Coahuila
Hace 4 años
Fernando Fuentes del Bosque ha dejado tras de sí, una estela de humanismo digna de contarse, puesto que la historia premia al que la conoce y castiga a quien la olvida, construye el pasado, evita cometer los mismos errores, fortalece la memoria y engrandece el espíritu.
Gracias a un voluntarioso grupo de personas, la Cruz Roja Mexicana Delegación Saltillo, es como una máquina muy bien aceitada al servicio de la humanidad sin distingos de credos, color de piel o nacionalidad.
Su consolidación hasta llegar a nuestros días surge a partir de su instalación en el viejo hospital que sirvió además como manicomio a la ciudad, allá por la calzada Antonio Narro.
Vamos a ubicarnos en la década de los años 60, cuando don Alberto Jaubert, a través de sus estaciones, organizó un maratón radiofónico para reunir fondos en pro del nuevo edificio de la institución.
A la par surge un grupo de jovencitos, casi niños, que pese a su corta edad se entregaron en cuerpo y alma a la labor humanitaria, que significó ir al frente de batalla, los famosos socorristas de antaño, ahora llamados paramédicos y los choferes de las ambulancias igual de jóvenes que estos. Es una época en que la Cruz Roja de Saltillo cobra mayor vigencia y donde se unifican industriales, empresarios, profesionistas, religiosas y estudiantes voluntarios para servir el prójimo, más próximo, ¡a usted y a mí!
Fernando Fuentes del Bosque fue uno de aquellos actores humanitarios que se sumaron a un grupo de jóvenes estudiantes de secundaria para servir a la comunidad, a su comunidad, aun ante las críticas y la negativa de su familia, que le decía, “¡Fernando pero qué necesidad tienes de andar en esos menesteres!”, “la necesidad de servir a nuestros semejantes”, respondió el joven Fuentes del Bosque.
Exhortados por el director de la Secundaria Federal Número Uno, Manuel de la Rosa Calzada, con Fernando y otros jovencitos, surgen valores humanos como el famoso “capitán” René Yeverino y Juvencio Valdés, así como los choferes Benito Cortez, Francisco Leyva y Mario Reyes.
Es la época de la consolidación de la Cruz Roja, al mando del patronato don Julián Dávila y su esposa Tiche López del Bosque en el comité de damas. El director médico Raúl López Estrada y como instructor el doctor Almanza. Los encargados de conseguir ambulancias y enseres, los hermanos Miguel y Emilio Arizpe y de la Maza. Era directora Sor Emilia Díaz
En ese tiempo se cambian al nuevo edificio de Rayón y Presidente Cárdenas. El cuerpo de paramédicos hasta 1974 era voluntario, (sin sueldo).
La anécdota
Es cierto que la Cruz Roja y sus paramédicos, enfermeras y doctores tienen muchas e interesantes anécdotas, pero la que le voy a contar es tétrica, espeluznante, en la que la impotencia fue el factor para no salvar una vida.
Sucedió en una de las calles del barrio del Águila de Oro. Una mujer era apuñalada por su iracundo marido. Los vecinos llamaron a la Cruz Roja, acudió una ambulancia y entre los paramédicos iba Fernando Fuentes del Bosque, quienes nada pudieron hacer por salvar a la mujer de las garras del salvaje individuo. En un momento de tregua, el malvado permitió que llevaran a la mujer al Hospital Universitario, quien había sangrado profusamente. Llegó sin vida al nosocomio, pues una de las heridas había atravesado el corazón.
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