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Coahuila

Abolir la idea de la virginidad…¡ya!

Por Elia Martínez Rodarte

Hace 4 años

Será heredado y se heredará ese mandato misógino y de gente anticuada que cree que el valor de una mujer se tasa por el himen, “la telita” o como quieran llamar a esa cosa imaginaria que la gente dice que se le rompe a una mujer cuando inicia su vida coital. Cuando le meten un pene en la vagina. La virginidad no existe. Es un estado de culpa de las personas, quienes asumen que la primera vez que se las meten por vía vaginal, es un evento trascendental en la vida de las mujeres, siendo más para ellos. A nadie le importa y además lo mejor de todo, es que la virginidad se puede fingir con toda la mano, himen o no.

Es interesante cómo los anatomistas le dieron una relevancia tal al himen, por ejemplo, que es una membrana vestigial de cuando apenas estamos formándonos como fetitos. Durante la gestación, cuando estamos en el estado femenino en el vientre materno, evoluciona el organismo cambiando su configuración y quedando vestigios de su transformación. Una de ellas es el himen, que es como quien dice un retazo de nuestro desarrollo fetal. Un ejemplo de esos vestigios de cuando nos encontramos dentro de la panza de mamá, es la costurita del escroto, por ejemplo.

Esta juntura en la bolsa de los testículos, que rodea transversalmente la bolsa testicular, que va desde el pubis hasta el perineo y ano, se llama rafe escrotal y es una cicatriz, por así decirlo, de nuestro desarrollo embrionario. A diferencia del himen que sirve para maldita la cosa, literalmente, el rafe o la costurita escrotal es demasiado sensible: cuenta con muchas terminaciones nerviosas y sanguíneas alrededor, y como toda buena cicatriz, posee una sensibilidad extra especial.

Si tienen un compañero sexual hombre cisgénero y se deja, masajeen esa parte continuamente porque es muy placentera, relajante y hasta para cuando quieran que se tranquilice, nomás le soban tantito la costurita escrotal. Es como un botón de reseteo y además el camino directo hacia el punto erógeno masculino más poderoso, que es la próstata.

El himen por su parte, como vestigio de la formación embrionaria, fue asumido como la prueba de la pureza y castidad en alguien que no ha sido penetrada. La virginidad en sí sólo se trata de la protección de un hoyo, porque de lo que es la telita, seguramente nos la echamos desde hace mucho, debido a la misma configuración del himen. No sirve para nada, ergo, se cae, se rompe, no existe o no figura. Debido a la consistencia del presunto himen, lo más seguro es que esa membrana haya tronado hace mucho.

Aunque hemos estado rondando los genitales, es preciso mencionar también que es necesario desgenitalizar el sexo. Nuestro cuerpo entero es sexual. Gozamos en la genitalia porque es un lugar común, pero un placer extremo, lejos de ahí, es posible y es sorprendente.

Aunque parezca ridículo, y lo es, aún prevalece en muchos países de este planeta, la tradición de mostrar la sábana ensagrentada para demostrar que la mujer era virgen. La sangre, de dónde sale y quién la echa, es un misterio insondable o sus trucos se han de dar, o en el más terrorífico de los casos, puede provenir de una lesión por exceso de fricción.

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