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Coahuila

Frente al espejo

Por Gerardo Hernández

Hace 1 mes

“El México que aparece todos los días en la disputa política parece dividido en dos países irreconciliables. En uno, la economía está al borde del precipicio, la inversión huye, la deuda se desborda, el crimen controla territorios enteros, las instituciones han sido capturadas y el país avanza hacia el autoritarismo. En el otro, México atraviesa una transformación histórica: aumentan los salarios, disminuye la pobreza, llegan inversiones récord, baja la inflación y comienza a revertirse la violencia que durante casi dos décadas convirtió al país en uno de los más peligrosos del mundo”. Así empieza Gerardo Moyano su análisis sobre la situación del país, en Espacio 4 (805).

Esa fractura –dice– se volvió a exhibir en el segundo informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum, presentado el pasado 1 de septiembre. “La Presidenta habló de ‘prosperidad compartida’, defendió la estabilidad económica y aseguró que México avanza a pesar de un escenario internacional adverso. Sus críticos respondieron con otra fotografía: bajo crecimiento, incertidumbre empresarial, dependencia fiscal de Pemex, informalidad, inseguridad y deterioro institucional.

“Pero fuera de los discursos existe un tercer México, menos cómodo para unos y otros: el de los números. Y allí la fotografía resulta bastante más difícil de simplificar. El crecimiento económico sigue siendo débil. El Producto Interno Bruto (PIB) avanzó apenas 0.7% durante 2025 y los especialistas consultados por el Banco de México estimaban en agosto un crecimiento promedio de alrededor de 1.25% para 2026.

“Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta un crecimiento de 1.2% para este año y advierte riesgos asociados a la prolongada revisión del T-MEC y al complicado escenario externo. No son datos para presumir, pero tampoco describen una economía en caída libre.

“Durante el segundo trimestre de 2026, el PIB avanzó 1.5% frente al trimestre anterior y 2.1% en comparación anual, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). La economía sigue creciendo lentamente, pero crece. Esa diferencia parece menor, aunque resulta fundamental para entender la batalla política actual.

“Quizá ningún indicador explique mejor el cambio ocurrido desde 2018 que el salario mínimo. Al terminar aquel año se encontraba en 88.36 pesos diarios. En 2026 alcanza 315.04 pesos en la mayor parte del país y 440.87 pesos en la Zona Libre de la Frontera Norte. El salario mínimo mensual general ronda actualmente los 9 mil 582 pesos.

“La diferencia nominal es enorme, pero el dato importante está después de descontar la inflación: de acuerdo con la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos y la Secretaría del Trabajo, el poder adquisitivo del salario mínimo se recuperó alrededor de 154% entre 2018 y 2026.

“La revolución social. Durante décadas predominó entre economistas, empresarios y gobiernos la idea de que aumentar agresivamente el salario mínimo provocaría inflación, destruiría empleos o reduciría la competitividad. Hasta ahora, esa catástrofe no ha ocurrido.

“La inflación anual fue de 3.12% en julio pasado y de 3.26% durante la primera quincena de agosto. Al mismo tiempo, México alcanzó durante el segundo trimestre los 60 millones de personas ocupadas, máximo histórico, mientras la tasa de desempleo permanece alrededor de 2.7-2.8 por ciento.

“El panorama laboral, sin embargo, está lejos de ser idílico. Más de la mitad de los trabajadores continúa en la informalidad. En el segundo trimestre, la tasa alcanzó 55.1%. Esto significa que millones de mexicanos trabajan sin seguridad social, pensión ni las protecciones asociadas a un empleo formal.

“El cambio más difícil de ignorar se encuentra en la pobreza. En 2018, 51.9 millones de mexicanos –41.9% de la población– se encontraban en situación de pobreza multidimensional. Para 2024 eran 38.5 millones, equivalentes al 29.6%. La diferencia supera los 13 millones de personas.

“No significa que hayan pasado a formar parte de una clase media acomodada ni que hayan desaparecido las carencias sociales. Significa algo mucho más preciso: dejaron de cumplir simultáneamente los criterios de ingreso y carencias utilizados para definir estadísticamente la pobreza multidimensional. La pobreza extrema también disminuyó: pasó de 7% de la población en 2018 a 5.3% en 2024.

“La tendencia continúa apareciendo en los indicadores laborales más recientes. Durante el primer trimestre de 2026, la pobreza laboral –personas cuyos ingresos laborales no alcanzan para comprar la canasta alimentaria– llegó a 30.7%, el menor registro de la serie iniciada en 2005. En el segundo trimestre repuntó a 31.9 por ciento. El aumento trimestral es una señal de alerta, pero la comparación anual sigue siendo favorable: un año antes era de alrededor de 35 por ciento. El 31.9% actual es, además, el registro más bajo para un segundo trimestre desde que existe la medición”.

 

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