Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el jueves, 15 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Sabe que ni todas las lágrimas ni todos los lamentos que pueda emitir le servirán para causar lástima y llamar la atención de las autoridades para recuperar su libertad, por lo que se dice dispuesto a cumplir la sentencia que se le imponga y responder frente a frente con el castigo derivado por un robo que considera irrelevante.
No obstante, en delitos comunes como el robo simple, la historia se ha repetido en un sinfín de ocasiones, en donde al delincuente perdonado le basta un par de horas para “regresar a las andadas” y cometer cuantas veces pueda ese malestar hacia la sociedad.
Se trata de José Luis Valdés Márquez, quien llegó hace tres meses al Centro de Readaptación Social por robo simple, advirtiendo que no comentará ni una sola palabra sobre el hecho. No obstante, explica que ésta no es la primera vez que llega a ese lugar, pues en ocasiones anteriores, se había involucrado en otros robos, por los cuales también recibió castigo.
Tal vez por la temporada invernal o probablemente por carecer de conocidos o “buenos cuates” en el centro penitenciario, los últimos meses han resultado dolorosos para José Luis, quien se compara con los que llevan años cumpliendo una sentencia, “todos sufrimos aquí adentro, pero otros al menos tienen la compañía de su familia”.
Esa es la razón por la que dice estar abandonado por sus familiares y sus amistades, quienes no han abierto un espacio en la agenda para visitar al maduro delincuente. “Aunque soy de Saltillo, no he recibido ni una sola visita y mi familia ni se acuerda que existo”, comenta con cierto coraje.
Sin embargo, sabe que sus anteriores problemas de drogadicción fueron en gran parte la causa que lo hizo pagar doble en este castigo: “Yo me drogaba mucho, me metía de todo y a partir de ahí, la gente que quería se fue alejando poco a poco de mí, y sólo me quedó mi mamá. Pero aquí nadie me ha venido a ver, estoy solo”.
De hecho, José Luis se compara con aquellos internos que son originarios de otros estados, quienes al menos reciben una llamada telefónica y una visita semestral de sus seres queridos. “Yo estuve casado hace muchos años, pero ya tengo como 4 años que no veo a mi ex esposa ni a mi hija Johana. No creo que sepan que estoy aquí.
“A nadie le importa que ya tengo como seis años sin probar nada de drogas ni que quiero salir de aquí para tener un trabajo digno. La verdad es que sí me gustaría volverme a casar y tener otra vez una familia. Cuando uno está en la cárcel es cuando aprende a valorar todo lo que allá afuera parece normal”.
La cámara fotográfica le advierte que ocupará un lugar en el periódico. “¿Otra vez en el periódico? Ya me voy a hacer famoso”, dice con cierto humor, cuando recuerda las notas que se publicaron al ser detenido y puesto a disposición de las autoridades.
Mientras espera una sentencia favorable, José Luis ha depositado su tiempo en el taller de carpintería, como la mayoría de los internos del centro penitenciario, donde fabrica cuadros de madera, artesanías y otros artículos de adorno. Para obtener dinero extra, también se pone a disposición de las visitas para realizar algún mandado a cambio de una propina.
EN BREVE
» Hace años que no sabe de su hija Johana
» Fue exitosa su rehabilitación después de ser drogadicto
» Reclama compañía de su familia
» Fue acusado por robo simple
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