Espectáculos
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Redacción
Publicado el lunes, 28 de marzo del 2011 a las 15:00
Eugenia Flores Soria | Saltillo, Coah.- “La lectura tiene, de alguna forma, cierto grado de inutilidad”, sentenció el escritor Juan Domingo Argüelles. Quizá esta afirmación parece un tanto escandalosa. Las personas estamos acostumbradas a escuchar frases como “leer es bueno”, “la lectura nos hace mejores seres humanos”. Pero, el literato, a través de un nutrido ensayo, cuestiona estos lugares comunes y un sin fin de clichés que existen en el mundo de la literatura. Con una prosa amena, afable e inteligente, el autor propone sus ideas en “Escribir y Leer con los Niños, los Adolescentes y los Jóvenes”. La obra lleva por subtítulo: “Breve Antimanual para Padres, Argüelles aborda algunas creencias equivocadas que gozan de gran predicación: “Entre más libros leas, más sabes”, o “Querer iniciar a los niños con ‘El Quijote’ y demás clásicos”, “Asumirnos como modelos de perfección porque leemos” o “Exigir a todos los lectores que comprendan el mismo texto”. A través de citas y frases enunciadas por célebres escritores y filósofos, el autor sostiene su discurso que rompe con muchos estereotipos que la gente tiene sobre la lectura. Una de sus ideas principales es que “no olvidemos vivir”.
Por eso el escritor redactó un “antimanual”: “Lo que hay o abunda son manuales. Los manuales están hechos de recetas y de fórmulas aparentemente infalibles para hacer algo. Si usted cumple con todos los preceptos que están establecidos en un manual se supone que va a conseguir un objetivo y va a lograr un producto tal como lo indica ese manual. En mi caso es un antimanual porque no da recetas para hacer lectores, no hay fórmulas para eso porque los lectores no se producen en serie. Lo que hay, obviamente, es un libro de reflexión con una serie de consejos, yo creo sensatos, y razonables sobre lo que no deberíamos hacer”, explicó Argüelles.
Sobre la lectura, el escritor opina que el mejor motivo para leer es por placer, ya que las lecturas impuestas y obligadas no funcionan.
“Tendrían que distinguirse dos tipos de lectura: la lectura instrumental, interesada, es aquella que realizamos para seguir escalando en los distintos niveles de escolarización”, especificó el autor. “Tenemos que plantearnos también la lectura autónoma, o bien, en este caso, la lectura por placer. Ésta nada tiene que ver con la lectura que ejercemos para pasar exámenes. Los conceptos que está manejando el sistema educativo son erróneos. Hablan de la lectura para adquirir conocimientos y una serie de cuestiones que obviamente sí se cumplen. Pero en general, cuando se lee autónomamente no se lee con ese propósito. Por supuesto que con la lectura adquirimos un mayor grado de conocimiento, enriquecemos nuestro vocabulario, y tenemos muchas posibilidades de enriquecer nuestra existencia. Pero en un principio no leemos por eso, sino porque nos gusta”, confesó.
¿Entonces cómo generar este “gusto” por leer? Aunque el escritor reconoce que la escuela enseña a “memorizar” y no tanto a reflexionar, existen algunos caminos para lograr este codiciado objetivo: “Tendríamos que conseguir una escuela que enseñe a pensar. Hemos tenido una escuela que enseña a memorizar, que no es analítica, que no enseña a dudar a los alumnos. Es difícil plantearnos el cambio radical e inmediato, pero lo que sí sería factible es que la escuela comience a propiciar una lectura que no sometida a la calificación”. “Un promotor de lectura tiene que ser un lector, antes que cualquier otra cosa. Ser lector no significa leer cientos o de miles de libros. Puede ser un lector que ha disfrutado una decena de libros y que gusta de compartir y reflexionar sobre ellos con los demás”, explicó. Esta actitud desdeñosa, aseguró el autor, no le ayuda a nadie en su proceso de convertirse en lector: “Los libros en realidad son una parte de los disfrutes, no sustituyen a la música ni al cine o a la pintura. Sencillamente tienen la posibilidad de alimentar todo esto”. “El problema no es únicamente de lectura, es un problema socioeconómico y educativo. La gente lee estos libros porque su nivel socioeducativo está dirigido a esto”, finalizó.
Maestros y demás Adultos”.
Y si no leo, ¿qué?
Argüelles comentó que así como las personas tenemos derecho a leer, también tenemos derecho a “no leer”. El autor se refiere a los maestros que obligan a sus alumnos a tragarse libros difíciles y densos. Según el ensayista, para promover el gusto se necesita, por lógica, estar contagiado de la pasión lectora.
‘Bibliólatras y dogmáticos, abstenerse’
Argüelles está en contra de ese “concepto despreciativo que se tiene hacia las personas que no leen “los clásicos” y se dedican a obras “ligeras”. Los libros de entretenimiento consiguen que el lector se entrene de alguna forma y comience a leer cosas sencillas para llegar a libros más complejos”.
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