Sociedad
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Redacción
Publicado el viernes, 25 de marzo del 2011 a las 15:00
La Salud | México, DF.- ¿Cómo pueden asegurarse los padres u otros parientes de discapacitados internados en instituciones de que su hijo o hija no sufrirá abuso sexual?
Los padres necesitan mucho tacto. Ellos son conscientes de que estos niños necesitan un apoyo especial y que entre los asistentes y ellos existe siempre un desequilibrio de poder, además de que los niños tienen confianza en las personas que los cuidan.
Sin embargo, los padres deben estar siempre muy atentos, deben escuchar detenidamente al niño y en caso de cambios de conducta, ponderar con gran sensibilidad qué podría esconderse detrás de ese cambio. Si tienen una sospecha, de todos modos deben ponerse en contacto con las autoridades de la institución. También las personas con una discapacidad reaccionan de manera muy diferente. Algunos tal vez dejan de hablar, se retraen porque se avergüenzan. O cambian su postura corporal, quieren vestir de otra manera, tienen problemas para conciliar el sueño, mojan la cama, etc. Hay muchos indicios que, sin embargo, no tienen que dar cuenta necesariamente de un abuso y por ello pueden ser interpretados de diferente manera.
No obstante, se debe ser consciente que hay personas con discapacidades, en parte graves, que fueron afectadas por los abusos, lo que hace la tarea y la comunicación todavía más difícil. Lo que es claro es que cuando las personas encargadas del cuidado perciben que algo no anda bien, deben tomar los indicios muy en serio. Claro que sí. La actitud frente a la propia sexualidad y el propio cuerpo es una parte sustancial del trabajo de sensibilización con las personas discapacitadas. Es clave que aprendan a decir no’. Es de gran relevancia y es un tema presente. Pero no hay que olvidar: ¿Qué hace usted con una joven de 20 años que tiene las facultades mentales de un niño de un año? Las personas con discapacidades necesitan del contacto cercano, como cualquier otra. Por ello, el tema de cercanía y distancia se aborda específicamente en las reuniones del equipo. Se discute cómo se pueden manejar profesionalmente ciertas situaciones y dónde están los límites. Sí. En las instituciones hay normas vinculantes sobre el tratamiento de la cercanía, la distancia y la sexualidad. Las conocen los empleados y las empleadas y las transmiten a los moradores del hogar. Este sería un método seguro, pero hasta cierto punto. Se recuerda el caso de cuatro empleados de un hogar de cuidados en Zúrich que humillaron a personas y las filmaron. O sea, la presencia de otro empleado no ofrece una garantía. Además hay que considerar que la presencia de otra persona, además del cuidador, no es siempre agradable.
Actualmente es una medida estándar que se realice la limpieza íntima solamente con las puertas abiertas. Eso debería desanimar a los potenciales agresores, que saben que en cualquier momento puede entrar alguien.
Pero cuando está presente una sola persona esta medida de seguridad no sirve para nada. Y, por cierto, es una cuestión de la disponibilidad de recursos: controles mejores y más frecuentes son posibles solamente cuando se puede emplear a más personal. Pero para ello se necesitaría más dinero.
¿Cómo se libera a una persona discapacitada mental del trauma del abuso sexual?
Tampoco en este caso hay una panacea. Discapacitadas o no, las personas reaccionan de manera diferente ante el abuso sexual.
¿Cómo pueden notar los padres u otras personas de contacto que se cometió algo contra un discapacitado cuando esta persona, por ejemplo, no puede hablar?
¿Cómo se puede comprobar la credibilidad de declaraciones incómodas de los discapacitados? ¿Es posible realmente?
¿Se discute sobre las conductas extrañas en las reuniones de personal?
¿La actitud frente a la sexualidad está, por principio, reglamentada en los hogares de cuidado?
¿Sería posible que, por ejemplo, evitar que una persona sola haga la limpieza íntima de los
pacientes?
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