Coahuila
Hace 4 años
Todos y cada uno de los días de nuestras vidas tenemos frente a nosotr@s un caso de violencia de género, sea un detalle “mínimo” que no debe ser minimizado, así como ataques fatales como feminicidio, violación y agresiones sexuales, además de las otras violencias a las que se enfrentan las mujeres como la violencia sexual, sicológica, económica, emocional y patrimonial.
Y digo que estamos frente a escenarios de violencia cuando sabemos que un señor de nuestro trabajo maltrata verbalmente a su esposa frente a otras personas. Cuando un padre de familia regaña a sus hijas de una forma y a sus hijos de otra, o simplemente les deja ser por “ser hombres”. Cuando una adulta mayor vive resignada a una opresión porque esa es la vida que le tocó vivir.
Sean inflingidas y asumidas, con resignación o sin recursos y conocimiento para defenderse, las violencias en contra de las mujeres deben ser visibilizadas y denunciadas.
Si a nosotras nos toca ser la amiga que debe acompañar en esta situación a alguien que se ve envuelta en un caso de violencia de género, se debe actuar y acompañar. Lo idóneo sería propiciar la denuncia, pero estos son procesos que requieren un acompañamiento permanente y continuo, un compromiso por ayudar a quien vive esa violencia, a liberarse de ella de una manera lo más tersa posible.
¿Qué debemos hacer cuando una amiga o conocida nos comenta que vive bajo una situación de violencia?
Lo conducente es acompañar sin culpar, ni revictimizar. Hacerle entender a la víctima que a su tiempo y con sus recursos y el apoyo que le puedas brindar, pueden realizar el primer paso para alejar a la persona del agresor o tomar decisiones que impliquen su seguridad, en particular si ese es su deseo: la persona que es violentada debe ser ayudada a clarificar su situación y sentirse protegida.
Es necesario estar presente y tener una escucha activa, ser asertiva en cuanto al papel que jugamos al acompañar. Estamos para empatizar y comprender lo más posible.
Las víctimas de violencia se culpan a sí mismas también de ser las detonadoras de esas agresiones y es necesario eliminar esa carga, en particular si planteamos que esa es una situación de abuso de poder: sucede porque hay un temor y una situación de sometimiento. No es algo que la persona violentada haya provocado ni mucho menos lo merece.
En las cuestiones de violencia es urgente no ver el asunto en un esquema de absolutos: el acompañamiento no es para tomar decisiones extremas, en particular porque todas las víctimas, aún y con todos los recursos para abandonar el abuso, no pueden o quieren hacerlo por razones diversas. Muchas de ellas son respecto a los hijos e hijas y la situación económica.
Y uno de los abordajes más importantes es dejar en claro que en este acompañamiento con una víctima de violencia, es el de respetar sus decisiones. Sea una novia que no quiere abandonar al novio maltratador, una esposa que no puede ver a sus hijos tras el divorcio, una mujer que en el trabajo está siendo acosada, son escenarios complicados para la mayoría de las victimizadas. Es necesario respetar y escuchar las razones por las cuales cualquiera ha decidido permanecer en un entorno violento.
Estar, acompañar, escuchar y ser parte de este cambio que nos lleve combatir permanentemente la violencia en contra de las mujeres, es un trabajo de todas.
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