Miembro de la famosa dinastía de los ferrocarrileros y peloteros saltillenses, los Mendoza, Felipe es el menor de la familia y desde muy niño recibe la enseñanza de su hermano mayor Ramón, quien incursionó en la Liga Central Mexicana, en la Liga Mexicana en la Liga Nacional y en la Liga de Arizona en los Estados Unidos, dueño de una excepcional calidad para jugar la tercera base y además un buen bateador.
Felipe, entre tanto, incursionaba en el beisbol pequeño de la ciudad de Saltillo, bajo la tutela de aquel legendario y famoso maestro de Educación Física, de gran nombre y prestigio: don Alfonso Montaño Ruiz. Para todo el profesor Montaño, cuyo nombre imponía por su don de mando y la seriedad que imprimía a sus acciones, sobre todo al enseñar. Sus oficinas se ubicaban en los bajos del estadio Saltillo, frente a la Alameda Zaragoza, pues cumplía con un encargo importante: era director de Educación Física del Estado de Coahuila.
El menor de los Mendoza Dávila se inspira en Ramón para practicar el beisbol y sueña con ser profesional, como su hermano mayor. Terminaba “Moncho” –como cariñosamente decían su amigos y hermanos– sus temporadas, ya en la Nacional o en la Costa, y se dedicaba parte del tiempo que era para el descanso a mandar con el bat potentes rolas y elevados a “Felipillo”, los mismo a practicar el bateo y el lanzamiento de la pelota, esenciales para cualquier jugador.
Felipe apenas contaba con 13 años, estaba recién salido de la primaria y ya mostraba hechuras para grandes. Y pasó el tiempo y aquel chamaquillo se convierte en un poderoso joven, llenó de vitalidad y entusiasmo para la práctica del deporte. A los 17 años comenzó a jugar beisbol profesionalmente, hablando con el equipo Club 45, que en la Liga Otoñal dirigía el “Pigini” Vejerano, pelotero cubano retirado, pero que fue un as de los diamantes, tanto en su tierra, como con equipos mexicanos, principalmente con Saltillo.
Felipe se codeó de profesionales de gran prestigio y conocimientos, como los cubanos Babalú Pérez, Silvio Meza, “Las Charrascas” Ramírez, Parrol Aguilar, Mauro “La bailarina” Ramírez, exquisito Short Stop, el Cubano Morales, Ramón Mendoza, Ramiro Rubio, Pedro Carrillo, Panchillo Ramírez Conde, Olayo García, Teto Villalobos y muchos más.
En el equipo Club 45, Felipe Mendoza es segunda base, cuando el conjunto ya lo dirigía el muy querido y llorado Héctor Teto Villalobos. Luego forma parte de un gran filón de peloteros coahuilenses que practica profesionalmente el deporte en la Liga del Norte de Coahuila y hasta allá va el chamaco Mendoza, para jugar con los mineros de Nueva Rosita.
Muchos jugadores de Saltillo viajaban al norte del estado, pues se contrataron con equipos de la naciente liga, con representaciones en Piedras Negras, Allende, Zaragoza, Nueva Rosita, Cloete, etc. Cada fin de semana se reunían todos en las antiguas instalaciones de los Autobuses Anáhuac, de don Josué y don David Cárdenas, en las calles de Allende y Lerdo de Tejada, para viajar hacia el norte, pues los juegos eran sábado y domingo en las diferentes plazas. Estaban de regreso el lunes por la mañana.
A Felipe lo vio jugar otro cubanazo de la época: Zungo Carrera, que era mánager de los Sultanes de Monterrey en la Liga Mexicana, el circuito más potente hasta la fecha en el beisbol profesional. Estuvo con los regios en los entrenamientos de 1962. El equipo era muy fuerte y es lógico suponer que tenía peloteros muy buenos, ni pensar que Felipillo, pudiera sustituir al gran Vinicio García en la segunda base.
El equipo tenía jugadores de la talla del Yaqui Ríos, que se desempeñaba en la tercera base. Entre otros, Ray Garza, Alonso Perry y un chamaco debutante que llamaba mucho la atención a los buscadores de grandes ligas, de nombre Vinicio García, recién desempacado del estado de Chihuahua, que venía procedente de la Liga de la Costa, donde jugó toda su vida con los Naranjeros de Hermosillo. Mendoza Dávila, fue enviado al equipo San Luis, sucursal de los Sultanes del Monterrey en la Liga Central Mexicana.
También estuvo de suplente con los Saraperos de Saltillo, cuando se lesionó Gabriel Lugo, aquella tremenda segunda base del equipo fundador del Saltillo en la Liga Nacional.
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