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Coahuila

A probar los dichos

Por Alejandro Irigoyen Ponce

Hace 5 años

Primero, una suerte de axioma: el mexicano es un pueblo muy agraviado y los sectores más desprotegidos y vulnerables ciertamente están muy resentidos por sufrir, durante décadas, el embate de gobiernos corruptos e ineptos. El nivel de pobreza y desigualdad es el resultado de la incapacidad, del abuso y el exceso de quienes nos gobernaron.

Ahora una cuestión de forma: el Presidente dice que lo suyo no es la venganza y que por ello no procede legalmente contra los que tanto daño le hicieron al país. En cambio, prefiere lanzar insultos y descalificaciones un día sí y el otro también. Arremete con singular energía contra corruptos y conservadores, y en muchos casos, lanza acusaciones directas contra ciertos personajes. El punto es que no aporta pruebas de sus dichos y el lance queda en eso, en expresiones que podrán gustar mucho al pueblo bueno y sabio, pero que no tienen consecuencias donde deberían, en el terreno de la justicia.

Bueno, pues Andrés Manuel acusó a Diego Fernández de Cevallos de recibir dinero del Gobierno estadunidense, de estar vinculado a un grupo opositor al Gobierno y de participar en maniobras ilegales e inmorales.

Lo acusó y descalificó tal como lo ha hecho con decenas de personajes de la vida pública en sus mañaneras; tal como lo ha hecho a mansalva, a diestra y siniestra en estos 32 meses de Gobierno. El detalle es que “El Jefe Diego” le respondió, lo retó a un debate y le exigió probar sus dichos. El Presidente rechazó el debate y no aportó las pruebas exigidas.

Pues “El Jefe Diego” denunció al Presidente ante la Fiscalía y lo hizo en el tono más duro posible: lo llamó “corrupto depredador que actualmente ensucia el Palacio Nacional”; lo acusó de estar obsesionado con destruir, difamar y distraer, y le dijo “cobarde”.

El lance lo deberíamos aplaudir todos, y no porque un personaje haya llamado cobarde o depredador al Presidente, sino porque lleva los dimes y diretes al terreno donde se deberían dirimir todas las controversias: el de los tribunales.

El Presidente hoy estaría obligado a probar sus dichos y si no lo hace, si reduce todo, como siempre, a una cuestión política, pues al menos quedaría el aprendizaje, espero, de que no se puede insultar, descalificar e incluso difamar desde la máxima tribuna de la patria, que no es otra cosa que las mañaneras, sin que tenga consecuencias.

Sí, que un Presidente sustente sus dichos con pruebas y que proceda legalmente contra los corruptos sería un gran paso, por fin, en el sendero correcto y por eso todos debemos aplaudir el lance del “Jefe Diego”.

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