Espectáculos
Por
@Frank Estrada
Publicado el miércoles, 10 de diciembre del 2008 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Los grandes maestros de la pintura del siglo 20, o nacidos entre siglos, transitaron por prácticamente todos los estilos pictóricos que el mundo tuvo a bien ofrecerles. Sólo los grandes maestros, porque no todos acudieron al llamado. Rubén Herrera está inscrito en esa lista.
Dueño de un lenguaje singular, moldeado por los diversos estilos que aprendió en Europa, particularmente en Italia bajo la tutela del pintor catalán Antonio Fabrés, Rubén Herrera es una referencia obligada del arte pictórico mexicano del siglo 20.
Trazo emocional
Nuestra ciudad le debe la idea misma de lo vanguardista: la necesidad de importar estilo, pero asimilándolos no a una propuesta de arte nacional, sino personalísima, sello que distingue los trazos emocionales del maestro saltillense, su manera singular de percibir la realidad, una en la que cada entidad resulta entrañable.
La prueba de la maestría de Rubén Herrera, su dominio de diversos estilos, materiales y su inquietud por temas tan variados se puede encontrar en la muestra permanente que alberga el Museo Rubén Herrera, a cargo del Instituto Municipal de Cultura.
Aunque predominan los retratos y el naturalismo (entendido como la recreación casi al carbón de una escena real), cada obra presenta un matiz que la vuelve particular.
Tal es el caso de “Bolero en la Fuente de Trevi”, donde lo que llama la atención de inmediato es el fragmento elegido. Es decir, un pintor naturalista habría preferido retratar a la Fontana en todo su esplendor. El maestro saltillense elige a un personaje que por su constitución visual se convierte de inmediato en un entrañable.
Ensayos magistrales
La muestra se adereza con diversos ejercicios que nada tienen de trazos tímidos, sino auténticos estudios fisonómicos y visuales. Así el caso de “Pies” o “Estudio de las Manos”. El primero, coquetea con lo abstracto a pesar de que los pies retratados son totalmente figurativos.
Sus óleos de gran formato, llenos de movimiento y sugerencias emotivas, son dignos de ver no como piezas frías al estilo de los retratos de época, sino como propuestas dinámicas, antecedidas por una mirada que parecía extraer con una facilidad inédita el genuino aliento de las cosas.
Con Rubén Herrera no se nos vendió la idea de que nuestra ciudad albergó a un gran maestro para añadir estatuas a nuestra historia. No: la maestría es comprobable y la muestra puede observarse en el Museo Rubén Herrera, ubicado en la calle General Cepeda número 105, esquina con Juárez.
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