Saltillo de los años 40 y 50 del siglo pasado se caracterizaba por un aspecto de una ciudad pequeña y una escala urbana muy humana, con bajas edificaciones y arquitectura pública; una clara delimitación que combinaba elementos de la vida urbana moderna con dinámicas de comunidades rurales.
En esa época la mayoría de las casas tenían patio o traspatio, lo que se prestaba para la cría de animales domésticos, incluso vacas lecheras. Mi barrio, el Ojo de Agua, por ejemplo, parecía un ranchito, a unas cuantas cuadras del Centro de la ciudad, la mayoría de sus calles sin pavimentar y escasos los servicios de agua y drenaje; aún la gente defecaba a la intemperie.
Los de mi barrio de ese tiempo crecimos alrededor del único núcleo histórico o comercial, como la Plaza de Armas, la Catedral, San Esteban y la calle mayor, Allende, con su zona comercial que incluía al mercado Benito Juárez.
Predominaban las viviendas unifamiliares de una planta. Los edificios de más de cuatro o cinco pisos eran raros, solían ser gubernamentales o residenciales muy específicos, como el Palacio de Gobierno y el edificio de seis pisos del banco y hotel de Coahuila, en la confluencia de las calles Allende, Morelos, Juárez y Victoria.
Calles angostas, avenidas principales de pocos carriles y escasez de nudos viales complejos. Los pequeños comercios locales, panaderías, talleres, tiendas solían convivir en los mismos barrios sin una zonificación tan estricta como ahora.
En aquellos años 40 o 50, existían pocas colonias, eran más bien barrios, como el Ojo de Agua, Topo Chico, la Guayulera, el Águila de Oro, la Pedrera, el Barrial y San Luisito, colonias como la González, la Provivienda y la República.
Separados de la mancha urbana lugares y parajes como Rancho de Peña, la Plaza de Toros Armillita, la Villa Olímpica, el Paso Courts, Guanajuato, la fábrica del aluminio, después Cinsa, San Lorenzo, la Fundición, Lurdes, las huertas de Moreno, las Tetillas, el Triste, Pereira, los Cerritos, La Aurora y el cerro del Pueblo.
La ciudad a diferencia de las metrópolis, equilibraba la vida urbana con un acceso inmediato al entorno rural o natural.
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