Me acuerdo cuando empezó toda esa fiebre por la Kings League. Abría Instagram y ahí estaba, entraba a YouTube y también; todo mundo hablaba de un torneo de futbol con influencers, reglas raras y presidentes de equipos que tenían más seguidores que algunos clubes profesionales.
Y yo, sinceramente, no terminaba de entender por qué tanto hype.
Un torneo de futbol siete, con cartas secretas, goles que valían doble y creadores de contenido creyéndose directores deportivos, eso parecía una mezcla entre FIFA, un reality y una reunión de amigos. Pero funcionó.
En 2023, la Kings League, creada por Gerard Piqué, consiguió reunir a 92 mil 522 fans en el Camp Nou y superar los 2 millones de espectadores conectados en su primera final. Una competición recién nacida estaba llenando uno de los estadios más importantes del mundo.
Entonces pensé: Piqué no estaba reinventando el futbol, estaba reinventando la forma de venderlo. ¡Y vaya que había encontrado un mercado!
Durante años, el futbol construyó su negocio con base en tradición. Los aficionados heredaban equipos, compraban camisetas y desarrollaban una lealtad que sobrevivía incluso a temporadas horribles.
La Kings League apostó por algo diferente: la atención. En lugar de esperar años para construir una afición, invitó a personalidades como Ibai Llanos y otros creadores de contenido que ya tenían millones de seguidores.
No necesitaban convencer a la gente de conocer un equipo, bastaba con que quisieran ver a su influencer favorito. Era una estrategia comercial muy buena, pero tenía un problema: los seguidores eran de los creadores, no de los equipos. Y esa diferencia, aunque parezca pequeña, cambia el futuro de cualquier empresa. Porque una cosa es conseguir clientes y otra muy distinta es conseguir que se queden.
La Kings League comenzó a expandirse. Llegaron nuevas competiciones, torneos femeniles, campeonatos mundiales y operaciones en distintos países, incluido México. Parecía que todo lo que tocaba se convertía en oro.
Peeeero… existe una enfermedad bastante común entre las empresas que crecen demasiado rápido: confundir popularidad con rentabilidad.
En junio de 2026 comenzaron a hacerse públicos los problemas. La organización anunció una reestructuración que contemplaba el recorte de alrededor de 40 puestos de trabajo en España y pospuso hasta 2027 el regreso de su competición española, todo mientras sus ingresos seguían creciendo.
Según información por Cinco Días, la compañía consiguió levantar aproximadamente 110 millones de euros en financiamiento, pero todavía no lograba consolidar un negocio rentable. Rarísimo, ¿no?
Aquí encuentro tres grandes aprendizajes:
Primera: la novedad atrae, pero no siempre fideliza. Las reglas inesperadas, los goles dobles y los famosos funcionaron como un imán. El problema es que eso que nos sorprende 10 veces termina siendo normal a la undécima.
La Kings League quiso pelear con el aburrimiento del futbol tradicional con estímulos. Hoy tiene el reto de mantener interesados a espectadores acostumbrados a cambiar de entretenimiento con sólo deslizar un dedo.
Segunda: crecer no significa consolidarse. Abrir nuevos mercados, lanzar productos y contratar más personal puede producir una sensación de éxito. Pero si el negocio no genera suficiente dinero para sostener su propia operación, cada expansión se convierte en una carga. No es lo mismo tener una empresa grande que tener una gran empresa.
Tercera: una comunidad prestada no sustituye una identidad propia. El Real Madrid puede tener una temporada horrible (como de costumbre) y sus aficionados seguirán siendo madridistas. Pero, si mañana un influencer deja de participar en el proyecto, ¿cuántos seguidores se quedan por verdadero cariño a la institución? Esa es una de las preguntas más importantes que enfrenta la Kings League.
Y tampoco sería justo declararla muerta. En México y Brasil continúa, y la organización busca reinventar su formato internacional. Personalmente, se me hace que la Kings League merece reconocimiento. Identificó una necesidad, reinventó una industria y demostró que incluso el futbol puede innovar sus propias reglas.
Nos encantan los negocios que nacen de la noche a la mañana. Lo complicado viene cuando se apagan las cámaras, la novedad y toca pagar la nómina.
El verdadero reto no es únicamente llamar la atención. Se trata de construir algo que siga teniendo valor cuando dejamos de ser tendencia.
La Kings League ya demostró que puede con el algoritmo. Ahora le toca demostrar que puede sobrevivir cuando el algoritmo se aburra de ella.
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