Arte

Publicado el martes, 6 de enero del 2026 a las 04:03
Madrid, Esp.- Los Reyes Magos de Oriente llevan siglos acudiendo a Belén a adorar al Niño y entregarle sus presentes y aún así, sus figuras y viajes siguen rodeados de misterio como demuestra un paseo por los cuadros del Museo del Prado.
A lo largo de la historia, Melchor, Gaspar y Baltasar a veces fueron considerados reyes, otras magos; Baltasar fue blanco, de tez oscura o negro africano, con coronas o turbantes, con séquitos de caballos o elefantes: ¿Quiénes eran?, ¿de dónde venían?, ¿cuánto tardaron en llegar?. Preguntas y más preguntas que el jefe de Contenidos Didácticos del museo, Fernando Pérez Suescun, un apasionado de los Reyes Magos, revela en un paseo con EFE por los cuadros de la Adoración.
No se sabe a ciencia cierta. Unas fuentes apócrifas dicen que eran 12 como los apóstoles o las tribus de Israel; otras que eran cuatro. Pero el Evangelio según San Mateo, el único que narra la adoración de los “magos de Oriente”, especifica que traen tres presentes -oro, incienso y mirra-, con lo que la tradición posterior determina que eran tres.
Y con la idea de que representan a toda la humanidad, son tres hombres de tres edades diferentes, anciano, maduro y joven, explica Pérez Suescun, quien detalla que “uno suele tener barba blanca y muy poblada, aunque a veces puede estar calvo; el segundo lleva una barba más recortada y el cabello más oscuro, y el tercero es siempre un joven imberbe”.
A principios de 1400 se les representa a todos blancos, como en el maravilloso Retablo del Arzobispo don Sancho de Rojas, pintado por Juan Rodríguez de Toledo hacia 1415 y, como siempre, con uno de los reyes arrodillado ante el Niño, con la cabeza descubierta y la corona en el suelo en señal de respeto y de que “ante el Niño, no soy rey; él es más importante que yo”.
Fra Angelico también pinta a los tres blancos, pero en el caso de Escenas de la Vida de la Virgen, el que se arrodilla es el joven, mientras los otros dos charlan animadamente a un lado, con sus coronas brillantes y ajustadas sobre sus cabezas.
Unos años más tarde, en 1445, el holandés Dirk Bouts pinta al más joven con la tez morena, rasgos asiáticos y un elegante tocado en vez de corona en el Tríptico con Escenas de la vida de la Virgen; cuadro del que surge otra duda:
La mayoría de los pintores muestran a los reyes llegando al portal y la tradición dice que lo hicieron el mismo día del nacimiento o poco después. Sin embargo, la adoración de Bouts tiene lugar con el niño ya algo más mayor y en el interior de una estancia en la que hay una mesa sobre la que dejan sus obsequios.
“
Otras fuentes aseguran que llegaron meses o incluso años más tarde, lo que explica que el rey Herodes ordenara matar a todos los niños menores de 2 años”, señala. “El evangelio árabe, que es uno de los apócrifos, dice que llegan a las pocas horas del nacimiento; el evangelio armenio asegura que llegaron a los tres días, tras nueve meses de viaje”.
De hecho, los artistas tampoco concuerdan sobre si la adoración tiene lugar de día o de noche y, aunque la mayoría lo pinta de día, en el barroco optan más por representarlo de noche, lo que les permite jugar con luces y sombras más dramáticas.
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