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Coahuila

A la madre que fui, que soy y que seré

Por Verónica Marroquín

Hace 5 meses

Para mi madre y mi padre con amor y agradecimiento
Para mí y para mis hijas, Verito, Andreíta y Estefa con amor
Para mis abuelitas con entrañable amo.

Hoy me dedico esta columna a mí misma, a la bebita, a la niña, a la adolescente, a la joven adulta y a la adulta que hoy en día soy por gracia de Dios.

Hoy reconozco y agradezco a mi santa madre, porque ella me dio la vida, a mi padre por su aportación para ello, y porque ambos contribuyeron con su amor, cuidados, sabiduría, paciencia, responsabilidad y valores, con su ejemplo de vida, a quien hoy en día soy. AMBOS SON MI FORTALEZA Y MI REFUGIO. INFINITAS GRACIAS. LOS AMO.

Me voy a dirigir a mí misma como Verito desde este momento, Verito:

¿Te acuerdas, Verito, que mamaíta (mi abuelita materna) me decía que yo era especial? También me decía que era retefea cuando me arreglaba para ir a las fiestas en mi adolescencia, me decía CON TANTO AMOR: “como te veo me vi, y como me ves, te verás”, ojalá así sea, pues siempre fue una abuelita hermosa y sana. Me decía también que parecía la loca azulé (una leyenda), que parecía la madre del aire, que cuando recién me levantaba o cuando llegaba yo del colegio y me quitaba las benditas ligas del cabello, para que descansara mi cuero cabelludo (jajaja, ya saben, parecía uno chinita de los ojos, de tanto restirar al peinarnos), primero muerta que sencilla.

Verito, pienso que es muy lindo sentir a mis dos abuelitas, que es de lo mejor de mi vida, sentirlas diariamente en los cantos de los pajaritos al despertar, cuando alguna comida no me gusta y en mis adentros digo, qué mugrero jaja, así decía mameta (abuelita paterna, cuando le llevaban de comer al hospital), agradecida por tanto amor y cuidados.

Recuerdo que jugaba a las muñecas y recuerdo a mi mamá, un día jugando conmigo a las muñecas, puse a mis barbies, y Lily (otra muñeca, pero muy grande para mí), las tenía dormidas en el suelo con cobijitas, enrolladas, y pongo a mi mamá también junto con ellas, porque mis hermanas: Mirna (Miguelina) y Elba (Melvy), así les digo de cariño desde niña, no querían jugar conmigo, me llevan 8 y 5 años, respectivamente. Y bueno pues ahí estaba mi mamá acostada junto a mis muñecas, como otra más. Gracias, mamá, por ese momento que guardo celosamente.

A LA MADRE QUE FUI, QUE SOY Y SERÉ

Verito: te acuerdas cuando mamá te dejaba poner una mesita al lado de la mesa de la cocina, para comer ahí con los trastecitos de mentiritas, pero me ponía comidita de verdad que ella cocinaba con amor para toda la familia, amo ese recuerdo también. Gracias mamá.

Y papá a veces se sentaba conmigo a tomar el té en la tarde, en el cuarto de la tele, en esas tacitas de plástico que Santa me traía en mis cumpleaños y en las navidades, él jugaba conmigo también, se dejaba peinar (los tres pelos, jaja, verdad papá).

¿Recuerdas, Verito, que en el colegio no eras muy brillante en calificaciones? Y ahora te digo que eso realmente no debió importarte tanto, ojalá lo hubiera sabido y no hubiera vivido estresada por los resultados de los exámenes, aun así fui muy feliz en esa etapa, gracias a mis amigas queridas que aún tenemos, ¿verdad, Verito? (Es decir yo, recuerden que me estoy hablando a mí misma). Más de 50 años de amistad, eso es lo más lindo.

Las bajas calificaciones que tuve en primaria, en secundaria, prepa, la verdad para nada me han afectado en la mujer de éxito que soy ahora, no me interesaba la verdad, pero en la carrera, como si era de mi interés total, me gradué con buen promedio: 9.2, ya casada y con mi cuarta hija en mi vientre, fue mi compañera del último año de carrera.

Ahora ser la gran mujer que eres, cabeza y jefa de familia de tres bellas hijas, sé que eso no es tan importante, las calificaciones de 10. Eso no definirá el éxito en la vida, sino saber resolver conflictos y en eso sí soy un as… Lo importante son otras cosas, como el amor, la responsabilidad, el esfuerzo, la buena actitud que siempre te ha caracterizado, que hoy te reconozco, por el gran trabajo que has hecho en todas las etapas de tu vida, te digo que: qué padre vida tienes hoy, a pesar de los pesares, siempre tienes una sonrisa para quien la quiera recibir, pero lo más importante es sonreírte a ti misma a diario en el espejo.

Tú eres la más importante, sigue siendo como hasta ahora… original, feliz, libre, misionera, alegre, activa, responsable, disciplinada para lo que te interesa, hace mucho dejamos las amistades superfluas, las reuniones que no edifican, realizando siempre lo que deseas, no importa cuanto tarde, lo consigues. Que la propia vida te ha dado tantos regalos por gracia de Dios y la Virgen Santísima. Que tu fe es lo que te ha llevado por este camino andado, que los errores que cometiste, cometes y cometerás, son parte de la vida, y que está bien.

Que los aprendizajes vienen de las experiencias vividas y que, sin ello, no serías quien eres hoy. Bravo por la madre que soy ahora, más consciente. Mis hijas son lo mejor de mi vida, si quieren estar cerca, qué padre, si algún día no lo están, también está bien. Que si algún día eres abuelita, lo gozarás, pero que no es mi responsabilidad los nietos o nietas que si Dios permite tendré y, si no, está bien también.

Que agradezco el ser hija, madre, hermana y amiga, terapeuta, mediadora, tanatóloga, licenciada en Educación Especial y tantas otras actividades, como ser columnista que te permite hoy en día expresarte como hoy, compartir tus saberes, tus experiencias, sentimientos, vivencias, conocimientos.

Gracias, Verito, por ser quien eres, por todo lo vivido, por esas lágrimas, dolores y llantos, por esas carcajadas, por esos logros, por esos desvelos, por tus esfuerzos, por todo lo que has hecho como madre, bien o no, fue lo que pudiste hacer, y está bien. Felicidades para mí, me reconozco y agradezco quien soy y lo que soy.

Mamá, soy feliz, gracias, te amo. Hijas gracias, estoy orgullosa de las hijas que crié. Felicidades para mi santa madre, para mis hermanas, cuñada y todas las lectoras bellas por su vida, bendiciones infinitas. Gracias, gracias, gracias, madre mía. Te amo.

Lo hemos hecho muy bien y tú lo sabes, sólo mi reconocimiento vale, recuérdalo siempre. Somos suficientes y sólo Dios y yo, sabemos lo que nos ha costado llegar aquí. Hasta la próxima, Diosito por delante.

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