Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el domingo, 14 de diciembre del 2008 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Todo empezó en lo que parecía ser una noche común de fin de semana, en plena primavera del año pasado, en donde la fiesta, las carcajadas y una que otra bebida les harían distraerse después de una semana de trabajo.
Martha Rosales vio como su tía, de 89 años, se retiraba a dormir, por lo que decidió dar un paseo con algunos amigos y conocidos, aunque dentro del grupo había una persona que le causaba mala espina y no obstante decidió salir a unírseles.
Entrada la noche y con los ánimos avivados, el hombre del que desconfiaba dio sus primeras muestras de violencia y convenció a Martha y a otros dos compañeros de subir a su camioneta, pues tendrían una misión importante que cumplir.
Cerca de la medianoche se acercaron a una vivienda donde algunos jóvenes sostenían una reunión y una vez que identificó a dos, el sujeto hizo una advertencia, “ahora sí se los cargó… ahí está ese bato y ahora no se me escapa”.
De acuerdo con el relato de Martha, su “compañero” tenía problemas desde hacía varios meses con algunos jóvenes estudiantes, por lo que estaba decidido a golpearlos para desquitarse de alguna mala jugada que le habrían hecho en el pasado.
“Yo sabía que él es una persona muy violenta y por eso siempre lo evitaba y no me gustaba salir con él, pero esa vez no sé en qué estaba pensando que se me ocurrió acompañarlo en el peor momento”.
El sujeto no tuvo miramientos con el joven estudiante ni con su novia, a quienes agredió físicamente armado con un gato hidráulico, y aprovechó su fuerza para azotar contra la pared y contra el suelo a sus víctimas, sin importar que entre ellas se encontrara una mujer.
Los gritos no se hicieron esperar, por lo que para el agresor fue fácil persuadir en sus compañeros para hacerlos cómplices del acto, “nos empezó a gritar y a amenazar a todos. Le quitó sus llaves del carro al chavo y lo subió todo descalabrado a la cajuela y a la chava la metió en el asiento de atrás. Después me amenazó con ir a hacerle daño a mi tía, porque sabe que casi todo el día se la pasa sola, porque yo estaba siempre trabajando”.
De esta manera Martha tomó el automóvil ajeno y siguiendo las instrucciones del individuo salió rumbo a la carretera 57, donde abandonaron a los jóvenes lastimados, mientras el agresor se dio a la fuga junto con los otros dos “amigos”.
“Yo estaba muy asustada por mi tía, entonces lo único que pude hacer es pararme en cada caseta de teléfono para llamarle a una ambulancia, porque el chavo se estaba desangrando. No sé ni en qué estaba pensando porque tenía mucho miedo. Sólo les dije que se cuidaran mucho, que la ambulancia ya casi llegaba y después me fui del lugar”.
Al paso de los días Martha decidió olvidar lo sucedido y no volvió a ver a “su compañero de fiesta”; sin embargo, luego de algunos meses llegaría el castigo por los hechos de ese día, cuando uno de los otros dos amigos decidió entregarse a las autoridades y confesar con detalle los hechos.
Desde entonces ella permanece en el Centro de Readaptación Social Femenil con una sentencia de 6 años con nueve meses por el delito de robo de vehículo, mientras que al agresor le adjudicaron una sentencia parecida al atribuírsele responsabilidad por las agresiones hacia los jóvenes estudiantes.
“A ellos los volví a ver en los juzgados y al parecer están bien de salud.
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