Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el domingo, 7 de diciembre del 2008 a las 16:00
Saltillo, Coah.- A primera vista no distinguió si se trataba de una cámara de video o una cámara fotográfica, pero sabía que era la oportunidad perfecta para dar a conocer su problema ante la sociedad, buscando una oportunidad para reivindicarse y ser aceptado de nuevo sin el estigma de haber estado tras las rejas.
Tiene como escudo la enfermedad que lo acecha desde hace muchos años, y con la que desea protegerse para obtener beneficios que le resten tiempo en ese centro penitenciario.
Al menos eso es lo que demuestra Abraham Arturo Hernández García, quien esperó sentado en el área de trabajo social para contar su historia de vida. Y es que está seguro de que después de la plática, al menos obtendrá una respuesta positiva por parte del servicio médico del penal para el suministro de sus medicamentos.
Según comenta, desde niño padece una enfermedad que nunca ha comprendido y que además le parece difícil de explicar, por lo que al abundar en el tema, desvía la atención hacia su tratamiento. “No sé si es epilepsia o qué, pero si no me tomo mis medicinas, me empiezan a dar convulsiones, pero creo que es por tanta cosa que me metía antes”.
Y es que durante su adolescencia Abraham encontró en las drogas el refugio que en su casa no tenía, pues sus padres dedicaban todo el tiempo al trabajo para poder sostener la economía de la familia.
“Le entraba a todas las drogas que me ponían enfrente, pero después me enfermé y a partir de ahí me metí en la rehabilitación”.
Dice llevar más de tres años sin probar ninguna sustancia tóxica, sin embargo, mantiene su cuerpo con medicamentos que le controlan las convulsiones que le llegan ocasionalmente y a las que no encuentra explicación, “mi mamá dice que es porque me golpeaban muy fuerte en la cabeza, porque yo me la pasaba peleándome con todo el mundo”.
Explica que en los 5 meses que lleva al interior del centro de readaptación la medicina que le han proporcionado no es la que le funciona, pues en lugar de tomar Fenitoina le dan otro tipo de sustancias, lo que le ocasionó hace tres semanas su primera convulsión desde hace un año.
Los resultados son dolores de cabeza constantes y mareos que no lo dejan realizar actividades fuertes, “en esta última yo estaba dormido, pero los de la celda me dijeron que de repente empecé a temblar y a convulsionarme, pero yo no me di cuenta hasta muy tarde del día siguiente, porque yo perdí el conocimiento”, comenta.
Es entonces cuando expone su petición, pues desea obtener su libertad para estar más tranquilo en lo que a su salud se refiere, “me acusan de un robo de un celular que no cuesta ni 2 mil pesos, pero lo que quiero es una fianza para que me dejen salir ya”.
Según explica, él se dedicaba a lavar automóviles en estacionamientos privados, lugar en donde uno de sus clientes lo señaló como responsable, “él ya tenía mucho tiempo de conocerme, pero no me creyó que yo no se lo robé. Yo soy muy trabajador. Para qué voy a querer arriesgarme por un celular usado”.
Con el nombre de su medicamento y el valor de su palabra, Abraham cree en esta oportunidad, “si no puedo comprobar que soy inocente, al menos quiero que me traigan las medicinas que necesito, porque creo que también están caras y uno ya no puede trabajar tanto para comprarlas”.
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