Nacional

Publicado el lunes, 19 de enero del 2026 a las 18:07
Tlahuelilpan, Hidalgo.– Para “Mary”, el tiempo se detuvo hace siete años entre el fuego y el estruendo del ducto de Pemex. Aunque el calendario marca casi una década desde la tragedia que cobró la vida de 137 personas, ella asegura que el dolor se siente “como si hubiera sido ayer”. Hoy, junto a decenas de familias, sobrelleva el peso de una ausencia que el gobierno, acusan, ha dejado en el olvido.
Con la voz entrecortada y los ojos nublados por el llanto, Mary defiende la memoria de su esposo y de quienes perecieron en la llamada “zona cero”:
” “No eran rateros como dice la gente; era gente trabajadora que, por desgracia, vino aquí”, sentencia, aludiendo al estigma social que aún pesa sobre las víctimas del siniestro.
A falta de un espacio oficial, la zona del incendio se ha convertido en un cementerio de capillas particulares. Las familias acuden regularmente a limpiar y dejar flores en estructuras que ellas mismas han financiado, ante la ausencia del memorial prometido por las autoridades.
La desilusión apunta directamente a la pasada administración federal. Familiares, que solicitan el anonimato para evitar el acoso en redes sociales, denuncian que las promesas del expresidente Andrés Manuel López Obrador quedaron en el aire.
” “A todo decía que sí, pero no cumplió. ¿Dónde quedó esa ayuda?”, cuestionan.
Mientras las familias aseguran no haber recibido apoyos concretos, señalan que el siniestro sirvió para que los gobiernos municipales gestionaran recursos y terrenos para panteones en Tlahuelilpan y Tlaxcoapan. Sin embargo, el predio para el memorial sigue siendo una deuda pendiente.
El proyecto ha pasado por diversas trabas:
– Inviabilidad técnica: El terreno del siniestro es zona de riesgo por el cruce de ductos, lo que impide construcciones formales.
– Administraciones salientes: El exalcalde de Tlaxcoapan, Jaime Pérez, concluyó su trienio sin concretar la compra de un terreno alterno.
– Obras inconclusas: Una empresa contratada por Pemex para el encofrado del ducto inició los cimientos de una capilla común, pero la obra fue abandonada, dejando solo varillas y cemento a medio terminar.
A siete años del 18 de enero de 2019, la “zona cero” no es el parque de paz que se prometió, sino un recordatorio de la vulnerabilidad y la falta de cierre institucional. Mientras la nueva administración municipal de Teresa Olivares Reyna apenas comienza a ser buscada por los deudos, las viudas y huérfanos de Tlahuelilpan siguen aferrados a sus propias manos para mantener viva la memoria de los suyos.
Para Mary y el resto de las familias, el duelo no termina, y la esperanza de un apoyo gubernamental empieza a desvanecerse bajo el mismo polvo que hoy cubre los cimientos de un memorial que nunca fue.
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