Coahuila
Por
Infonor
Publicado el lunes, 9 de mayo del 2011 a las 00:09
Sabinas, Coah.- Con la recuperación de los cuerpos de Eleazar López González, Nestor Manuel Carmona y Juan Alberto Sifuentes Avila durante la noche del sábado, terminó la búsqueda que se prolongó por cinco días, desde que el martes, cerca de las ocho de la mañana, hubo una explosión dentro del pozo 3 en el ejido Sabinas.
Fue Juan Alberto Sifuentes Avila el último en ser llevado a la superficie, ya en la madrugada del domingo. No salió sin embargo por el tiro vertical del pozo 3, por donde cinco días antes había entrado a trabajar, sino por el pozo uno, con el que el jueves se logró una interconexión para mejorar la ventilación y acelerar los trabajos de retiro de escombro.
El martes, con Juan Alberto llegaron a trabajar un hermano, Julio César, y un cuñado, Juan Carlos Escobedo Chávez. A Julio lo encontraron en la madrugada del viernes y a Juan Carlos en la tarde de ese día.
Los hermanos Sifuentes, su cuñado Juan Carlos, y doce hombres más, uno de ellos de apenas 15 años, formaban el turno de trabajo que el martes 3 de mayo, día de la “Santa Cruz”, trabajaría en dos de los cuatro cañones del pozo 3.
El menor, Jesús Fernando Lara Ruiz, fue el único sobreviviente. Estaba trabajando al exterior del pozo cuando ocurrió la explosión, incluso algunos metros por sobre la superficie, en el capacete donde se vierte el carbón que es extraído en el mismo tambo en que los mineros entran a trabajar y suben cuando termina su jornada diaria.
Jesús Fernando tuvo serias lesiones en su brazo izquierdo, que le fue amputado a partir del antebrazo, y quemaduras internas en la garganta, por lo que luego de recibir la primer atención médica en la clínica del IMSS en Nueva Rosita, fue trasladado al Centro Médico de Occidente, en Guadalajara, donde recibió atención especializada y se espera que sea dado de alta el lunes.
Y si allá arriba la onda expansiva alcanzó y daño al menor, dentro del pozo el efecto habrá sido fulminante para Leobardo Sánchez Santos; Mario Alberto Anguiano Montes; Isaías Valero Pérez; Julio César Reséndiz Domínguez; Reyes Franco García Cruz; Eduardo Sánchez; Julio César Sifuentes; Juan Carlos Escobedo; Santos Vallejo Ríos; Rogelio Robledo Esquivel; Hermilo Pérez Mandujano; Eleazar López González; Nestor Manuel Carmona Martínez y Juan Alberto Sifuentes Ávila.
El Director de la Escuela Superior de Ingeniería Adolfo López Mateos, de la Universidad Autónoma de Coahuila, en Nueva Rosita, Luis Fernando Camacho Ortegón, en entrevista con Infonor, aseveró: “No sufrieron, no hubo tiempo de nada”.
Explicó: “Es que el choque de la onda expansiva aturde inmediatamente el oído de las personas, esa onda produce un aumento en la presión atmosférica muy grande y a las personas las sofoca, lo tumba, ya pasaron cinco segundos y las personas no saben qué pasó, viene el caído y la persona está inconsciente”.
Cuando el incendio se genera, añadió, las personas están inconscientes, algunas probablemente muertas ya, y la flama alcanza temperaturas muy altas de hasta mil grados, todo en unos 15 segundos, apunta Camacho Ortegón.
ANGUSTIOSA ESPERA
Apenas conocida la noticia de la explosión en el pozo 3, autoridades de diferentes niveles comenzaron con los operativos para determinar, primero, las condiciones en que había quedado el pozo, y comenzar la búsqueda de quienes quedaron atrapados, aunque por el tipo de accidente desde el principio el pronóstico era poco optimista.
El pozo tres tiene un tiro vertical de 58 metros, que termina en la plancha, una superficie en forma de media luna, desde la que parten cuatro cañones, en los cuales se extrae el carbón del yacimiento.
Los mineros trabajaban en dos de los cañones, que quedaron obstruidos, al igual que la plancha, por toneladas de escombro producto del derrumbe.
Aún así, la noche del mismo día de la explosión, el martes, habían sido localizados cuatro cuerpos; luego se encontró uno más en las primeras horas del miércoles.
A partir de ahí se dificultaron los trabajos, pues además del daño que dejó la explosión, se comenzaron a dar filtraciones de agua que volvieron inestable el terreno y elevaron el riesgo para las brigadas que laboraban al interior.
Entonces se decidió interconectar con el pozo uno, para mejorar la ventilación y acelerar el retiro de escombros, lo cual se logró en la madrugada del jueves, y horas después se localizó el sexto cadáver.
El séptimo fue encontrado en la madrugada del viernes; el octavo, a las 18:00 horas del viernes, el noveno poco antes de las ocho de la noche, y el décimo y onceavo pasadas las 22:30 horas. Los últimos tres en la noche del sábado.
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