Clasificados
Por
Carmen Villa
Publicado el domingo, 11 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Yaneth, una joven de 15 años, cuenta los días que ha estado fuera de su hogar, lleva 22 días. Aprendió a ganarse la vida desde los 12 y el día de hoy es una refugiada más, pues fue despojada de su hogar en la colonia Las Candelarias.
Yaneth Martínez Aguilar es reservada y oculta la tristeza en su rostro bajo el gorro que lleva puesto, y a pesar de la tranquilidad en sus facciones su voz delata la angustia.
“Llegué a la colonia cuando tenía cinco años, ahora estoy aquí, pero qué le puedo hacer”, comentó la joven sin ganas de revivir el momento del desalojo. “Acabé la primaria y me puse a vender como mis padres”, comentó.
El albergue está divido en 11 cuartos, en los cuales se distribuyen nueve camas y llega a haber hasta cinco familias en un cuarto. Por la gran cantidad de personas que se albergan en las habitaciones es común que se pierdan cosas, como cobijas, ropa o productos que las personas venden.
Mientras ella espera en la habitación número 7 del albergue ubicado en el parque Venustiano Carranza, sus padres salen a la ciudad a vender dulces, negocio que sustenta a la mayoría de los refugiados.
La lejanía del albergue en el que hoy se encuentran impide que los niños de esta colonia asistan a la escuela, la primaria a la que la mayoría de los niños asisten es a la Francisco Coss Ramos. Por lo pronto, los dos hermanos pequeños de Yaneth: César, de 7 años, y Perla, de 9, acompañan a sus padres en las jornadas de trabajo que inician a las 9:00 de la mañana y finalizan a las 21:00 horas.
Aunque Yaneth no tiene con quién platicar de la situación que está viviendo, espera que sus hermanos menores salgan adelante y estudien una carrera. “Cuando no quieren hacer su tarea les digo que estudien para que sean alguien en la vida”, expresó la joven, quien admitió que ella también tuvo un sueño. “Quise ser licenciada, abogada, pero no pude, lo que quiero es ayudar a mis hermanos para que ellos no sean vendedores como nosotros, quiero que sean algo”.
‘NO NOS QUIEREN PREOCUPAR’
Mientras algunas personas salen a buscar el pan diario, también se encuentran otras que esperan que la comida llegue a ellas. “una señora compró 300 pesos de comida y no nos dio, yo digo que es envidiosa”, expresó una mujer furiosa.
Mientras las quejas de estas personas resonaban fuerte, las risas de los niños se escuchaban a lo largo del corredor de este albergue.
Aunque Yaneth no se quejó del estado en el que vive, ella simplemente espera ser ayudada, desea un lugar donde establecerse.
“Me veo con mi propia casa y mi terreno, viviendo bien con mi familia, quisiera no andar de albergue en albergue”.
Aceptando la situación en que vive y sin nadie que la escuche, la chica comentó que la plática de lo que se va a hacer en su familia no se ha dado. “Mis papás están preocupados, no nos dicen nada, por fuera parece que no les afecta, pero yo sé que sí y no nos quieren preocupar”, concluyó.
Como Yaneth, se encuentran más jóvenes que, a pesar de su soledad, esperan la resolución del estado familiar y emocional en el que se encuentran, por lo pronto hay que hacer fila cada día para tomar un baño, cuidar las cosas para evitar que desaparezcan y para los familiares no queda de otra que salir día a día a trabajar o esperar que la comida llegue gratis.
Más sobre esta sección Más en Clasificados