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Apuesta por la familia

  Por Edith Mendoza

Publicado el sábado, 21 de abril del 2012 a las 14:00


Las limitaciones físicas de sus hijas no impidieron que las sacara adelante

Saltillo.-El día en que nacieron las gemelas Estefanía y Paulina el pronóstico era muy poco alentador. Hoy, 20 años más tarde, son atletas paraolímpicas con decenas de medallas en las paredes de su casa y reconocimientos de excelencia académica. Su heroína viste holgado, usa lentes y lleva el negro cabello hasta los hombros, se trata de su madre, Ana Isabel Acevedo Ramos.

En 1992 esperaba con ansia la llegada de sus hijas. Sólo sabía que se trataba de uno de alto riesgo. Hacía unos años habían muerto sus recién nacidos gemelos también en un embarazo complicado. Esta ocasión sufrió una tromboembolia pulmonar que casi le ocasiona la muerte, por lo que estuvo en coma por unos 5 días, y el resto del embarazo en reposo absoluto.

Cuando dio a luz, los pies en posición invertida de Paulina alarmaron a Ana. Le diagnosticaron pie equinovaro bilateral, es decir, una luxación de cadera congénita, y el fémur se encontraba fuera de lugar. Tuvo que usar aparatos que sostenían las piernas extendidas hacia los lados, pero no servían de nada. Entonces era atendida en el IMSS. Ideó formas para lograr que fuera avanzando, que funcionaron mejor que las recomendaciones del instituto.

Los especialistas no sabían mucho sobre la situación de Paulina. En sus primeros días aún se encontraba en posición fetal, manos cerradas, una pierna sobre la otra, no se le veían las rodillas y muy baja de peso, entre otras complejidades.

En este proceso, Ana se vio obligada a dejar su vocación por la investigación biológica, su maestría y su doctorado, para dedicarse a las terapias y tratamientos de sus hijas. El acompañamiento de su esposo terminó casi desde entonces, por lo que tuvo que enfrentarse sola.

Hasta los siete meses, artrogriposis múltiple congénita fue el diagnóstico de Estefanía. El padecimiento se manifiesta con afectaciones en todas y cada una de las articulaciones. El tiempo de vida que le daban era poco.

“Si yo me quedo con eso, pues dejo que Estefanía se muera, o dejo que Paulina se quede con los pies chuecos, la vida no es así, hay que seguirle y buscarle soluciones posibles”, comentó Ana. Trató de todo. Desde delfinoterapia, Teletón, DIF, equinoterapia, hasta que llegó a la natación.

Lucha incansable

Donde encontraba un “imposible” por respuesta, aguerrida por el bienestar de sus hijas, lo hizo posible. Como a la hora de buscar educación inicial para ellas, que le fue negada en un buen número de instituciones educativas, tanto públicas como privadas.

Las limitaciones físicas de casa con el tiempo se fueron subsanando con barras, puertas amplias y rampas, pero al salir a la calle también se encontraban con eso a cualquier lugar al que iban, con escalones convertidos en montañas, e infraestructuras construidas entre las limitaciones del recurso, y carentes de sensibilidad por las personas con discapacidades motrices.

La fuerza de los cromosomas equis no lo son todo, pero le proporcionaron la determinación de su amor maternal, que resultó muy pesado para el padre. Actualmente combina su labor de madre con la docencia en la Alianza Franco Mexicana del grupo de La Salle.

Hoy en día, Estefanía igual baila hawaiano que participa en competencias de natación, su pasión son sus amigos y su familia. Su silla de ruedas no es una limitante ni a la hora de bucear y relacionarse incluso en idioma inglés.

Paulina, por el contrario, es la estudiosa de la familia. Fue reconocida por excelencia educativa en matemáticas, y ganó la prueba de Ceneval.

Y es que qué mejor forma de apoyar a los hijos que respaldando sus proyectos. Ana Isabel dejó su vocación de investigadora en biología, para encontrar la forma de “proporcionar a los hijos una base y que ellos tengan una buena comunicación y actitud humana”.

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