Fuiste como brújula que activó la curiosidad, el conocimiento y la sabiduría de tus alumnos y colaboradores.
Muchos te lo reconocen en vida y es eso muy bueno, porque no fueron inútiles tus desvelos, tu dedicación, y el que por necesidades del servicio docente te alejaste de la familia.
La gente aprendió de ti miles de cosas y te lo han dicho, pues ayudar fue tu vocación, aunque a veces tu férreo y fuerte carácter molestó a algunos que quisieron hacerte daño, y al final reconocieron tu valía, tu sapiencia, experiencia y sabiduría en favor de los demás.
Te conduciste siempre con la verdad, verticalidad, honestidad y honradez.
Estoy seguro que habrá quien no te acepte, pero son los menos, y como dice la canción popular “no soy monedita de oro para caerles bien a todos”.
Ayudar siempre fue tu vocación y de eso hay constancia en cientos de personas, simplemente tus alumnos del sexto grado de la primaria General Eulalio Gutiérrez, de Saltillo, algunos casi de tu edad que te recuerdan con cariño y respeto. O los hijos de algunas prostitutas de aquella escuela de Piedras Negras, enclavada muy cerca de la zona de tolerancia.
Hoy soy testigo de tu despedida como maestra y funcionaria educativa, tras permanecer por 49 años al frente de la Dirección de Educación Especial del Estado, cargo al que llegaste por méritos propios, sin compadrazgos, amiguismos o recomendaciones gubernamentales. Fuiste directora y alumna fundadora de la Escuela Normal de Educación Especial del Estado. Dejaste una estela de enseñanza y formación de cientos de alumnos que te tienen en lugar muy especial en su vida profesional y emotiva.
Han transcurrido 58 años de que egresaste de la Benemérita Normal de Coahuila, con las más altas calificaciones en toda la carrera, y recuerdo que una ocasión te deprimiste cuando una de tus maestros te puso por equivocación o egoísmo un cinco en conducta, pues mancharía tu hoja límpida de las calificaciones. Todo se corrigió y volviste a la normalidad.
Un gobernador te quiso hacer daño, pero tu moralidad, tu honestidad y tu capacidad lo hicieron retroceder.
Te toca despedirte de un ejército de buenos ciudadanos que siempre creyeron y confiaron en ti. Un grupo de personas que estuvieron bajo tu mando y quienes fueron pilares para llegar a ser quien eres, una exitosa, una triunfadora.
De todo corazón espero que te vaya muy bien a donde quiera que vayas, estoy seguro que se ganarán tu confianza nuevas personas que se beneficiarán de tu sabiduría, como estos buenos amigos de quienes no te despides, sino les dices ¡hasta pronto!
Estaré siempre a tu lado, como desde hace 58 años, para colaborar y aplaudir tus éxitos, que estoy seguro abundarán en tu actividad futura, querida esposa, madre y maestra.
Gracias a Dios y a la vida que te han dado todo…
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