Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Canelo Álvarez va por la revancha en Arabia Saudita: busca volver a ser campeón ante Christian Mbilli Nicaragua dice que Cuauhtémoc Cárdenas dejó un legado excepcional a los mexicanos El efecto Taddei Cierran vialidades en Piedras Negras por lluvias intermitentes Samsung multiplica por 15 sus ganancias en chips, pero decepciona a inversionistas

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Coahuila

A la jerarquía católica, en 1847, le importaban más sus bienes materiales que el destino del país

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 3 años

Estamos ciertos de que al abordar algún episodio sobre el comportamiento que los miembros de la trasnacional más antigua han tenido a lo largo de la historia de México, para algunas personas basta con asomarse al titular y proceder a descalificarnos, lo cual es muy respetable pues de leer nuestros escritos podrían cometer alguna falta relacionada con sus creencias.   Sin embargo, dado que nosotros no andamos en el negocio de promover interpretaciones de la fe, algo que consideramos muy respetable y del ámbito privado de cada uno, nos concretamos a mostrar, con información  dura, como esos habitantes del país han actuado en los momentos definitorios para nuestra nación. No tenemos necesidad de atacarlos, con mostrar sus acciones basta para que usted lector amable, pleno de objetividad, se percate de que en el comportamiento de esas personas la espiritualidad se fue de paseo, mientras que su lugar era ocupado por el materialismo. En ese contexto, nos permitiremos mostrar cómo, en la ciudad de México, el Cabildo Eclesiástico Metropolitano reaccionó ante las medidas instrumentadas por el gobierno de México para  poner en venta los bienes de manos muertas y hacerse de quince millones de pesos necesarios para adquirir pertrechos militares y poder enfrentar a los “visitantes” estadounidenses en 1847. Vayamos al texto elaborado por manos pías guiadas, solamente, por la espiritualidad.

Asumiéndose como el responsable de todos los bienes de la iglesia católica en México, en la edición de El Republicano, publicada el domingo 28 de febrero de 1847,  se leía que “el Cabildo no puede desentenderse de que le está entregando el sagrado depósito de los derechos y la inmunidad de la iglesia; de que no debe omitir diligencia para conservarlo intacto, y de que si resintiera algún perjuicio o menoscabo por su silencio, caería sobre él la más terrible responsabilidad, que amargando los últimos días de la vida de los capitulares, los presentaría reos ante el inexorable Juez de los hombres.” O sea que para esos señores el Gran Arquitecto estaba con libro en mano pendiente de como iban el negocio de bienes raíces en la tierra y en caso de que  no lo acrecentaran, o permitieran que se redujera, entonces con el dedo flamígero señalaba el camino al averno. Una muestra de cómo para  la jerarquía católica la espiritualidad era simplemente una fachada, lo importante era como la utilizaban para agenciarse bienes de cualquier tipo. Pero esto era apenas el principio.

El Cabildo solicitaba al Congreso que le permitiera presentar “los títulos de justicia con los que la Iglesia defiende sus bienes; que le exponga los males que las nación sufrirá si los ocupa; que se queje de los abusos que a la sombra de las indicadas leyes [las del 11 de enero y el 4 de febrero] se están cometiendo, y de las tropelías que a su nombre se han hecho sufrir a la Iglesia; que deplore ante la representación nacional la ruina de la capital de la república, que sufrirá todo el peso de esas leyes; y que en fin, a nombre de la Iglesia pida a la única autoridad que puede hacerlo, que evite tanta desgracia, y que haga cierto el artículo 3º de la Constitución, dando leyes protectoras de la religión del país.” Lo anterior se movía entre una amenaza de castigo divino o  echar encima del gobierno a la feligresía completa. Claro que, para entonces, los obispos ya inyectaban fondos a la revuelta de los Polkos, en ese momento todo era alimentado por circulante nacional, aun no llegaba el agente confidencial estadounidense, Moses Y. Beach, a quien le demandarían cuarenta mil dólares porque la causa bien los valía. Pero mientras arribaba ese momento, las amenazas fluían en el texto elaborado por el Cabildo. El párrafo que sigue lo trascribiremos tal cual para mostrar hasta donde llegaba la arrogancia de quienes se abrogaban derechos que nadie les había otorgado, pero que decían haberlos recibido por mandato divino sin mostrar pruebas fehacientes de que así hubiera sido.

El Cabildo apuntaba que “la justicia con que la Iglesia Mexicana ha defendido y defenderá constantemente sus bienes, no se deriva solamente de aquellos principios tutelares de toda sociedad, que no pueden violarse sin trastornarla, que son perpetuos en su duración, cuya observancia es el fundamento de la paz pública; principios superiores a la fuerza y el poder de los soberanos; principios que constituyen el fin de las sociedades. Ellas es verdad que  son la garantía de las propiedades de la iglesia, porque existe la sociedad humana; pero del más alto nivel viene la justicia y la propiedad eclesiástica, viene de un deber natural al hombre, de aquel que le obliga a tributar a Dios el debido homenaje de su culto; viene de un deber que nos impone la adorable religión de Jesucristo que dichosamente profesa la república mexicana; no están autorizadas las potestades humanas para impedir que los ciudadanos llenen este primer deber del hombre; no les es licito despojar a la Iglesia de los bienes con que atiende el culto; la manutención de los ministros; la conservación de los establecimientos monásticos; el sostenimiento, en una palabra, de todos los objetos en que se invierten los bienes de la Iglesia; la existencia del culto, en un país católico, no depende del arbitrio del legislador civil, ni de la política del país la posesión de los bienes de la Iglesia, porque como se ha dicho, la Iglesia es soberana e independiente de la sociedad civil, y nunca ha consentido, ni consentirá jamás en ser dominada por el poder de las naciones; la Iglesia existe como una sociedad verdadera, con todos los goces y garantías que le son propias; tiene por lo mismo el derecho de adquirir bienes temporales, de poseerlos y disfrutarlos   conforme a su disciplina; y para desnudarla de estos derechos es necesario destruirla totalmente, no reconociendo en ella los goces propios de toda sociedad; para impedirle su culto basta quitarle sus bienes, y para privarla de ellos es necesario dominarla, arrancándole su soberanía. Conveniente cree este Cabildo calmar el patriotismo exaltado de algunos que juzgan incompatible la soberanía de la Iglesia con la de la República, quizá porque no haya habido bastante explicación sobre este importante punto.” 

Conforme a lo anterior, la preocupación fundamental de la iglesia católica es actuar como recaudadora de aportaciones de sus fieles. Hasta donde nuestros conocimientos llegan, jamás nos habíamos enterado de que Jesucristo andaba en la predica con libreta en mano para notar cuanto aportaba cada uno de quienes quisieran seguirlo. Eso de que la Iglesia Católica estaba por encima de las autoridades civiles, pues era, siempre lo será, un asunto muy cuestionable. Ambas entidades tienen esferas de acción muy distintas y nunca se justificará que los dirigentes de una traten de dictar como opera la otra. En cuanto a la argumentación de porque la iglesia debería de poseer bienes en abundancia para su manutención, nos seguimos preguntando ¿Eso del voto de pobreza es, o era, simplemente un slogan? Pero antes de abordar el monto en que la curia calculaba el valor de los bienes de la iglesia católica en Mexico, revisemos una muestra más de cómo se asumía superior a la autoridad civil.

El Cabildo trata de demostrar que respetaba la soberanía de la república mexicana, pero inmediatamente lanzaba la advertencia de que lo hacia abajo  ciertas limitantes. Advertía que “la Iglesia de Jesucristo, que es una y la misma en todo el mundo, es bajo esta consideración también soberana e independiente, que se conforma con la legislación pública  en lo que no se oponga  a la religión; que está dispuesta a reconocer y reconoce a las autoridades constituidas; que sin desmentir jamás su conducta, enseña su obediencia a las leyes  y autoridades de la nación; y que si hace mérito de su independencia y soberanía, es para demostrar que no puede, ni debe consentirse en la privación de sus bienes, ni de su libertad para regirse.”  En otras palabras, los gobiernos civiles que estuvieran dispuestos a actuar como vasallos de la iglesia católica serían reconocidos, aunado a ello hay de aquel que osara tocar los bienes materiales de esa institución porque entonces si iban a encontrar un rival fiero. Hasta ese punto, ni se habían acordado de que el país estaba en peligro de irse al precipicio, lo importante era defender los bienes materiales. De pronto,  recordaron que había tropas externas en suelos nacional e hicieron algunos apuntes.

El Cabildo indicaba estar “cierto de que la república tiene urgente necesidad de abundantes recursos; cierto es que debe sostenerse la guerra contra nuestros injustos invasores; cierto es, por fin, que son grandes las necesidades de la administración pública; pero no es menos cierto que por grande que sea una necesidad, siempre debe observarse la regla de que todos los miembros de la nación deben soportar las cargas en proporción de sus fortunas…” Acto seguido, para justificar su queja argüían al amparo de un cálculo de origen desconocido que si la propiedad territorial estaba valuada en seis mil millones de pesos en toda la república porque ”solo ha de contribuir con el impuesto que tiene graduado en proporción a su producto…” A continuación, señalaba que las propiedades eclesiásticas en toda la república estaban valuadas en ochenta millones de pesos y les exigían que aporten veinte millones de pesos y para realizarlos sacrificar treinta millones más. Pues muy lucrativo debería de haber sido el negocio de las indulgencias y compra de pasaportes al cielo, pues hasta donde sabemos la iglesia no tenia ninguna fabrica productora de algún bien cuya venta fuera tan rentable. Bueno, tal vez fuera socia en algunas minas u otros negocios que seguían aportando utilidades bastas, pero lo desconocemos. Lo que les preocupaba era tener que aportar veinte millones si para cubrir los gastos de guerra se requerían entre cuatrocientos y quinientos mil pesos mensuales.

Tras de presentar todo tipo de argumentos acerca de cómo deberían de distribuirse equitativamente las aportaciones, de pronto se acordaron de que eran parte de la nación y no como párrafos atrás dijeran que ellos pertenecían a otra esfera superior. En ese contexto, de ahora si somos parte del país, clamaba que “cuando se muestre que los eclesiásticos no pertenecen a la nación, cuando se pruebe que la iglesia no pertenece a la república, cuando se haya probado que ninguna atención merecen esos religiosos que encerrados en sus claustros sostienen la religión y sirven personalmente al pueblo; cuando se manifieste que la civilización y la humanidad permiten entregar a la miseria a esos mismos religiosos en recompensa de su caridad y sus virtudes, entonces sí, apodérese el gobierno de los bienes eclesiásticos; pero hágalo sin pretender que se  considere protector de la religión…” Nadie duda de que hubiera religiosos comprometidos con lo que predicaban y vivieran modestamente. Sin embargo, la alta jerarquía católica no actuaba de esa manera, prefirieron servir al invasor, a cambio de unas monedas, buscando asegurarse de que al momento en que se apoderaran del país habrían de respetarles sus privilegios. Esto nada tiene que ver con asuntos espirituales, o ¿Habrá quien justifique conductas de ese tipo?

Más adelante, el Cabildo repetía que la Iglesia mexicana pertenecía a la república y a ella “se deben cuantos goces, derechos y garantías la naturaleza de la sociedad y la legislación del país conceden a todos los miembros de la nación.” Al parecer, el Cabildo moraba en un universo paralelo, olvidaba que a lo largo de tres centurias su institución vivió un maridaje con la corona española que a los únicos que generó riquezas fueron a esas dos instituciones y un puñado de socios. La mayoría de la población estaba inmersa en medio de la pobreza y la ignorancia aderezada con la superchería fomentada por los clérigos. Se olvidaba que entre el inicio del movimiento de independencia y ese 1847, una y otra vez los miembros de la curia se opusieron a los movimientos de avanzada y se confabularon para crear conflictos que impidieron al país empezar a constituirse como nación. 

El resto del documento es tratar de convencer a quien lo leyera que el gobierno mexicano al dictar disposiciones para obtener recursos, vía la venta de los bienes de manos muertas, buscaba terminar con la religión católica. Eso, jamás fue mencionado, ni era el objetivo. En la Constitución aún aparecía cómo la religión única la católica. Lo que inquietaba a la jerarquía católica era no poder seguir disponiendo de recursos ilimitados, mismos que le permitían convertirse en una fuerza alterna al gobierno mexicano. Lo de la invasión estadounidense no era asunto toral del escrito, al final de cuentas como lo mencionan en una parte del escrito “la Iglesia es soberana e independiente de la sociedad civil, y nunca ha consentido, ni consentirá jamás en ser dominada por el poder de las naciones…” bajo esa premisa les importaba muy poco si los estadounidenses o cualquier otra nación nos invadía. Lo de ellos era arreglarse con quien viniera a someternos. No olvidemos el numerito que representaron  años después cuando llegó el barbirrubio austriaco a quien en principio apoyaron, pero en cuanto no les cumplió pues se le echaron encima. Nada de esto tiene que ver con los asuntos de como cada uno lleve su relación con el Gran Arquitecto. Eventos como el relatado en este escrito, están enfocados  en señalar a quienes hacen mal uso de su nombre para obtener canonjías. Nosotros somos respetuosos de como cada uno asuma su interpretación de la fe, nada más faltaba que quisiéramos convertirnos en la voz de la conciencia de nadie, eso rayaría en la estupidez. 

Estamos ciertos de que abordar el tópico del comportamiento de la curia católica no es precisamente una vía para ganar aplausos, pero lo nuestro es investigar, analizar, relatar y en base a ello emitir nuestra opinión sustentada en información dura sobre los acontecimientos acaecidos en nuestro país a lo largo de los tiempos. Esa es la labor del historiador, así nos lo enseñaron nuestros profesores en las aulas. Claro que hay otros que se abrogan el título, sin haber concurrido a cátedra alguna para estudiar la materia, y se concretan a repetir eventos sin emitir opiniones propias por temor al qué dirán o perder el emolumento. De esos abundan y su preocupación mayor es no correr el riesgo de ser calificados de herejes o sacrílegos y mucho menos que les incrementen la penitencia el domingo. [email protected]

Añadido (23.03.16) Cuando se ha carecido de vergüenza toda la vida, efectivamente, no es factible avergonzarse de nada.

Añadido (23.03.17) Lejos, muy lejos, quedan aquellos tiempos en que el Banco de México era gobernado por especialistas. Hoy, a cualquiera “bien portado” lo hacen subgobernador, no importa que su especialidad no sea la teoría  monetaria.

Añadido (23.03.18) ¿Habrá quienes estén dispuestos a pagar para ver por televisión algún partido del panbol mexicano? 

Añadido (23.03.19) En contra de su voluntad, los empresarios de la Arena Nacional tendrán que armar la contienda mixta a dos de tres caídas sin límite de tiempo entre Paste  y  Chipilín. Preparar sus palomitas que la contienda, ¿aderezada con ajos y cebollas?, luce interesante.

Añadido (23.03.20) Ya hasta empieza uno a sospechar que hay  billetes verdes circulando por todas partes para hacer que el cauce del río se revierta y ahora el agua corra hacia arriba, no nos sorprendería si mañana nos dicen que eso aconteció. Especialmente, cuando hay a quien le tiemblan las piernitas y solamente patea el bote.

Notas Relacionadas

Propone Gabriel Elizondo dar certeza jurídica al traslado de combustible para maquinaria

Hace 59 minutos

Se queda el IEC un año más sin presidencia

Hace 2 horas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 7 horas

Más sobre esta sección Más en Coahuila

Hace 7 horas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 7 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 14 horas

Confirmado y amarrado