Espectáculos
Por
Abdel Robles
Publicado el sábado, 10 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Si no hay nada nuevo bajo el sol, como dicta la sentencia shakespeariana, a los escritores les queda el plagio, disfrazado de influencia.
Entonces por plagio, en literatura, se entiende un fenómeno de intertextualidad, un diálogo, y también en cierta medida, un homenaje a otros autores. Y se advierte en la obra misma si al “plagiar” existe esta noble intencionalidad.
Prácticamente no hay escritor que no haya pasado por el análisis de plagios. Pero una cosa es la asimilación, y otra es el copy-paste, término designado por la crítica peruana ante el entonces probable caso de plagio contra Alfredo Bryce Echenique, fallado contra el mismo autor.
El plagio tiene una tipificación jurisprudencial muy específica, pero con recursos retóricos como la paráfrasis, o de estilo como las cursivas, o la apelación a una interpretación distinta del texto se suelen sortear demandas de plagio.
La agravante en el caso de Alfredo Bryce fue el descubrimiento de párrafos o frases copiadas “verbatim” para sus columnas en el diario “La Vanguardia”, que fueron descubiertas como propiedad de otros articulistas menos conocidos.
En total se llegaron a formular 16 casos, que ayer fueron ratificados por una corte en Lima, Perú. Al margen de la gravedad del caso, más ha alarmado la actitud del escritor ante este escenario. Su defensa desesperada levantó siempre sospechas en lugar de apaciguarlas.
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