Vida

Publicado el jueves, 29 de julio del 2021 a las 12:24
Londres.- ¿Quién diría lo que aquella boda emblemática entre la Princesa Diana y el Príncipe Carlos terminaría por significar en el mundo? Lo que debía ser un día especial, a la larga se tornó en el inicio de una larga polémica para la Familia Real, al grado de que su transmisión televisiva, una de las más vistas de la historia, se mantiene como un recordatorio de la parte más bizarra de la monarquía británica.
UN ROMANCE ¿REAL?
En la realeza, como en cualquier otra familia, no puede existir una boda sin un cortejo previo. En el caso de Carlos y Diana, ambos se conocieron en 1977, cuando él salía con la hermana de ella, Lady Sarah.
Carlos comenzó a tomar interés por Diana en 1980, cuando él se dio cuenta que ella lo miraba jugar al polo, tras lo cual la invitó a pasar un fin de semana en la costa británica de Cowes, abordo del yate Britannia.
Se estuvieron viendo durante un año, en el cual ella conoció a la familia de él: sus padres, la Reina Isabel II y el Príncipe Felipe, y su abuela, Isabel, la Reina Madre, hasta que el día anhelado llegó por fin: el 3 de febrero de 1981 Carlos pidió a Diana su mano.

La pareja mantuvo en secreto su compromiso en las semanas siguientes, y lo hizo público hasta el 24 de febrero, durante una entrevista exclusiva.
El anillo de compromiso de Diana estuvo compuesto por 14 diamantes solitarios que rodeaban un zafiro ovalado de 12 quilates engastado en oro blanco de 18 quilates, realizado por la firma de joyería de la realeza, Garrard.
Como festejo previo al gran evento, se realizó un baile de gala en el Palacio de Buckingham dos noches antes de la unión.
Para este momento, las cosas no iban bien entre Carlos y Diana, ya que ella contó tiempo después que la noche antes al festejo encontró un brazalete que su futuro marido le compró a su amante, Camila Parker, por lo cual quiso cancelar la ceremonia, aunque sus hermanas la hicieron desistir.
¡QUE SUENEN LAS CAMPANAS!
El 29 de julio de 1981, 3 mil 500 invitados fueron testigos de la unión real entre Carlos y Diana, que se llevó a cabo en Catedral de San Pablo; la pareja no eligió la Abadía de Westminster, lugar de muchas alianzas reales, porque la Catedral tenía más espacio y podían hacer una procesión por todo Londres.
El evento fue todo un agasajo tanto para los asistentes como para el público en general, ya que al menos dos millones de personas se alinearon en la ruta de la procesión de Diana hacia la iglesia, partiendo desde Clarence House. Fueron resguardada por 4 mil policías y 2 mil 200 oficiales de la milicia. La transmisión televisiva del evento tuvo una audiencia global estimada de 750 millones de personas.
Y no fue una celebración barata: se estima que el costo total ascendió a 57 millones de libras, lo que la ha convertido en la boda real más cara de la historia. Se estima que de ese presupuesto, entre 500 mil y 20 millones de libras fueron usadas nada más para los gastos de la seguridad.
A DETALLE
• La ceremonia fue armonizada por tres coros y tres orquestas, entre ellos el Coro de la Capilla Real, el Coro de Bach y la English Chamber Orchestra, que entonaron temas como “I Vow to Thee, My Country” y el Himno Nacional Británico (“God Save the Queen”).
• El vestido de Diana, valuado en 9 mil libras (un equivalente actual de 34 mil 750 libras), fue hecho en tafetán color marfil con encajes, bordado a mano, lentejuelas y 10 mil perlas, diseñado por Elizabeth y David Emanuel; incluyó una cola de 7.6 metros, y se realizó con los deseos de la propia Princesa.
• Siete miembros de la realeza británica fungieron como asistentes reales para la pareja: los pajes: Lord Nicholas Windsor (11 años) y Edward van Cutsem (8 años); damas de honor: Lady Sarah Armstrong-Jones (17 años), India Hicks (13 años); Catherine Cameron (6 años); Sarah-Jane Gasalee (11 años); y Clementine Hambro (5 años). Los equivalentes a padrino de boda fueron los Príncipes Andrés y Eduardo.
• Además de los familiares, miembros de la Mancomunidad de Naciones y mandatarios europeos (con excepción del Rey Juan Carlos I y la Reina Sofía de España), fueron invitados a la celebración los amigos de la pareja y hasta el personal de la guardería en la que Diana había laborado.
• Esta pareja inició la tradición real de aparecer en un balcón del Palacio de Buckingham ante la gente para dar su primer beso público real.
• Los recién casados recibieron diversos regalos por parte de los gobernantes internacionales, entre ellos un cuenco de vidrio grabado de Steuben por parte de Estados Unidos; un juego de muebles antiguos con un broche de oro, platino y diamantes por parte de Canadá; un reloj, brazalete, colgante, anillo y aretes de diamantes y zafiros a juego por parte del Príncipe Heredero de Arabia Saudita; entre otros.
EL PRINCIPIO DEL FIN
Cuando Diana y Carlos abordaron el tren desde la estación Waterloo hasta Romsey en Hampshire para iniciar su luna de miel, todo parecía idílico. Y durante un tiempo lo fue, porque su viaje duró varias semanas.
Tras partir en el British Royal Train + 975025 Caroline, la pareja viajó a Broadlands, donde la Reina Isabel II y el Príncipe Felipe disfrutaron de su primera noche de bodas en 1947; se quedaron ahí tres días.
Su siguiente parada fue Gibraltar, donde abordaron el yate real Britannia para un crucero de 11 días en el Mar Mediterráneo, con paradas en Túnez, Cerdeña, Grecia y Egipto; de ahí, se dirigieron a Escocia, donde la familia real se mantenía reunida en el Castillo de Balmoral, donde aparentemente finalizaron su recorrido.
Sin embargo, reportes de años posteriores informaron que la situación entre los dos ya era tensa, debido a que Diana no dejaba de sospechar que Carlos seguía teniendo afecto por Camilla; en una ocasión vio cómo fotos de ella cayeron del diario de su esposo. El resto de este cuento de hadas, como dicen, es historia.
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