Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el viernes, 9 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo.- “Le cumplo a Dios la sentencia que sea necesaria, pero le pido que me cure y me deje vivir”, exclama de manera entusiasta, aunque durante algunos momentos parece deprimirse, cuando vienen a su mente los recuerdos de la segunda mitad del año pasado, una de los más difíciles de superar.
Trae consigo una bolsa de supermercado en la que guarda una toalla, jabón y un cambio de ropa y sólo espera la orden de los custodios del centro penitenciario para ser trasladado al Hospital Universitario de Saltillo, para realizarse los estudios que se han vuelto rutina desde el pasado mes de septiembre.
Sabino Rincón Tello no ha encontrado una explicación del porqué de su enfermedad, aquella que le hizo bajar de 110 kilos a 40 en tan sólo dos semanas, a causa de un linfoma maligno que le produjo cáncer en la sangre, “aquí ya me daban por muerto, y cuando me vieron entrar otra vez caminando, la raza se quedó sorprendida”.
Y es que luego de un tratamiento intensivo, el hombre pudo recuperar su salud, además del peso, el cabello y la fuerza que había perdido, “yo tengo muchas ganas de vivir y le pedí a Dios que me ayudara a sanar. Ahorita ya peso 82 kilos y sigo en proceso de recuperación, por eso me llevan cada mes al hospital”.
Se muestra optimista ante están nueva oportunidad de vida, pues aún desea ver crecer a sus tres hijos de 8, 6 y 3 años, conocer a sus nietos y llevar una vida tranquila, aun cuando la gravedad de su delito exige que cumpla 30 años de sentencia, “el error lo cometí hace 13 años, pero si Dios me curó es porque seguramente tiene todavía una misión buena para mí”.
Está consciente de que permanecerá durante muchos años más en el centro penitenciario, y aunque en un principio fue difícil acostumbrarse a las incomodidades del lugar y hacer conciencia por su agresión a la sociedad, los años terminaron por favorecerlo de manera moral.
“Me trajeron por homicidio calificado. Sí estoy arrepentido, pero tampoco me pongo rebelde, porque sé que debo tener un castigo por lo que hice. Sería ilógico que quisiera un perdón así nomás y que anduviera feliz de la vida, sabiendo que le hice mucho daño a una familia completa.
“Mucha gente se agüita cuando llega al penal, pero antes de que me dieran la orden de aprehensión, yo sabía las consecuencias, y nomás me quedé disfrutando de los últimos momentos en libertad que me quedaban, antes de que fueran por mí”, explica Sabino.
Es por eso que con el paso de los días, sigue pidiendo que su permanencia en el centro sea prolongada, pues eso querrá decir que su salud se encuentra en mejoría, y que aspira a tener una libertad con salud y en compañía de la familia que lo esperará con ansiedad en los próximos años.
El plazo se ha cumplido y es la hora de partir rumbo al hospital. Sabino se va con la esperanza de obtener buenas noticias y no se despide de sus compañeros, porque tiene la confianza de regresar en pocos días.
EN BREVE
» A sus 43 años, Sabino mantiene las ganas de vivir otros 43
» Enfermó de la sangre en septiembre del año pasado
» Tiene tres hijos
» Fue consignado por homicidio calificado
Notas Relacionadas
Hace 50 minutos
Hace 4 horas
Hace 4 horas
Más sobre esta sección Más en Seguridad
Hace 5 horas
Hace 6 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 14 horas
Hace 14 horas
Hace 15 horas
Hace 15 horas
Hace 15 horas
Hace 15 horas
Hace 16 horas
Hace 16 horas