Saltillo

Publicado el lunes, 2 de noviembre del 2026 a las 17:26
Saltillo, Coah.- La señora Alma reza el rosario y canta versos marianos frente a la tumba de su sobrina. Está sentada en su andadera sobre la calle Caridad, entre Esperanza y Resignación, en el Panteón Jardines de Santo Cristo. Mientras llora, le dedica unas palabras.
“Todos te extrañamos mucho, más tu pobre madre. Cuídala para que se recupere pronto de la operación y venga a visitarte”.
Monique la escucha desde su sepulcro, donde permanece desde 2010, cuando un trágico accidente en Francia, país donde estudiaba, apagó su vida a los 22 años.

En este Día de Muertos, los recuerdos de quienes se fueron vuelven a pasar por el corazón y nos hacen sonreír entre lágrimas. Quizá eso sea lo más valioso de esta tradición mexicana: que la ausencia es motivo de reunión.
Por eso, con sillas plegables, sombrillas y muchas flores, la familia Moreno se reúne desde hace 25 años en la última morada de sus seres queridos, como relata la señora Norma Alicia Flores Moreno.
“Cada año estamos aquí el día 2, que es el Día de los Santos Difuntos, y también el cumpleaños de mi marido. Ahorita nuevamente también mi papá, que hace nueve meses falleció”, expresa.
“Rezamos, venimos cada ocho días también y convivimos, tomamos el pan y la sala aquí a veces todo el día, depende del tiempo cómo está, pero aquí estamos siempre al pie del cañón”.
El Panteón Santo Cristo, que está a punto de cumplir 80 años de fundación, organizó un concurso de catrinas, colocó un altar en el jardín, programó varias misas católicas e invitó a los familiares de los 6 mil 300 lotes a adornar las tumbas.
Y aquí están Miranda, Mariana y Jimena, tres de las cuatro hijas de Trinidad Ruiz, mejor conocido como “Trino”, un reconocido jeepero que murió en un accidente hace cuatro años. Desde entonces, su tumba se ha convertido en punto de reunión para los muchos amigos que tenía.
“Pues, en caso de que exista la otra vida y ellos vienen, que mi papá tenga muy bonito y decorado cuando venga, y que esté alegre, para que todos los que vengan tampoco estén tristes”, comentan.
“Nos gusta estar aquí un rato decorando, sentirlo cerca. Ahorita ya vienen llegando más familiares y amigos”.

No había manera de perderse: este 2 de noviembre, el aroma de millones de flores llevó a los saltillenses a los panteones.
Alrededor de Jardines de Santo Cristo se instalaron decenas de florerías con rosas, cempasúchil, claveles, girasoles, crisantemos, lirios, nubes, terciopelo y alhelí, como explica el señor Óscar, vendedor de flores.
“Gracias a Dios va bien, tenemos mucha gente. Yo vengo de Hidalgo y aquí vengo nada más la temporada de flores a vender; ya tengo tres años viniendo”, comenta.
“Tengo lilis, tengo rosa, de todos los colores, de todas las flores tengo, no nos falla nada”.
Martha García es una mujer entusiasta y emprendedora que aprovechó la fecha para instalar su negocio. Cuenta que el domingo 1 de noviembre hubo mucha más gente.
“El cempasúchil en 70 y los ramitos en 200”, relata. “Estoy desde el sábado, domingo y hoy. Ayer, porque fue domingo, hubo más movimiento, porque la gente descansa y puede venir para acá”.
El camposanto luce colorido y festivo, pero en el ambiente flota la tristeza por quienes ya no están. El llanto brota mientras se acomodan las flores y las palabras se entrelazan con un nudo en la garganta.
Hay quienes dicen que la palabra portuguesa saudade es intraducible, pues reúne una mezcla de nostalgia, añoranza y anhelo. Y sí, es probable que no sepamos explicarla, pero conocemos ese sentimiento profundo: el de limpiar la tumba de una madre, de un hermano o de un hijo, recordando que alguna vez estuvieron aquí y sabiendo que no van a regresar.
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