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Coahuila

Recuperar la voz

Por Susana Cepeda Islas

Hace 6 horas

Imagine que tiene un día tranquilo y realiza sus actividades cotidianas. Llega a casa, abre el refrigerador y toma algo para comer y beber. De pronto, se escucha un ruido estremecedor en la puerta: alguien la ha derribado y varias personas irrumpen en su hogar. Entran violentamente se apropian de todo lo que hay en él y lo despojan de sus pertenencias. Finalmente es expulsado de su casa. Después, ellos cambian los muebles, redecoran los espacios y olvidan que alguna vez tuvo otro dueño. Ahora es un intruso que no merece estar en ese lugar. ¿Cómo se sentiría usted?

Algo parecido ocurrió con los pueblos originarios cuando los colonos británicos llegaron a los territorios que hoy conforman Estados Unidos. Encontraron una tierra habitada por cientos de pueblos y naciones indígenas. Eran magníficos cazadores y recolectores, cultivaban maíz, frijoles y calabazas. Tenían sus propias lenguas, culturas, tradiciones y formas de organización. Sin embargo, estos pueblos fueron víctimas de procesos de persecución, desplazamiento, despojo territorial y exterminio. Muchos de sus descendientes viven actualmente en reservas y comunidades indígenas distribuidas por distintos puntos del país.
Actualmente constituyen una minoría de la población estadunidense. La sociedad es resultado de una compleja mezcla de ascendencias europeas, latinoamericanas, asiáticas y africanas, entre otras. La presencia indígena permanece viva a través de sus comunidades, culturas y tradiciones. Estados Unidos reconoce federalmente a cientos de tribus indígenas.

El 3 de noviembre de 2026, los votantes estadunidenses hicieron historia, los demócratas arrasaron, fueron electas cuatro mujeres para gobernadoras. Una de ellas llama especialmente mi atención Deb Haaland, quien se convirtió en la primera mujer nativa estadunidense en ser elegida gobernadora de Nuevo México. Su triunfo tiene un significado especial, es miembro de la tribu del Pueblo de Laguna y pertenece a una familia con 35 generaciones de raíces en ese territorio.

Haaland nació en Winslow, Arizona, tiene 65 años. Es una mujer luchona, que trabajó desde joven en una panadería. Fue madre soltera, esa situación no le impidió continuar con sus estudios. Obtuvo una licenciatura en Inglés por la Universidad de Nuevo México y, posteriormente, el título de Juris Doctor en Derecho Indígena por la Facultad de Derecho de esa misma universidad.
Coincido con los analistas políticos que consideran que su llegada al Gobierno representa un acontecimiento histórico para la representación de los pueblos indígenas. Su elección también constituye un símbolo de resistencia frente a las actuales políticas federales que afectan a las comunidades más vulnerables. Haaland ha manifestado proteger los programas sociales básicos, comprometiéndose a: evitar que los habitantes de Nuevo México pierdan el acceso a los servicios de salud pública. También buscará los mecanismos necesarios para que el Gobierno federal cumpla con sus obligaciones financieras con el estado.

Una de sus principales preocupaciones es el elevado costo de la vida, que dificulta a las familias trabajadoras pagar renta o una hipoteca y cubrir sus necesidades básicas. Por ello, se propone impulsar estrategias que permitan reducir esa carga económica. También pretende fortalecer los programas de prevención y atención de las adicciones, combatir la delincuencia y atender las causas que originan la violencia.

En estos tiempos en los que algunos políticos parecen empeñados en profundizar la polarización de la sociedad, resulta indispensable contar con liderazgos como el de Deb Haaland. Su elección representa una oportunidad para impulsar una visión política progresista, defender los derechos de las comunidades y enfrentar con determinación las políticas restrictivas. Gobernar exige valentía, inteligencia y, sobre todo, sensibilidad para comprender las necesidades de la población.

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