su traza original del siglo 16, pero es necesario embellecer el Centro de la antigua villa, remodelando y conservando sus edificios históricos, reconstruyendo el aspecto material de sus empinadas calles y edificios que nos comprometieran con la vigencia de nuestra conciencia histórica.
Y es que las ciudades son algo más que el espacio en que van tejiéndose las sucesivas biografías de sus habitantes. Las ciudades, como el ser humano, palpita en su devenir histórico. Un espacio urbano es un organismo social que tiene vida y que, como tal aparte de su apariencia física, de su panorámica urbanística, va adquiriendo y fijando en el tiempo una imagen social propia. Al correr del tiempo los hombres que las habitamos les imponemos carácter y fisonomía, pues no les basta ni se conforman con simplemente vivir en ellas.
Con 449 años a cuesta al momento de escribir esta crónica, Saltillo es una región del país que al transcurrir del tiempo y con admirable esfuerzo de sus habitantes es un ejemplo de la voluntad humana.
Recordamos, con orgullo, el largo camino surcado de nuestra gente, de sus anhelos, de trabajos, de heroicidades notorias; conocidas unas, desconocidas y humilladas muchas, pero todas representativas de un ejemplar carácter en nuestros hombres y mujeres que admirablemente se fueron forjando a sí mismos.
Hoy, en este paréntesis en que nos volvemos hacia atrás, en que miramos de dónde venimos, precisamente para estar seguros de saber a dónde vamos, y si acertamos en el camino estamos uniendo la ilusión de nuestros antepasados con la esperanza nuestra y su obra, en reciprocidad.
Buscamos los recuerdos o en los datos que nos da la historia y encontramos un Saltillo diferente, idealizado por quienes desearían que permaneciera igual. Cada región posee rasgos y peculiaridades que la enmarcan y definen. En lo material son lugares más característicos; en lo humano, el conjunto de cualidades que configuran la personalidad de sus habitantes.
Saltillo los encierra en las edificaciones, rincones y detalles que hemos transformado en símbolos y que todos sentimos parte de nuestra personalidad.
Algunos de ellos son Catedral, la imagen del Santo Cristo, el Palacio de Gobierno, el Ateneo Fuente, el sarape, su antigua estación del ferrocarril, el casino; casas como la de los Purcell, o las ubicadas en Allende y Lerdo, Hidalgo y De La Fuente, o en Purcell y Ramos Arizpe; el conjunto colonial de la calle Juárez, frente a la plaza de Armas; la Alameda con el pequeño lago República; las ruinas del Landín, los barrios Ojo de Agua y Águila de Oro, el perón y el membrillo; las fachadas de la antigua Academia Comercial Coahuila, la Normal del Estado, la Biblioteca Pública, o el Instituto Tecnológico, el Recinto de Juárez, el frontispicio del Teatro García Carrillo, el Cerro del Pueblo, ciertos portones y balcones; los arabescos que engalanan los enrejados de algunas ventanas, los caprichosos aleros que ostentan las portadas de señoriales casonas, sus personajes. Éstos y otros símbolos son parte fundamental de nuestra identidad y ante ellos se detiene nuestro deambular para, de su inmovilidad e intemporalidad, para redescubrir la más íntima y permanente belleza de Saltillo y su gente.
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