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Agencias
Publicado el domingo, 14 de junio del 2009 a las 14:10
Acapulco, Gro. (Proceso).- Para los civiles que quedaron en medio de la refriega fue “como la guerra”; y para las propias fuerzas federales resultó inesperada la gran capacidad de fuego y despliegue mostrada por el cártel de los hermanos Beltrán Leyva en una sola noche y en tres zonas de Acapulco.
Una disputa entre dos lugartenientes de la organización, “El Güero” Huetamo y “El Buche”, terminó por involucrar al Ejército, que se enfrentó, en un hecho sin precedentes en el puerto, a una célula de sicarios proveniente de Sinaloa en la que participaban cuatro policías de ese estado (tres municipales y uno estatal).
El cártel de los hermanos Beltrán Leyva –originarios de Sinaloa– ya es el principal enemigo del Ejército en Guerrero. A raíz de la decapitación de nueve militares en Chilpancingo, que no ha sido esclarecida por las autoridades ministeriales del estado, los militares emprendieron la cacería de operadores de los Beltrán prácticamente en toda la entidad.
En un combate que duró casi cinco horas, entre la noche del sábado 6 y la madrugada del domingo 7, efectivos del 56 Batallón de Infantería mataron a 13 sicarios de esa organización. Cientos de vecinos, tirados en el piso y escondidos en cualquier rincón que consideraban seguro, escucharon disparos de armas cortas y largas, y cómo esquirlas de granadas rompían vidrios, mellaban paredes y dañaban cuanto alcanzaban.
El tamaño de su angustia fue el de la oscuridad. Apenas había comenzado el tiroteo, alguien le disparó al transformador eléctrico de la avenida Rancho Grande, del fraccionamiento Las Playas, enclavado en la zona de Caleta y Caletilla, en el llamado Acapulco tradicional.
En el número 42 de esa serpenteada calle estaba una casa de seguridad de cuatro niveles, construida en los años dorados de Acapulco para uso particular y que durante un tiempo fue rentada para fiestas. Terminó como refugio y tumba de sicarios.
Dos militares murieron y nueve fueron heridos. Dos civiles fallecieron en el fuego cruzado. Varios sicarios lograron escapar, cinco quedaron detenidos y otros fueron muertos.
Balazos a todas horas Los sicarios fueron detenidos por un grupo de patrullas federales a la altura del punto conocido como El Retorno, de Paso Limonero. Oficialmente, ningún sicario murió o fue detenido en esta acción; pero sí murió una mujer de 36 años, y a su hijo de 15 años dos balas le perforaron los intestinos, y dañaron su columna y su cadera.
En el caso de las dos víctimas de Las Playas, la Sedena atribuyó la responsabilidad a los sicarios, aunque los civiles murieron del mismo lado en el que cayeron por lo menos cuatro narcotraficantes.
En el cuartel del 56 Batallón de Infantería, en Cumbres de Llano Largo, Acapulco, el comandante de la 27 Zona Militar, general Daniel Velásquez Ramírez, aseguró en el comunicado que leyó la mañana del lunes: “En el momento del enfrentamiento cruzaban por el lugar tres civiles, dos de los cuales fueron ejecutados por los sicarios (padre e hijo), mientras que el tercero (una mujer) pudo salvar la vida gracias a la oportuna intervención militar”.
Los 13 sicarios muertos trabajaban para la organización de los Beltrán Leyva; 10 de ellos eran originarios de Badiraguato, Navolato y Culiacán, en Sinaloa. Según pudo corroborar Proceso, cuatro eran policías de esa entidad: Víctor Manuel Cervantes Meza, quien perteneció a la Policía Estatal Preventiva, y José Antonio Rosas Rocha, Ernesto Soto Núñez y Carlos Lucio Castro López, que estuvieron adscritos a la Policía Municipal de Culiacán.
En su comunicación del lunes, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) los identificó como integrantes de una célula de los Beltrán Leyva e identificó entre los abatidos a su jefe, el “comandante Magaña”.
Al siguiente día de esa escueta referencia oficial a la identidad de los sicarios, se identificó a otros de los abatidos. Esto se consiguió a través del blog ytúquehacespormexico.blogspot.com, que se presenta con el subtítulo “La Maña de Acapulco”.
Según ese espacio, El Huetamo y El Buche se repartían el control de Acapulco y estaban al servicio de los Beltrán. Pero el primero se pasó al grupo de “El Chapo” Guzmán, quien en enero de 2008 rompió su alianza con los Beltrán Leyva.
De acuerdo con la PGR, el representante del “Chapo” en Guerrero es el ex presidentes municipal de Petatlán, Rogaciano Álvarez, de quien grupos antagónicos dicen que recibe protección del Ejército.
Jefe castrense amenaza a funcionaria Ante la reserva de la funcionaria, el supuesto militar insistió: “Soy el segundo comandante del 56 Batallón de Infantería y vengo a que me den los nombres”.
La funcionaria de la PGJE seguía reticente. El hombre se presentó como enviado no sólo de la Sedena, sino de la Procuraduría General de la República (PGR): “Vengo de la Sedena, de la SIEDO (Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada) de la PGR. No sabe el problema en el que se va a meter si no colabora”, le advirtió a Atilano Caballero, quien por fin accedió.
La escena fue presenciada por reporteros a la entrada del Semefo, que permanece vigilado por el Ejército.
Un segundo choque armado ocurrió esa misma noche en la periferia norte de la ciudad portuaria, cuando agentes de la Policía Federal se enfrentaron por más de una hora a otro grupo de sicarios que desde fuera de Acapulco intentó llegar a Caleta para reforzar el ataque de los narcotraficantes en Las Playas.
Cuando eran identificados los cuerpos de los abatidos en un enfrentamiento de Las Playas, un jefe castrense que sólo se identificó como segundo comandante del 56 Batallón de Infantería se dirigió a la coordinadora del Servicio Médico Forense (Semefo), María del Rosario Atilano Caballero: “Necesito los nombres de todas las personas que están identificadas”.
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