Por: Waldir Ochoa
Justo este miércoles se conocieron los resultados de la Encuesta Intercensal del Inegi, que muestran cómo la tasa de fecundidad en México pasó de 1.9 hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024, cuando la llamada tasa de reemplazo, es decir, el promedio de hijos necesarios en cada país para relevar a la siguiente generación es de 2.1 hijos por mujer.
Este dato pone sobre la mesa una realidad inocultable: México dejó de ser el país joven y en crecimiento rápido que fue durante el siglo 20. Hoy tiene una tasa de fecundidad, como ya lo dije, muy por debajo del reemplazo generacional, lo que, combinado con el aumento de la esperanza de vida, está acelerando el envejecimiento de toda su población, con ciudades y estados con mayor nivel de complejidad.
El Consejo Nacional de Población (Conapo) ubica el cierre de la etapa moderada-avanzada del envejecimiento hacia 2028, y proyecta que, de seguir la dinámica estimada, el país iniciará la etapa más avanzada de envejecimiento en 2044, cuando el porcentaje de personas de 60 años o más llegaría a 21.1 por ciento.
De hecho, el informe entregado por el Inegi muestra que la estructura según edad de la población tuvo cambios consistentes con el proceso de envejecimiento demográfico. Entre 2020 y 2025, la edad mediana pasó de 29 a 32 años. Este incremento se acompañó de una reducción relativa de los grupos de menor edad y de una mayor participación de las personas adultas y adultas mayores en la composición demográfica nacional. El estado de Chiapas registró la edad media o promedio más baja, con 26 años; mientras que Ciudad de México presentó la más alta, con 37 años.
Este último dato es consistente con los análisis de Conapo al mostrar cómo el Estado de México, Ciudad de México, Veracruz y Morelos se ubican en la etapa avanzada de envejecimiento demográfico, mientras que las otras 27 entidades están en la etapa moderada-avanzada.
La Ciudad de México es, con diferencia, el caso más extremo: se proyecta que la capital iniciará la etapa más avanzada del envejecimiento en 2030, catorce años antes que el conjunto nacional. Para 2040, se prevé que la Ciudad de México tendrá 27.1% de personas mayores.
Hacia 2040, al menos 30 municipios en ocho estados tendrán una edad media o promedio de 60 años o más (es decir, la mitad de su población superará esa edad). Ejemplos de ello Gran Morelos (Chihuahua) y Tepache (Sonora) con 66 años promedio; San Francisco de Borja (Chihuahua) con 65; y varios municipios de la mixteca oaxaqueña como San Juan Diuxi, San Juan Teita, San Andrés Yaá y Santa María Apazco. El caso más ilustrativo: San Pedro Jocotipac, en la mixteca de Oaxaca, donde se prevé que la mitad de sus habitantes superará los 72 años en menos de 15 años.
En resumen: México está pasando de un “bono demográfico” (mayoría de población joven) hacia una estructura cada vez más envejecida, similar a la transición que ya vivieron países como España o Japón, aunque con algunas décadas de rezago.
En mi libro Ciudades Sénior advierto sobre la necesidad de que los países latinoamericanos y sobre todo sus ciudades, actúen ya frente a este envejecimiento que tiene implicaciones directas en los sistemas de pensiones, salud pública y mercado laboral. El crecimiento de la población adulta mayor en las próximas décadas exige repensar los modelos de sociedad desde una perspectiva que abrace la diversidad de trayectorias vitales y capacidades. Y no es un asunto del futuro lejano. Es urgente actuar ya.
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