Coahuila
Hace 3 años
Otra vez un desastre natural. Otra vez el sur del país. Otra vez “los hermanos del norte” al rescate con toneladas de apoyo; como casi siempre. Es la historia cíclica.
Al momento de redactar estas líneas no se tiene siquiera conocimiento de las afectaciones materiales reales, o pérdida de vidas humanas a causa del meteoro que pegó en la costa de Guerrero las primeras horas del miércoles.
Como en ningún otro momento de la historia contemporánea, la información y atención oficial ha sido escasa, por no decir nula. Acapulco, como epicentro de la devastación y catástrofe, permanece incomunicado 24 horas después.
Justo es decirlo: Alcaldesa del Municipio y Gobernadora de Guerrero, ambas de Morena, ya habían sido rebasadas por la realidad desde antes que llegara el huracán “Otis”.
Apenas el lunes, para dimensionar, fusilaron masivamente a 13 policías municipales de Coyuca de Benítez, en otro episodio de ingobernabilidad estatal. La secretaria de Gobernación y la titular de Protección Civil, por su parte, han permanecido atadas de manos, sin asomar siquiera la cabeza pese a tratarse de su responsabilidad.
En el control de daños en la agenda pública –el único que les importa como régimen populista-militarista– no tarda en impulsarse la narrativa del pueblo bueno y solidario, y apelar a la generosidad para “resolver” el problema (de su competencia exclusiva, por lo demás).
Entonces aparecerán centros de acopio para donaciones en especie, y cuentas bancarias para recibir efectivo. Y aquí llegamos a un punto fundamental: “el que con leche se quema, hasta el jocoque le sopla”. O mejor dicho: “si ya sabemos cómo son, para qué los dejamos solos”.
Como Morena, partido político en ciernes, sucedió en el contexto del sismo que afectó a la Ciudad de México el 19 de septiembre de 2017. A propósito se creó un fideicomiso, denominado, Por los Demás, para apoyar a damnificados que nunca llegó a su fin y, por el contrario, entre 2017 y 2018 al menos 56 operadores de Morena cobraron mediante cheques de caja que sumaron 64 millones y medio de pesos.
El ingreso y posterior retiro de esos fondos fue parte de la “operación carrusel” (mediante la cual el monto millonario se fragmentó en cientos de depósitos de 50 mil pesos cada uno, para eludir las leyes de supervisión fiscal y contra el lavado de dinero) que encabezó el secretario particular de López Obrador, Alejandro Esquér, y que el INE calificó como “fraude a la ley”. Una trama de financiamiento paralelo ilegal exhibida en una investigación de Mexicanos Contra la Corrupción e Impunidad.
Por su parte la Unidad Técnica de Fiscalización del INE documentó que dicho fideicomiso había recaudado 78.8 millones de pesos, a través de depósitos en efectivo (44.4 millones), cheques de caja (14.7 millones), transferencias bancarias y SPEI (19.7 millones de pesos). Uno de los episodios de corrupción y mezquindad más vergonzosos que se recuerden en política.
Ya como 4T, existe un caso peculiar que reveló este año la periodista Pamela Cerdeira gracias a un ejercicio de documentación: introdujo un rastreador electrónico minúsculo a un paquete de arroz y otro con rollos de papel higiénico, los cuales donó al Gobierno de la Ciudad de México (Morena) para que posteriormente fuesen enviados hipotéticamente a los damnificados del devastador sismo en Turquía, ocurrido el 6 de febrero.
Durante varios meses siguió la pista de los víveres y la “ayuda humanitaria” nunca salió de la CDMX, sino acabaron luego de una triangulación a la venta en un puesto del mercado Tacuba, y en la casa de gestión de un diputado federal de Morena.
Cortita y al pie
En su acostumbrada pantomima del poder, ayer el Mandatario nacional simuló quedar varado en la Autopista del Sol horas después de haber salido en una Suburban de Palacio Nacional rumbo a Guerrero, y posteriormente cruzar a pie un vado luego de quedar atascado en un Jeep del Ejército que le acompañó en la “travesía”; por tanto ya no pudo llegar a encabezar personalmente el operativo.
Sin embargo a su disposición tiene la Fuerza Aérea Militar, la cual sí usa, por ejemplo, cuando le interesa ver los avances del Tren Maya.
En noviembre de 2020, cuestionado sobre su ausencia en tierra, a propósito de las inundaciones en Tabasco que supervisó en helicóptero, había dicho: “no me puedo mojar nada más para la foto; me puedo enfermar”.
La última y nos vamos
Una tragedia, otra, en la víspera de la sucesión presidencial de 2024. Cuando han contraído la mayor deuda interna de la historia para un ejercicio fiscal, estimada en casi 2 billones de pesos, y han extinguido fideicomisos, como el pertinente Fondo de Desastres Naturales que apoyaba en emergencias como esta. Como anillo al dedo, pues.
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