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“No regresen a México”

  Por Silvia Mancha

Publicado el jueves, 1 de enero del 2009 a las 15:43


La situación en el país se ha vuelto muy difícil y prefiere sacrificarse a no verlos a ellos y a sus nietos a cambio de que esté

Monclova, Coah.- Aunque los migrantes se las es-tán viendo duras en Estados Unidos ante la crisis económica y a pesar que tiene siete años separada de sus hijos, Doña María Candelaria Ramírez Rivas, de 44 años, les recomienda a sus hijos que no se muevan de allá porque acá en México está peor.

Doña Candelaria y sus hijos tienen puestos sus sueños en que “supuestamente el negrito (Barack Obama) una vez que asuma como presidente de los Estados Unidos, les va a arreglar, por eso les pido que no se muevan de allá”, dijo.

Y es que Doña Cande, como se le conoce en la colonia Borja, ya está viendo las calamidades que pasa su hija Rocío y sus cuatro niñas, que después de seis años de vivir en Estados Unidos, tuvieron que regresar a vivir a Castaños, Coahuila luego que Joaquín fue deportado.

Doña Candelaria comentó que extraña mucho a sus hijos Víctor y Junior, pero que prefiere que se queden en Estados Unidos para evitar que vivan problemas similares a los de su hija Rocío.

Comenta que desde que su yerno Joaquín fue deportado sigue sin poderse acomodar en una empresa, por lo que anda en la obra donde le pagan apenas 900 pesos que no alcanzan para mantener a las cuatro niñas.

Todos los hijos de Doña Candelaria tienen en común que se fueron en busca de conseguir el sueño americano, obligados por la falta de fuentes de empleo en la ciudad.

Víctor fue el primero en decidirse. “Se fue de mojado, Dios lo ayudó porque a la primera llegó, pasó abajo del tren, ganchados, pa’ que no los agarrara la migra, le digo yo, ¿no tenías miedo hijo? me dice que sí tenía miedo porque el tren iba a todo lo que daba, pero va uno con la esperanza de pasar allá, por eso se aguantó, con miedo y todo llegó”.

Dijo que ya en Estados Unidos, su hijo, que fue el primero de la familia en irse estuvo muy contento y al poco tiempo se lle-vó con él a su hijo más pequeño de cuatro años.

“Le ayudó un amigo negro que tenía un niño de cuatro años como él, a las cuatro de la mañana le dieron una pastilla al niño para que se durmiera cuando pasaron por el puente y gracias a Dios se pudieron reencontrar allá, me contó Rocío que lloró mucho porque jamás pensó que tendría a su hijo entre sus brazos”, narró.

Ante el éxito que tuvo Víctor, que pronto compró una traila de esas que tienen recámaras, cocina y sala y comenzó a enviar dinero para comprar una casa en Monclova, que comenzó a invitar a Joaquín y a Rocío a que se decidieran y fue así que los estiró, pero ellos no corrieron con igual suerte.

A Rocío le fue mal, sentencia con tristeza Doña Candelaria.

Dijo que el problema fue que Joaquín, el esposo de su hija tenía un ticket (algo similar a una infracción en México) que estaba pendiente y cuando lo detuvieron con algunas copas de más, lo deportaron, luego Rocío también se tuvo que venir a México.

“Allá en Estados Unidos ni batallaban, a Rocío el gobierno le daba 320 dólares por mes pa-ra las tres niñas nacidas allá, yo les digo que otra cosa hubiera sido si lo que ganaba Joaquín allá lo hubiera mandado para acá”, dijo.

Pero la historia fue otra, porque ahora que su hija regresó con poco dinero y sin un hogar propio donde vivir y a batallar otra vez para conseguir trabajo en México, por lo que esta familia no pierde la oportunidad de soñar en conseguir una segunda oportunidad de vivir el sueño americano a plenitud.

Y aunque vivir el sueño ame-ricano implique vivir separada de sus hijos y no evitar de repente dejar escapar las lágrimas por la nostalgia de saberlos lejos, Doña Candelaria prefiere el bienestar de su familia, al fin que como dice “ellos se fueron a ver si les iba mejor allá”.

“Yo les digo que no hay que perder la fe que pronto pudiera presentarse otra oportunidad de estar allá, Rocío me da la razón y me dice que es mejor allá que aquí, allá si no tienes que comer, con que vayas a una iglesia te ayudan y aquí no”, finalizó doña Candelaria, quien no pierde las esperanzas.

ç, “pero estaremos aquí al menos hasta julio”.

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