Arte

Publicado el lunes, 3 de agosto del 2026 a las 04:04
Ciudad de México.- Una pieza tan cotidiana como la silla puede exhibirse en un museo y a la vez exponerse en un hogar u otros espacios donde día con día se ocupa.
“Objeto de diseño por excelencia”, como la define la curadora Ana Elena Mallet, y expresión también de una cultura, la silla es la figura central de la exposición La Historia de Cómo Sentarse. Variaciones del Asiento en México, que se inauguró en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (Muac) de la UNAM.
Sentarse parece un gesto simple, sin embargo, pocas acciones revelan tanto sobre una cultura como la manera en que dispone el cuerpo en el espacio, escribe Mallet en el texto introductorio de la muestra, que reúne 35 piezas de la Colección de diseño moderno y contemporáneo en México del Muac.
Hay asientos que abrazan, como el equipal, o que invitan al reposo, la contemplación y la conversación, como el butaque. También los hay plegables y rellenos temporalmente con papel o botellas de PET, como El Fidencio, fabricado con tela plástica similar a la de las bolsas de mercado.
Otros recurren a la madera, la palma, el tule, el carrillo, el mimbre, la piel, el latón, el acero inoxidable, el bronce, el polipropileno o la espuma.
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La altura de un asiento, sus materiales, su cercanía con el suelo, la postura que exige o el contexto donde aparece hablan de formas de convivencia, de ideas sobre el descanso, el trabajo, la autoridad, la intimidad y el tiempo. Esta exposición propone mirar el diseño mexicano desde este gesto aparentemente cotidiano y profundamente cultural”, apunta Mallet.
La exposición, que se complementa con obras de colecciones particulares y reúne más de 40 piezas, construye una genealogía del asiento en México, con modelos que permanecen en uso, por ejemplo, la silla de palo.
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Todas se siguen usando y esa parte me parece muy importante al hacer estas exposiciones: que el público se relacione con el diseño. El diseño sí le dice cosas a la gente, la gente se ha sentado en esas sillas, las ha tenido porque no eran costosas la mayor parte de ellas.
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Verlas en un museo implica una validación de la manera en que vivieron y las decisiones que tomaron en sus interiores y en su forma de habitar. Quizá ya no las conservaron, otros sí las conservaron –o las tuvo la abuela– y esa es una parte importante: entender y valorar la cotidianidad”, enfatiza Mallet en entrevista.
La curadora recuerda que el arquitecto estadunidense de origen alemán Ludwig Mies van der Rohe consideraba la silla como experimento para construir, después, un gran edificio.
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Ahí entiendes la ergonomía, los materiales, la funcionalidad. Se siguen diseñando sillas, a pesar de que no es un objeto fácil de diseñar, porque implica mucho desarrollo: entender cómo te sientas, si es cómodo –no nada más el asiento, sino el respaldo–; cuánto tiempo puedes permanecer sentado; si los materiales se mezclan con tu ropa, dañan tus medias o lastiman tus piernas. “Todo eso implica un desarrollo. Y la verdad es que los diseñadores siguen pensando que la silla es el objeto de diseño por excelencia”.
Aunque la exposición integra piezas industriales, la mayor parte de los asientos presentados son producto del diseño artesanal y de fábricas pequeñas “que, de alguna manera, es lo que ha regido en el diseño mexicano”, aclara la especialista.
Son propuestas que, además, abrevan de la tradición sin replicarla.
El origen del equipal, por ejemplo, se remonta al icpalli, un asiento reservado para gobernantes, sacerdotes y personajes de alto rango en las culturas prehispánicas.
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Con el tiempo, esta pieza ritual se incorporó a la vida cotidiana y se convirtió en una tradición artesanal profundamente vinculada al territorio jalisciense, aunque también se produce en Nayarit y Michoacán. Elaborados originalmente con madera, carrizo, ixtle y cuero, los equipales condensan conocimientos técnicos que se transmiten de generación en generación”, señala Mallet.
Durante el siglo 20, arquitectos y diseñadores modernos encontraron en el equipal una síntesis ejemplar entre identidad y confort.
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Muchas reinterpretaciones sustituyeron los materiales tradicionales por estructuras metálicas o soluciones industriales, pero conservaron aquello que define al equipal desde sus orígenes: la idea del asiento como un abrazo hecho mueble”.
También se integran en la muestra sillas mexicanas que retomaron el modelo europeo Windsor o que incorporaron el plástico y democratizaron el diseño mediante la producción masiva.
La historia de cómo sentarse. Variaciones del asiento en México, vigente hasta el 11 de octubre, presenta diseños de Clara Porset, Pedro Ramírez Vázquez, Héctor Esrawe, Alejandra Antón Honorato, Josef Albers, Antonio Attolini Lack y Oscar Hagerman, entre otros.
La exposición, desplegada en el Vestíbulo Arkheia, planta baja del MUAC, se acompañará de un programa paralelo de pláticas y visitas guiadas, entre otras actividades que podrán consultarse en línea (https://muac.unam.mx/)
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