Coahuila
Por JC Mena Suárez
Hace 1 mes
El fortalecimiento de El Niño hacia el cierre de 2026 obliga a mirar más allá del pronóstico meteorológico: Centroamérica enfrenta presión sobre los alimentos, Francia absorbe pérdidas agrícolas y Coahuila ya registra episodios logísticos asociados con condiciones meteorológicas extremas. La preparación debe comenzar antes de que el clima se convierta en un costo económico.
El clima entra a la economía
Hay fenómenos que dejan de ser exclusivamente meteorológicos cuando empiezan a afectar el precio de los alimentos, las cadenas logísticas, el empleo o las finanzas públicas. El Niño se encuentra en ese punto de inflexión. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad superior a 90% de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno de 2026-2027, mientras que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) anticipa su permanencia hasta febrero del próximo año.
El problema no está únicamente en el océano Pacífico. En el corredor seco centroamericano, particularmente en Guatemala, Honduras y El Salvador, millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria como consecuencia de la sequía y la pérdida de cultivos de maíz y frijol. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierte que más de 5.2 millones de personas en las Américas se ven afectadas, expuestas al riesgo o experimentan inseguridad alimentaria aguda.
La factura económica llega después del clima
El caso de Francia demuestra que el impacto climático termina reflejándose en las finanzas públicas. El Gobierno francés destinó más de mil millones de euros para apoyar a productores afectados por la sequía, mientras numerosos territorios reportaron pérdidas agrícolas cercanas a 50% y una economía que apenas crecería 0.4% durante 2026.
Conviene evitar simplificaciones. Los 52 mil empleos privados que se prevé perder en Francia no obedecen exclusivamente a la sequía; también influyen la desaceleración económica, las tasas de interés y la menor inversión. El cambio climático agrava el escenario, pero no explica por sí solo toda la desaceleración.
Coahuila: prevenir antes de contar pérdidas
En Coahuila, el descarrilamiento de más de 80 vagones en General Cepeda abrió una discusión legítima sobre la resiliencia de la infraestructura logística. El accidente ocurrió mientras se registraban fuertes rachas de viento; sin embargo, ni la empresa ferroviaria ni las autoridades han determinado oficialmente que el viento fuera la causa del siniestro. Esa diferencia es fundamental entre informar y especular.
La verdadera pregunta económica es otra: ¿qué tan preparada está la infraestructura crítica para enfrentar fenómenos meteorológicos cada vez más frecuentes? Carreteras, ferrocarriles, almacenes y centros de distribución forman parte de una misma cadena. Cuando uno falla, el costo termina trasladándose a la producción, al transporte y, finalmente, al consumidor.
No esperar a diciembre
Considero que el mayor riesgo no es El Niño, sino la falsa sensación de que todavía hay tiempo para reaccionar. La evidencia internacional muestra que la prevención resulta mucho menos costosa que la reconstrucción.
Si el clima ya está modificando la agricultura en Centroamérica, el gasto público en Europa y la logística del norte de México, entonces la conversación dejó de ser ambiental: hoy también es una discusión sobre competitividad, seguridad alimentaria y desarrollo económico.
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